¿2018, año electoral en el Athletic?

Josu Urrutia, en la rueda de prensa ofrecida en Ibaigane a finales de octubre./Luis Ángel Gómez
Josu Urrutia, en la rueda de prensa ofrecida en Ibaigane a finales de octubre. / Luis Ángel Gómez

A 15 meses de que expire su segundo mandato, a día de hoy el presidente del Athletic no tiene previsto presentarse a la reelección y medita adelantar los comicios

Juanma Mallo
JUANMA MALLO

«No me voy a aferrar a ninguna silla», comentó Josu Urrutia en la última rueda de prensa capitalizada por el 'caso Kepa'. El presidente del Athletic respondió de esta manera a la cuestión de si tiene pensado presentarse a la reelección en unos comicios que, de cumplirse el calendario electoral, deberían celebrarse en marzo de 2019. Quedan 15 meses para que expire su mandato y, según ha podido saber EL CORREO, a día de hoy no tiene ninguna intención de saltar por tercera vez a la arena electoral. Es más, fuentes de su entorno no descartan que adelante la cita con las urnas al presente año, aunque no se atreven a fijar una fecha, para que no coincidan en el tiempo con las elecciones municipales, previstas en mayo de 2019. Siempre que se ha podido producir esta situación son las formaciones políticas las que trasladan a Ibaigane la conveniencia de buscar períodos que no distraigan la importancia que para los partidos tienen las convocatorias con las urnas para gobernar los ayuntamientos vizcaínos y la Diputación.

Son varios los motivos que habrían conducido a Urrutia a no contemplar por ahora volver a pedir el voto a los socios del Athletic. Para empezar, considera que ha cumplido la mayoría de los objetivos con los que accedió a la presidencia: reconducir la situación deportiva y económica del club, al que en ambos apartados ha llegado a situar en niveles de éxito impensables hace no muchos años.

En segundo lugar, y no por ello menos importante porque casi siempre ha sido garantía de éxito, ya no goza del respaldo del PNV, que en la cita en la que tumbó a su oponente Fernando García Macua movilizó a sus bases y puso toda su maquinaria electoral al servicio del hoy máximo dirigente. También hubiera estado a su disposición la formación nacionalista de haber encontrado rival en las elecciones de 2015, en las que fue proclamado presidente sin necesidad acudir a las urnas. Las relaciones de Urrutia con el grupo jeltzale han atravesado diferentes fases. Al 'romance' inicial le siguió un distanciamiento progresivo fruto de su aislamiento y el enrocamiento en unas fórmulas de gestión social y deportiva apenas compartidas por un sector cada vez más reducido de su junta directiva que hoy ejerce de coraza. Para la ruptura definitiva solo hizo falta que el deustoarra se sintiera abandonado por las autoridades locales cuando el club decidió no celebrar con la gabarra el triunfo en la Liga del Athletic femenino, pese que desde ciertos grupos se reclamara ese gesto con las mujeres futbolistas.

Ha sufrido decepciones

El excentrocampista aprovechó las recepciones en el Ayuntamiento y la Diputación para, en presencia de sus máximos representantes, arremeter sin contemplaciones contra ellos por lo que él entendía como un interés repentino y falso por el deporte femenino. Aquel día, dirigentes políticos, también del PNV, censuraron en privado su «altanería» y «falta de respeto» hacia el alcalde de Bilbao y el diputado general de Bizkaia, que le abrieron las puertas de ambas instituciones para festejar el éxito de las jugadoras de Joseba Agirre.

A todo ello hay que añadir el enorme desgaste personal que ha supuesto para el exfutbolista de Deusto llevar dos legislaturas al frente de una institución tan enraizada en la sociedad vizcaína como el Athletic, siempre en el escaparate de las críticas, algo que Urrutia ha interpretado de forma equivocada como un ataque personal y contra la institución. Ambas percepciones eran compartidas hasta no hace mucho por la mayoría de los miembros de su equipo de trabajo y eso le hacía sentir que le acompaña la razón.

