Una alarma en el banquillo

Echo de menos un dispositivo que recuerde al Athletic que no debe hacer lo que no sabe

Ziganda observa a la plantilla durante el Deportivo - Athletic del pasado domingo. /Manu Cecilio
Ziganda observa a la plantilla durante el Deportivo - Athletic del pasado domingo. / Manu Cecilio
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Como todas las familias infelices, la del Athletic tiene esta temporada un motivo especial para sentirse desgraciada. Lo suyo no es algo que pueda compararse con los líos en la casa de los Oblonsky, faltaría más, pero resulta muy cansado y provoca duras resacas en los días posteriores a los partidos. Ocurre que el equipo de Ziganda tiene una tendencia peligrosísima a hacer lo que no le conviene. Esto, que es algo que toleramos en los niños, resulta de lo más irritante en los mayores, es decir, en personas a quienes ya no parece lógico tener que advertirles que no metan los dedos en los enchufes.

Lo vivido en Riazor fue descorazonador en este sentido. Durante el primer cuarto de hora se vio al mejor Athletic de la temporada, un equipo dinámico, valiente y con criterio en el que era inevitable advertir el perfume de Bielsa y del primer Valverde. Iturraspe, Rico, Susaeta, De Marcos como media punta... Con buen criterio, Ziganda se había inspirado en el pasado en busca de un futuro. El despliegue del Athletic nos hacía disfrutar y ser optimistas. Pero todo se nubló de repente. Tras el 0-1, la posesión de los rojiblancos se desplomó. Adrián y Cartabia estuvieron a punto de empatar. Al final, por supuesto, terminarían logrando el 1-1. No había una sola causa que justificara el radical cambio de actitud de los rojiblancos. Se trató, sencillamente, de una reacción producto del miedo.

En esos momentos inquietantes, viendo la manera tan absurda en la que el Athletic se había puesto a jugar con fuego, eché de menos la existencia de una alarma en su banquillo. Y una bastante sonora, a medio camino entre la que suena en los parques de bomberos cuando les llega un aviso de incendio y la de los submarinos cuando empiezan a lanzarles cargas de profundidad. Hubiera sido muy importante para que los pupilos de Ziganda comprendieran el peligro que corrían y reaccionasen. La verdad es que esta idea no se me quitaba de la cabeza y ayer por la mañana seguía pensando en alarmas y hasta pasé un rato documentándome sobre ellas, desde la primera instalación que patentó en 1853 un inventor de Boston llamado Augustus Russell Pope, hasta la aparición de Edwin Holmes, un avispado comerciante que, en 1857, fundó la Holmes Electric Protection Company. Y no sólo eso. Camino del periódico, al paso de un vehículo de la Ertzaintza, pensé que sería muy interesante que 'Cuco' tuviera una de esas sirenas portátiles que los policías sacan de la guantera y colocan en el techo del coche cuando tienen prisa. Podría ponerla encima del banquillo y accionarla cuando intuyera un peligro inminente.

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Quizá a base de sirenazos, digo yo, se podría completar un experimento pavloviano a través del cual se lograse que el Athletic no volviera a caer en la tentación de cambiar bruscamente de perfil durante el partido. Y que nunca más pase de ser un equipo valiente cuando necesita marcar un gol a otro cobarde y timorato una vez que lo marca.

Si ese experimento no funciona, habrá que erradicar esa tentación letal de otra manera, a ser posible con buenos argumentos. Hay uno que el técnico de Larrainzar podría utilizar, apoyado en una larga historiografía rojiblanca. Es el que dice que el Athletic arriesga más cuando menos cree arriesgar, que corre mayor peligro cuando toma la decisión de no correr peligros. Esto puede parecer contradictorio, pero es pura lógica. Un equipo debe hacer lo que sabe y evitar lo que ignora. Su fuerza siempre serán sus virtudes y su debilidad, sus defectos. Y éstos, unas y otros, lo serán siempre, con independencia de cómo vaya el marcador.

Sí, sé que es fácil hablar de estas cosas y mucho más difícil frenar las fuertes inercias que se producen a veces en los equipos, sobre todo cuando están necesitados de puntos. Hace falta una gran personalidad para actuar como es debido y este Athletic, lo vimos en Riazor, todavía no la tiene. Ojalá la consiga y la muestren tanto 'Cuco' como sus jugadores. Y también muchos de sus aficionados, sobre todo los que nunca pierden; ya saben, aquellos a quienes les parece muy mal que el Athletic recule pero sólo si el rival le marca. Si tiene suerte y logra defender la ventaja como gato panza arriba es que ha sido muy inteligente.

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