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Iribar es el Athletic

El Chopo representa lo que siempre quisimos que fuera este club y quién sabe si podrá seguir siéndolo

Superior Iribar se hace con un balón por alto en un duelo ante el Madrid./EFE
Superior Iribar se hace con un balón por alto en un duelo ante el Madrid. / EFE
JON AGIRIANO

Mientras se deshojaba la margarita del caso Kepa, ya en los últimos días, cuando todo parecía decidido y la marcha del portero de Ondarroa al Real Madrid se daba por segura, trascendió que Iribar se había reunido con él. Nadie lo confirmó ni lo desmintió, de manera que lo dimos por bueno y lo interpretamos como un último intento desesperado del club para intentar convencer al jugador. A falta de mejores argumentos, el Athletic recurría a su último recurso, a su gran leyenda. He fantaseado un poco con ese encuentro, que en realidad no fueron uno sino varios, como luego he podido saber. Tuvo que ser inevitable que Iribar volviera a sentirse reflejado en aquel chaval: un chico euskaldun de pueblo costero, alto, serio, formal y extremadamente competitivo. Lo que él era cuando fichó por el Athletic y su vida cambió para siempre. También había diferencias, por supuesto. Cómo no haberlas entre un chaval nacido en la postguerra que pisó por primera vez Bizkaia cuando fue a hacer una prueba con el Basconia y otro nacido en 1994 que, a los doce años, ya era la perla de Lezama. Ahora bien, la gran diferencia latente era otra. No estaba en ellos, sino en el Athletic, en lo que el club bilbaíno suponía para una joven promesa del fútbol vasco a principios de los sesenta y lo que supone ahora, más de medio siglo después.

Todo ha cambiado tanto que hasta la propia figura del Chopo, manteniendo su sustancia esencial, se ha ido adaptando a los tiempos. Ahora ejerce de embajador del Athletic. Digámoslo así. La verdad es que no sé cuál es el nombre de su cargo, ni falta que hace. Todos nos entendemos. Se cuenta que Santiago Bernabéu llamó un día a Paco Gento y le informó de que al día siguiente empezaba a trabajar en el club. La 'galerna del Cantábrico' se extrañó y le preguntó a su presidente de qué podía trabajar alguien como él tras colgar las botas. «Usted trabajará de Gento», le contestó Bernabéu. Pues eso. Los grandes mitos tienen la prerrogativa de trabajar de sí mismos. Y su éxito profesional consiste, precisamente, en que ese mito se mantenga intacto, limpio y vigente, que no sufra erosiones ni menoscabos. En este sentido, el éxito de Iribar ha sido absoluto en los últimos trece años, desde que, en 2005, dejó Lezama y entró en el palacio de Ibaigane. De hecho, se ha ido haciendo cada vez más grande.

1. ¿Penalti? Amancio ha confesado que se tiró en este duelo de Liga en 1968. 2. Bienvenido. El Chopo estrecha la mano de Pavic, su nuevo entrenador. 3. Cara a cara. Dos mitos. Iribar y Cruyff se saludan antes de un Barça-Athletic.

Entre los aficionados del Athletic pueden distinguirse tres perspectivas diferentes, en función de la edad, a la hora de observar la gran figura del Chopo. Este tipo de taxonomías siempre son algo imprecisas y, por tanto, arriesgadas, pero con un poco de buena voluntad pueden aceptarse. En primer lugar están los mayores de sesenta años, que son los que le vieron jugar durante toda su carrera y tienen una idea muy cabal de lo que fue y representó como portero del Athletic durante 18 temporadas, entre 1962 y 1980. Son los que recuerdan incluso sus fallos, aquellos con los que le hacía bromas su amigo Txutxi Aranguren. Estos veteranos pueden dar fe de los primeros pasos de Iribar tras sustituir a Carmelo y disfrutan de un privilegio añadido, el que supone haber vivido en directo su eclosión.

Cojonudo

Y es que sus primeros años, tras hacerse con el puesto después de una temporada como suplente, fueron formidables. De hecho, dos años después de su debut en La Rosaleda, el mismo día que Fidel Uriarte, ya era el portero de la selección, con la que ganó el Europeo de 1964. Su conversión en ídolo absoluto rojiblanco tardó un poco más. Tuvo lugar el 29 de mayo de 1966 cuando sucedió lo nunca visto. Tras perder una final de Copa, los hinchas rojiblancos sacaron a hombros a su portero y le pusieron una txapela para agradecerle su actuación y rendirle pleitesía. Como ya es sabido - qué no se sabe a estas alturas de José Ángel Iribar Kortajarena -, aquel día, ante el Zaragoza, nació el cántico que ha quedado para la historia: «Iribar, Iribar es cojonudo, como Iribar no hay ninguno». Por cierto, la figura del Chopo, su soberbia sombra alargada, colonizó ese adjetivo con una fuerza desconocida. Cojonudo, de hecho, fue durante años en Bizkaia una palabra que solo podía aplicarse con propiedad, sin temor a parecer malhablado o procaz, si servía para calificar a Iribar. No me extrañaría que, hasta en las rogativas a la Virgen de Begoña que se hicieron cuando tuvo las fiebres tifoideas, algunas beatas muy rojiblancas pidieran a la amatxo «por aquel chico cojonudo».

