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Un héroe silencioso

Iribar. El portero adusto. La sobriedad. Alto. Recto. Enjuto. Sencillo. Austero. Ni un aspaviento. Nada de sobreactuaciones

El Chopo atrapa un balón en la final de la Copa de 1966 ante el Zaragoza. /EFE
El Chopo atrapa un balón en la final de la Copa de 1966 ante el Zaragoza. / EFE
ÓSCAR CAMPILLO

La emoción me inundó los ojos.Ocurrió en mi regreso a Lezama en mi etapa como director de Marca, durante un viaje a Bilbao y a Ibaigane con Santi Segurola. 2013. Unos años antes, en la primavera de 2011, había llegado a la dirección del diario más leído de España y había descubierto estupefacto algunas ausencias clamorosas en la relación de los deportistas distinguidos con el Marca Leyenda. Entre otras, brillaba especialmente la de José Ángel Iríbar. El Chopo.

Segurola y yo nos desplazamos a Bilbao para confirmar la complicidad del Athletic y visitamos Lezama con el presidente, Josu Urrutia. Entonces, apenas entramos en las instalaciones recordé y reviví una inolvidable experiencia de mucho tiempo antes, una mañana cualquiera, supongo que de sábado, probablemente en la temporada 1974-1975. Los Paulinos de Zalla jugábamos allí y pudimos ver los últimos minutos del entrenamiento del primer equipo.

Cielo santo… Dani, era Dani!! Txetxu Rojo!! Y sobre todo y por encima de todos: Iribar. Cuantas veces relaté esta anécdota en el pasado, conté que el mismísimo Chopo me premió con una carantoña en la cabeza al abandonar el campo de entrenamiento. Una fugaz caricia que recuerdo siempre como un instante conmovedor, excitante, sobrecogedor. ¿Lo habré soñado?, me he preguntado también algunas veces. No, no, ni hablar, me respondí siempre. Pasó y me tocó.

Seguro que también se lo conté a él una o varias veces. En la entrega del ‘Marca Leyenda’ o en algún encuentro casual en cualquier estadio a los que acude como representante del Athletic. Bien presente estaba dentro de mí aquel segundo resplandeciente cuando el 11 de abril de 2014 saldamos la deuda con la legendaria trayectoria deportiva de Iribar.

Luego el trauma, aquel penalti maldito de la dramática final de la primera Copa del Rey. Sábado, 25 de junio de 1977. Empate a uno en los 90 minutos. Empate a dos en la prórroga. Empate en la primera tanda de penaltis. 4-3 a favor del Betis a falta del lanzamiento de Iribar. Paradinha del Chopo y se acabó. Esnaola detiene el penalti y el Betis es campeón. La pena más grande. El dolor.

Las playas de Zarautz. San Mamés. La selección. Llegó y se retiró como era, como es, sigilosamente. El futbolista que más partidos ha disputado con la camiseta del Athletic. Las interminables y acaloradas discusiones sobre quién era mejor, Lev Yashin, la Araña negra, o el Chopo, tan Araña negra y sobrenatural como el ruso. Aquella mítica Eurocopa de 1964 con ambos guardametas bajo los palos de sus respectivas selecciones en la final jugada en el Bernabéu. Una huella imborrable. Un suplicio para los rivales. Memorables e increíbles recitales de paradas. Esa descomunal capacidad para detener o despejar balones imposibles que asombró a propios y extraños.

Iribar. El portero adusto. La sobriedad. Alto. Recto. Enjuto. Sencillo. Austero. Ni un aspaviento. Nada de sobreactuaciones. El teatro en el teatro. El circo en el circo. Imponente. La dignidad en el fútbol en palabras de Segurola. Discreto. Circunspecto. Serio. Imperturbable. Concentrado. Impasible. Will Kane (Gary Cooper) en ‘Sólo ante el peligro’. Le quiso el Real Madrid y prefirió el Athletic. Había cumplido su sueño. Un héroe silencioso.

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