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Iribar: «Hay que huir de los pesimistas como de la peste»

El Chopo, en un momento de la entrevista, en los campos de entrenamiento del Athletic en Lezama./Ignacio Pérez
El Chopo, en un momento de la entrevista, en los campos de entrenamiento del Athletic en Lezama. / Ignacio Pérez
Iribar cumple 75 años

«Cuando llegué al Athletic percibí una determinada forma de ver las cosas. La gente te transmitía en la calle la idea de 'esto lo vamos a sacar adelante'»

Javier Muñoz
JAVIER MUÑOZ

Estrechar la mano del Chopo es una experiencia. Quienes lo tuvieron de capitán aseguran que posee unas manos extraordinarias, finas, delicadas como los guantes de Gordon Banks que buscaba en las tiendas de deporte inglesas. José Ángel Iribar llega a su cita en Lezama totalmente de negro, como Edmundo, el portero del Club Deportivo Zarauz que le hizo soñar en la adolescencia y del que recuerda que era parco como él. Aquel guardameta de Tercera le inspiró la sencillez con la que Iribar desarmaría a sus rivales. «Jugadores importantes me lo reconocieron después», dice.

– ¿Cómo resume su trayectoria en el Athletic, que abarca casi la mitad de la historia club?

– Pienso en la suerte que he tenido. Fiché por el Basconia y todo fue rodado. Hubo momentos que me ayudaron a hacer una carrera a mi gusto, y espero que al gusto de la afición.

– Llegó a figura muy joven. En tres años pasa al Basconia (1961), debuta en el Athletic (1962) y se proclama campeón de Europa con la selección (1964). ¿Como se vive tanto en tan poco tiempo?

– Con mucha felicidad (risas). Tampoco profundizas, las cosas te vienen dadas. En el Basconia me di a conocer en una eliminatoria de Copa contra el Atlético. Era el vigente campeón y lo eliminamos. Luego coincide que Villalonga está de seleccionador y que se pide un cambio generacional. Me lleva, le gusto y empiezo a jugar pronto.

– ¿No tuvo la tentación de subirse a la 'nube'?

– No, no, pero iba ganando en autoestima, me iba dando cuenta de que podía. Porque el primer año del Athletic jugué poco. Estaba Carmelo y salí de titular los dos últimos partidos de Liga. Contra el Betis perdimos 3-2 allí, y luego vino el Real Madrid de Di Stefano a San Mamés y fue un 0-1. Pero me dí a conocer en La Catedral, le cogí la medida al entrenamiento y a la competición. Al año siguiente exploté.

Y además...

– En su primer partido con el Madrid, Puskas le batió de penalti. Pero usted se le acercó antes para pedirle que tirara el balón fuera. La grada estaba soliviantada.

– Ese día Gento no jugó. Hubo una zancadilla de Orue a Manolín Bueno, pero a un metro del área. Estaba clarísimo. Le dije a Puskas que si marcaba no salíamos de allí.

– Pero su respuesta fue: 'Sí, sí, hijo p....'.

–Y me la clavó. Lo comenté después con Amancio. '¿Ése de qué va?'. Y me dice: 'No te preocupes. A todos nos saluda igual'. Aquellas palabras habían sido lo primero que Puskas aprendió.

–¿Tanto valor tenía, siendo un novato, para retar a una estrella a fallar una pena máxima?

– No lo sé. He sido muy tímido fuera de los terrenos de juego, pero dentro me transformaba. Le tenía respeto, pero no me impresionaba tanto como para no dirigirme a él. Le hablé como si le conociera de toda la vida, con naturalidad.

– ¿Cómo reacciona cuando lo reconocen por la calle como un mito del Athletic?

–Pues igual, con naturalidad. Intento ser cercano, atender a la gente.

– ¿Qué le comentan los aficionados?

– Muchos, que guardan un buen recuerdo de haberme visto jugar. Preguntan de todo, el aspecto deportivo, y del económico también. 'Ay, lo que habrías ganado ahora', me dicen. Pero yo relativizo.

'Full time'

– Otros tiempos, ni mejores ni peores.