La segunda perspectiva de Iribar es la de aquellos que estamos en la cincuentena o a punto de ingresar en ella. Es la nuestra, quizá, la visión más rica. Y lo es, precisamente, porque sus contornos se han diluido un poco y las deficiencias de la memoria las hemos corregido con la imaginación. Nuestra contribución a la forja del mito es indiscutible y el propio Iribar lo ha reconocido. Al fin y al cabo, el Chopo también fue un niño que creció mitificando a los ídolos de su padre, a Zamora, Joe Louis o Zatopek, cuyas fotografías tenía pegadas en una caja de herramientas. Lo cierto es que no ha sido nada difícil esa mitificación porque la figura del portero de Zarautz -alta, recta y negra- resultaba imponente. Más que su sobriedad y elegancia, más que sus estiradas fascinantes, su colocación o sus irrepetibles saques con la mano, lo que nos fascinaba de Iribar era la autoridad majestuosa que emanaba. Escribí una vez que si, durante un partido, se hubiese quedado quieto en la media luna del área y hubiese alzado un báculo, como Moisés en el mar Rojo, los niños de mi generación hubiéramos creído que el césped de San Mamés iba a separarse en dos partes.

1. Equipo de lujo. Dani, Irureta, Carlos, Churruca, Rojo, Villar, Alexanco, Guisasola... 2. Compañeros y amigos. El Chopo e Iñaki Saéz, en La Catedral. 3. Con barba. Durante el homenaje de despedida en mayo de 1980.

Llegamos así a la tercera perspectiva, que es la de aquellos que nunca le vieron jugar o no lo recuerdan porque en 1980, cuando se retiró, eran todavía muy niños. Hoy por hoy, son mayoría entre la masa social del Athletic. Para ellos, muchos de los cuales tampoco pudieron disfrutar de los títulos que llegaron tres años después y no han visto nunca ganar nada al Athletic -la única excepción sería la Supercopa de 2015-, Iribar viene a ser un tótem viviente, el gran depositario de los valores históricos del club de los que tanto les han hablado sus padres.

Euskadi. Iribar fue el capitán de una gran selección vasca.
Euskadi. Iribar fue el capitán de una gran selección vasca.

De ahí que el Chopo sea para ellos un personaje sagrado -hay peñistas que se le han puesto de rodillas al verle-, y les provoque un efecto unánime de veneración. Lo cierto es que nunca ha dejado de provocarlo. Sólo en los años posteriores a su retirada, cuando salió del club, los negocios no le fueron bien y su vinculación a la izquierda abertzale en unos años de plomo decepcionó a muchos de sus seguidores, se resquebrajó algo esa adoración. Pero luego todo volvió a su cauce en los sentimientos de una afición que, a medida que iban pasando los años, cada vez ha ido sintiendo más nostalgia y agradecimiento por los futbolistas que les hicieron felices.

1. En Lezama. Las estiradas durante los entrenamientos era una imagen habitual. 2. 1999. Iribar, en la presentación de la plantilla en San Mamés. 3. En 1994. Iribar, en el balcón del Arriaga, en el año que fue pregonero.

Una moral

Esta felicidad no tiene que ver con los títulos sino con una actitud que se echa de menos. Hace ya ocho años, en la entrevista que Iribar nos concedió para la serie 'Los inolvidables', charlamos sobre ello. Acabábamos de hablar de sus dos títulos de Copa en 1969 y 1973; de la ikurriña en Atotxa; de la dolorosa final de la UEFA ante la Juventus; del penalti fallado ante Esnaola; de la amistad para toda la vida que hicieron aquellos futbolistas de los años sesenta y principios de los setenta (Koldo, Txetxu, Fidel, Sáez, Aranguren, Koldobi, Larrauri y tantos otros); de las grandes sagas de arqueros del Athletic y la leyenda de la portería de San Mamés; de sus apuros como entrenador del primer equipo en el play-off de descenso en 1987... Y entonces Miguel González San Martín y quien esto firma le preguntamos por el espíritu del Athletic, por esos valores que dan sentido y dimensión a la filosofía del club. Transcribo una parte de aquel diálogo.

1. Selección. Con Churruca, Kubala y Quini en una concentración. 2. Campeones. Once titular de España que ganó el Europeo de 1964. 3. 50 años. Homenaje de los porteros en las bodas de oro de su debut.

- Hablaba antes de referencias para los chavales. Ustedes lo eran también por su forma de comportarse en el campo. Siempre tuvieron un concepto muy alto del juego. No querían trampas, ni picaresca.

- «Eso lo mamamos en el vestuario. Nosotros teníamos un estilo que era también una moral. Siempre quisimos ser ejemplares. Hay una anécdota que a mí de chaval me dejó una impronta enorme. La escuché en la radio. Fue cuando Telmo Zarra, en Málaga, con toda la portería vacía, tiró el balón fuera porque, sin querer, había golpeado al portero al regatearle y le había lesionado. A mí ese concepto de nobleza se me quedó grabado.

- Ahora al que hace eso le llamarían tonto, como mínimo.

- Son otros tiempos. Nosotros íbamos siempre a pecho descubierto, a jugar sin trampas ni chorradas. Además, nunca hemos sabido hacer eso. Alguna vez alguno intentaba alguna cosa y enseguida quedaba en evidencia. «¡ Pero tú qué andas!», le decíamos.

- ¿Cree que esa actitud se mantiene ahora?

- ¿Me permitís que no conteste a esta pregunta?

Al leer esto ahora, entiendes muchas cosas. Iribar no es que fuera un portero cojonudo, uno de los mejores que ha dado el fútbol. Eso no deja de ser una evidencia. Iribar es el Athletic. Lo que siempre quisimos que fuera este club y quién sabe si podrá seguir siéndolo en estos nuevo tiempos. No sé de qué hablaría con Kepa - esas cosas son privadas -, pero imagino que quiso convencerle de que el Athletic le podría hacer tan feliz como a él.

75 cumpleaños de Iribar

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