Adiós de Ziganda: cuando el sueño se convirtió en pesadilla

Ziganda, en Lezama./Manu Cecilio
Ziganda, en Lezama. / Manu Cecilio

El navarro asumió el banquillo rojiblanco como la culminación de su carrera. Los resultados, el mal juego y la tensión con los jugadores han dado al traste con su periplo como entrenador del Athletic

Jon Garay
JON GARAY

«Me siento el hombre más feliz y afortunado del mundo. Los que me conocen saben de mi ilusión por entrenar en un club como el Athletic, que venero y con el que me identifico con el 100% de sus valores». Estas fueron las palabras de 'Cuco' Ziganda en su presentación como entrenador del Athletic. Era el 25 de mayo de 2017. Hoy, casi un año después, se ha oficializado su adiós. Lo que hace doce meses era un sueño, el del hombre que llegaba al banquillo del equipo en el que se convirtió en ídolo sobre el césped, se ha tornado en una pesadilla que ha culminado en su despedida tras un temporada que no puede calificarse sino de nefasta.

La llegada del navarro a la dirección técnica del Athletic se vio como una transición lógica tras la decisión de Valverde de poner punto y final a su segunda etapa en Bilbao. Surgió, como ahora, el nombre del argentino Berizzo, pero en general todo el entorno rojiblanco entendió la decisión de Urrutia de entregar las riendas a un técnico que llevaba seis años en el Bilbao Athletic. Era casi un premio a su fidelidad y paciencia. Su gran logro en esa etapa fue el ascenso a Segunda División en la temporada 2014-15, uno de los grandes objetivos del club para que sus promesas se fogueen en una categoría de gran competitividad y facilitar así el salto a la máxima categoría. Aunque este periplo solo duró una campaña, pocos culparon de ello a Ziganda, que vio cómo un equipo excesivamente tierno -por decisiones de José María Amorrortu, con quien mantuvo no pocas diferencias el navarro- fue incapaz de competir ante rivales mucho más curtidos.

Una vez nombrado máximo responsable del primer equipo, Ziganda tenía la misión de prolongar las buenas campañas realizadas con Valverde al mando, con quien las participaciones en Europa llegaron a ser moneda común y con quien se consiguió el primer título desde los años ochenta, la Supercopa de 2015. En aquella primera rueda de prensa inaugural, 'Cuco' hizo una declaración de intenciones que le ha perseguido durante todo el año. Fue cuando se le preguntó cuál era su ideal como entrenador, cómo era el equipo que quería desplegar ante el aficionado rojiblanco. «Un equipo agresivo, que va, que no especula y que cuando vienen mal dadas aprieta y se junta», dijo. Y continuó: «Todo lo que no mejora empeora».

El desastre del Formentera

Nada de eso se ha visto en los 52 partidos que ha dirigido hasta este momento, saldados con 17 victorias, 17 empates y 18 derrotas. Lo cierto es que, en cuanto a resultados, comenzó bien. Su primer reto fue superar la última fase previa de la Europa League. El rival, el Dinamo de Bucarest. Prueba superada. En Liga el arranque también fue bueno. Al empate inaugural frente al Getafe en San Mamés le siguieron dos victorias consecutivas. Los números no dejaban lugar a dudas: la nave avanzaba con el viento de cola. Pero el juego no indicaba lo mismo. Se ganaba, sí, pero no se convencía.

No era cuestión de poner en duda un proyecto que acababa de comenzar cuando lo más importante, los resultados, daban la razón al navarro. El problema era que esa esperada mejora no llegaba. Al contrario, el juego empeoraba a ojos vista y se asistió a espectáculos deplorables como la derrota en casa ante el desconocido Zorya ucraniano o el empate en Suecia ante el modesto Ostersunds que avasalló a los rojiblancos. El gran desastre llegó en la Copa del Rey. El Formentera, de Segunda B, apeó a los rojiblancos de su competición fetiche con un gol en San Mamés en el minuto 95. Un ridículo que quedará en la historia de los horrores del Athletic.

Mientras tanto, las cosas también se habían torcido en Liga, especialmente en San Mamés, donde el Athletic ofrecía una inoperancia que desesperaba a la afición. De hecho, pocas veces se ha visto una temporada peor en 'La Catedral'. De los 18 encuentros disputados en casa, solo se han obtenido seis victorias con ocho empates y cuatro derrotas. En todos ellos solo se han anotado 19 goles y se han encajado 17.

Europa se erigía así en la única tabla de salvación para una campaña que ya era evidente que se iba a pique. Se pasó la fase de grupos con más pena que gloria. En el cruce de dieciseisavos de final se superó al Spartak de Moscú gracias a un sorprendente ejercicio de efectividad en la capital rusa que invalidó la derrota encajada en la vuelta en Bilbao. El siguiente rival fue el Olympique de Marsella. Aquí ya no hubo color. Los franceses demostraron las limitaciones de los de Ziganda y se impusieron con claridad en los dos encuentros. Adiós a Europa.

Tensión con los jugadores

Uno de los grandes debes en la cuenta de 'Cuco' ha sido el rendimiento de los jugadores. Pocos han mejorado bajo sus órdenes. En sus propias palabras, solo Núñez, Córdoba -dos de sus grandes apuestas como entrenador- y Kepa han rendido a buen nivel. Ziganda ha pasado buena parte de la temporada asumiendo la responsabilidad del mal rumbo rojiblanco hasta que recientemente cargó contra la inmensa mayoría de la plantilla. Lo hizo hace apenas una semana, el pasado 4 de mayo, en la víspera de recibir al Betis. Fue en respuesta a unas declaraciones el día anterior de Mikel Rico, que aseguró que si bien la plantilla era en buena medida responsable de lo sucedido, el entrenador no había sabido sacar el 100% a sus futbolistas.

El resultado de todo este cócktel de malos resultados, pésimo juego y tensión con la plantilla ha sido una temporada para olvidar que ha convertido el sueño del navarro en una pesadilla. Ya lo dijo 'Cuco' en su presentación. «Todo lo que no mejora empeora». Así ha sido.

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