Las elecciones

2019
es el año en el que deberían convocarse los comicios al sillón de Ibaigane. Serían, de cumplirse los plazos marcados en los estatutos del club, en el mes de marzo. Sin embargo, Josu Urrutia medita adelantar la cita con las urnas.
Sin rival
La segunda legislatura del deustoarra arrancó en 2015. Los socios no tuvieron que acudir a votar ya que solo se presentó Urrutia. Justificó el máximo dirigente que fueran en marzo porque, de esta manera, el ganador tendría tiempo más que suficiente para preparar la siguiente temporada.
Últimas citas
Aurtenetxe ganó en 1982. Lertxundi fue el que obtuvo más votos en 1990 y Arrate en 1994. Uria logró más apoyos en 2001, Lamikiz en 2004, Macua en 2007 y Urrutia en 2011.

En el largo camino desde aquel ya lejano 2011, cuando su contundente victoria fue jaleada por sus seguidores en los jardines de Ibaigane al grito de 'gure estiloa', Urrutia también ha sufrido decepciones: que su amigo Ernesto Valverde aceptara la propuesta del Barça y no le acompañara en el último tramo de su aventura fue para el presidente un «fracaso» más personal que deportivo. En junio de 2015, fue otro amigo íntimo, Aitor Larrazabal, quien se sintió desautorizado en su labor de coordinador de Lezama y abandonó la nave a la que llegó con el capitán en 2011. La marcha del club de futbolistas estratégicos cono Herrera, Llorente, Javi Martínez y Amorebieta ha dejado también una huella que podría ser aún más profunda si finalmente en los próximos días se confirma la salida de Kepa rumbo al Madrid. El adiós del portero de Ondarroa, euskaldun, en Lezama desde los nueve años, supondría un duro golpe a la línea de flotación del trabajo en la factoría vízcaína y la política de cantera, basada en la transmisión generacional de un sentimiento de identidad y pertenencia que hace diferente a la institución vizcaína del resto de equipos.

Con una junta sumamente fiel a su presidente, Urrutia tiene depositada su máxima confianza en un reducido grupo de directivos en el que destacan tres figuras: Silvia Muriel, su mano derecha con un enorme poder en la toma de decisiones, Jokin Garatea y el director general, Jon Berasategi, su principal apoyo en las negociaciones de cierto calado. Rodeado de todos ellos, el deustoarra afronta el que puede ser su último año al frente del club con un proyecto que, en su opinión, tiene plena vigencia, como demuestran las cuatro finales disputadas, un título y cinco participaciones seguidas en Europa, y el estado saneado de las cuentas del club, con 137 millones de euros de superávit.

Aunque, en el lado negativo, haya tenido que pagar un caro peaje en forma de fuga de futbolistas cuando han tenido una oferta sobre la mesa, cierta oposición en un sector de la masa social que se ha hecho visible en su segunda legislatura y una trayectoria deportiva que en los últimos meses ha quitado el sueño al universo rojiblanco.

Colocar en una balanza

El exfutbolista ha colocado en una balanza todas estas circunstancias y, a día de hoy, tiene decidido no volver a concurrir a unas elecciones que, casi con total seguridad, adelantará para no solaparse con los meses previos a las municipales de mayo de 2019. Sin embargo, no existe una fecha clara para que se produzca esta convocatoria. En 2015, justificó que fuera en marzo porque la persona que accediera al sillón de Alameda Mazarredo tendría «tiempo suficiente» para tomar decisiones y planificar la siguiente temporada. Una vez que la sombra de las elecciones aparece, aunque aún distorsionada, en el horizonte rojiblanco comienzan a aflorar movimientos todavía incipientes que aguardan en silencio a conocer las intenciones de Urrutia antes de dar un paso adelante.

Uno de ellos surgiría del seno de la propia junta. Se trataría siempre de una candidatura continuista encabezada por directivos de peso, pero nadie se atreve aún a ponerle nombre y apellidos. Guardan bajo siete llaves el secreto de sus intenciones.

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