– Cada época hay que vivirla. Supongo que los que estaban detrás de nosotros también pensaban en lo que ganábamos. Es cierto que hoy se ha producido un salto cualitativo. Pero lo importante es que los nuestros cotizan aquí.

–¿Sigue de cerca el día a día de la primera plantilla del Athletic? ¿Siente la pasión de la competición?

–Tengo ese gusanillo, es cierto. Llevo las alegrías, y las penas también. Estoy mucho con el cuerpo técnico y los jugadores. Observas el ambiente, cómo está uno, cómo está otro. Lo vivo, y normalmente asisto a todos los partidos. Acompaño al equipo y sigo teniendo esa sensación de antes de que empiece el juego.

Perfil

José Ángel Iribar Kortajarena
Portero
Zarautz
1/3/1943
Trayectoria deportiva
Empezó en los juveniles del Club Deportivo Zarauz. De allí fichó por el Basconia, el que compitió la temporada 61/62. El Athletic se lo lleva y debuta en septiembre de 1962, en Liga frente al Málaga, sustiyendo a Carmelo. En la selección debutó en 1964, año que ganó la Eurocopa Militó 18 temporadas en Athletic, hasta la 79/80. Ganó las Copas de 1969 y 1973, y perdió las finales de 1966 y 1977. Disputó 614 partidos con el Athletic y 10 con la selección.

– ¿Últimamente su trabajo en el club es casi más interno que hacia el exterior?

– De cara al exterior también. Es 'full time'. Con todo lo que toca al Athletic estoy encantado. Las personas que se acercan, las peñas... Vamos a celebrar los 25 años de una de ellas en Zafra (Badajoz). El partido de Liga contra el Sevilla es el sábado (en el Sánchez Pizjuán), y el viernes estaremos allí.

– ¿Cómo le acogen los peñistas?

– Muy bien; sobre todo, los veteranos. Y los críos están atentos a lo que les dicen los aitites y sus padres.

– ¿Cómo interviene, si es que lo hace, cuando la marcha del Athletic suscita dudas o controversia, por ejemplo ahora? ¿Apacigua, atempera?

– Intento crear optimismo. Hay que ser optimista hasta en los peores momentos. Debes levantar el estado de ánimo.

– Los pesimistas sólo pueden jactarse de acertar, magro consuelo.

– Huyo de los pesimistas como de la peste. Hay que huir de ellos. Los hay que ven el vaso medio vacío, pero yo lo veo medio lleno. El optimismo ha sido importantísimo para mí. Lo conocí al venir aquí (al Basconia y el Athletic). Me transformé en ese carácter que es muy bilbaíno o vizcaíno, por decirlo así.

–¿Cómo se convirtió un muchacho de Zarautz en uno de Bilbao?

– Percibí una determinada forma de ver las cosas. Hablabas con la gente y en el contacto cercano de la calle te transmitían la idea de ‘esto lo vamos a sacar adelante’. Piensa en los problemas que había entonces; laborales, de crisis. Sigue habiéndolos, pero de otra forma.

–¿Aprecia hoy menos optimismo?

– En este momento, quizá, pero hay que cambiar eso.

– Cómo jugador, ¿cuántas veces el Athletic puso a prueba su temple?

– En mi época atravesamos momentos difíciles. Pasabas de luchar muy arriba, incluso para ganar ligas, a verte a los dos o tres años con problemas para mantener la categoría. No fueron demasiadas ocasiones, pero sí algunas. Hay que tener la cabeza fría y el ánimo alto, y no porque sí. Estamos en un club que en esas circunstancias está a la altura, y lo ha demostrado por activa y por pasiva. Lo saca todo adelante porque tiene una mentalidad muy definida en su diferencia. Hace equipo.

–¿Recuerda algún consejo que le dio a usted algún veterano?

– Me acuerdo de Telmo Zarra y de los demás. Eran auténticos ganadores. Todos los años competían para ganar, pero sabían que cuando jugaban fuera tenían dificultades, les ponían en un brete. Estaban con nosotros.

– Zarra le marcó.

– Sí, y José Mari Orue y Piru Gainza. Han sido auténticos campeones en todo. Unos por unos motivos y otros por otros.

