Casi 1.000 millones blindan a la plantilla del Athletic

La cláusula más baja de un rojiblanco la tiene Saborit (25 millones) y la más alta Laporte (65). La política del club pasará por elevarlas ante el acoso de los ricos

Sábado, 30 diciembre 2017, 00:52

Hace un par de días, el Liverpool anunció el fichaje del central del Southampton Virgil van Dijk y de paso le convirtió en el defensa más caro de la historia. Los ‘reds’ pagarán a los Saints la friolera de 85 millones de euros por este internacional holandés de 26 años, que deja en una anécdota los 58 millones abonados por el City al Mónaco por el zaguero Benjamin Mendy. El fútbol se mueve cada vez más en el terreno de la locura y el capricho y los clubes poderosos extienden cheques sin reparar en los ceros que acompañan sus compras. Ante este panorama de voracidad, que ya ha sufrido Ibaigane, el Athletic trata de atar a sus hombres clave con cláusulas importantes y contratos generosos que disuadan a los posibles interesados y también satisfagan el apetito de los propios jugadores. En estos momentos, la plantilla rojiblanca está blindada con 975 millones y las cláusulas van desde los 25 de Saborit hasta los 65 de Laporte.

La mayoría de los futbolistas que ahora trabajan a las órdenes de José Ángel Ziganda cuenta con unas protecciones considerables, pero ya nadie puede estar seguro de nada si a un rico se le antoja un jugador. En un contexto normal, los 50 millones que cuesta Iñaki Williams deberían ser más que suficientes para que los responsables del Athletic duerman tranquilos. Es una cantidad elevada, importante, aunque en el mercado suele pagarse con relativa facilidad. De ahí que los rectores de Ibaigane busquen reforzar sus líneas de contención con blindajes todavía más altos y disuasorios. En el caso del extremo bilbaíno, el club pretende encarecer su precio y enfriar así el interés de los posibles compradores. El acuerdo está muy próximo de cerrarse y todo hace pensar que la cláusula del interior crecerá y se asemejará a la de Laporte.

Este año ya se han pagado auténticas barbaridades por gente como Neymar (222 millones), Dembélé (105), Lukaku (85), Morata (80), Lacazette (53) y Kyle Walker (51), entre otros, y todo indica que esta tendencia alcista irá en aumento y penalizará a los clubes menos pudientes. El Athletic no es ni mucho menos ajeno a este fenómeno, ya que ha perdido así a Javi Martínez y a Ander Herrera, por los que el Bayern de Múnich y el Manchester United pagaron 40 y 36 millones, respectivamente. Y eso fue hace unos años, porque ahora el apetito es mayor y los más poderosos de Europa cruzan líneas que no hace tanto eran inimaginables. El PSG rompió el mercado y la lógica con Neymar, y todo el mundo da por hecho que en el próximo mercado de verano se verán casos similares.

Armas defensivas

En este escenario, ¿qué puede hacer el Athletic? En realidad, muy poco. El club hizo un enorme esfuerzo con Laporte y le convirtió en el futbolista mejor pagado de la plantilla cuando tenía todo hecho con el City. A cambio, le fijó una cláusula de 65 millones que en seis meses se convertirán en 70. Y básicamente esta será la política que quiere seguir Ibaigane, siempre y cuando no comprometa su salud financiera en forma de contratos desorbitados y fichas insostenibles. Llegar a acuerdos que respeten los intereses de la institución y también de los jugadores se antoja fundamental para espantar a los futuros compradores y evitar tentaciones. Como la de Kepa, quien no termina de renovar y podría acabar en el Real Madrid por 20 millones o incluso gratis si la operación se concreta en verano.

Más allá del portero, y con Williams a punto de firmar, el Athletic tiene los deberes bastante bien hechos. Laporte acaba contrato en 2020, al igual que Beñat y San José, Yeray termina en 2022 y Núñez en 2023. El resto de los hombres clave -Aduriz, Susaeta, Muniain, Raúl García, De Marcos e Iturraspe, entre otros- finaliza en 2019 y las cláusulas van de 40 a 45 millones. En cuanto a los jóvenes como el propio Núñez y Córdoba, su libertad vale 30 ‘kilos’. Evidentemente, lo ideal sería fijar blindajes desorbitados que cortasen de raíz cualquier posibilidad de salida. Pero ahí entra en juego el futbolista, que casi siempre pide un blindaje «de mercado» y en consonancia con su sueldo.

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