– A usted lo han descrito como un capitán próximo y generoso, pero ¿no tenía también sus prerrogativas como otras figuras rojiblancas?

–Disfrutaba de cierto privilegio con las botas. Cuando viajábamos a Barcelona, el jefe del material, Guillermo Perdiguero, me advertía: 'Ángel, las tienes un poco desgastadas'. Íbamos donde un zapatero que hacía unas botas a medida.

– ¿Cuál cree que fue su mayor virtud como guardameta? Aparte de esas botas, claro.

– Al principio yo no creía que era tan 'plaza-gizon' (un hombre que en momentos de incertidumbre responde a la presión). Me sorprendí a mí mismo.

– Para conseguir eso, ¿no hay que estar muy seguro de la valía de uno?

– Es como dices cuando estás en plenitud de forma, pero no siempre. Si sales de una lesión o en otras circunstancias, el estímulo puede actuar a la inversa. Algo así como 'no puedo quedar mal, no puedo hacer el ridículo'.

Araquistain y Yashin

– ¿Fue Iribar el más inflexible con Iribar?

– Hay que ser crítico con uno mismo y analizar, pero tampoco flagelarse. A algunos les diría: 'Para ya. Puedes hacer mejor las cosas, por eso estás aquí. Ten confianza, hombre'.

– ¿Qué futbolistas le han inspirado?

–Empecemos por el portero de mi pueblo. Edmundo. Me encantaba verle. Vestía todo de negro. Me parecía muy bueno. Con 13 y 14 años, cuando salías de la playa y te acercabas a la categoría juvenil, iba a los partidos del Club Deportivo Zarauz, que militaba en Tercera. Me fijaba en Edmundo, era muy sobrio.

– ¿Qué otros le impresionaron?

– Mi aita me hablaba de Zamora, y yo mismo empecé a ver en el NO-DO a Carmelo. También tenías a Araquistain. Eran jugadores que estaban cerca, a los que podías palpar. De los de fuera, Lev Yashin era mítico. Con lo poco que le podías ver en algún partido, uno que jugó contra Inglaterra, te decías: '¡Qué porterazo!'.

– Había televisión a cuentagotas.

– Me encantaba ir (a la barbería) a cortarme el pelo porque allí encontraba la prensa deportiva y las fotos. Esa foto que me hicieron a mí (se refiere a la del salto a la escuadra en Lezama), la había visto antes con un portero guipuzcoano de Deba, Berasaluze, del Alavés. Fue en un partido contra el Real Madrid.

– Antes de que inmortalizaran al Chopo, ¿resulta que él tenía a Berasaluze en la cabeza?

– Sí, sí, lo imaginé. Le daba vueltas. Me decía: ‘¡Cómo se puede volar tanto¡’.

– ¿Todo reside en dejar volar la imaginación y los recuerdos?

– Recuerdo a Di Stefano. Y me quedé con las ganas de haber jugado contra Pelé. En la Liga, los más incisivos fueron Amancio y Cruyff. A nivel internacional estaban Eusebio y George Best. Jugé un par de veces contra él. Era un gran regateador, daba gusto verle. De los porteros, no puedo olvidar a Zoff, que llegó a los 40 o 41 años. Era digamos de mi estilo, sobrio.

–¿Quién es el mejor ahora?

– Me encanta Messi. Es el más completo de los que he visto. Te sorprende cada vez que juega. Quince años en Primera, el mayor valor de un deportista.

–¿Le sorprende la longevidad de Aduriz?

– Dice mucho en su favor, sobre su progresión, su ambición, sobre la forma en que se cuida. Pero acordémonos de Piru Gainza. Estuvo 21 años jugando, hasta los 36. Y en el 58 ganó la Copa. Era un ‘crack’.

– Sería un optimista.

– Es importante. Yo me retiré cuando dejé de serlo, cuando ví que podía decepcionar. Me veía limitado por una lesión de espalda. Me ofrecieron seguir, pero dije que no. Si no te ves, alargarlo es un error, una mala decisión.

75 cumpleaños de Iribar

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