Alergia a Madrid

Alergia a Madrid
Jon Rivas
JON RIVAS

Uno empieza a pensar que a nuestro presidente le sale un sarpullido cada vez que el calendario le recuerda que el Athletic tiene que jugar en Madrid. Entendámonos: no en el sur de Madrid, donde pastan Getafe y Leganés, sino la capital de la Comunidad, el Foro; el feudo de Manuela Carmena; la capital del Estado, que dicen los que prefieren no nombrar a España. La bota que nos aplasta, que diría Arzallus.

Por segundo año consecutivo, Urrutia delegó la representación en un subalterno en el primer partido de la historia del Athletic en el estadio Metropolitano -en este estadio Metropolitano, que ya hubo otro-, una efeméride significativa, como lo fue el último partido del Calderón, para el que el Atlético había pedido expresamente la presencia del club bilbaino. Aquella vez fue incluso más llamativo el asunto porque Urrutia envió a una delegación diplomática de tercera. Ayer al menos, fue el vicepresidente Corres.

Pero sucede lo mismo, desde 2015, cuando juega el Athletic en el Bernabéu. Tampoco viaja Urrutia, por esa fobia florentiniana que viene de las finales no jugadas en el coliseo blanco, que aunque en Ibaigane lo tomen como cuestión personal, tiene más que ver con el rival de esas finales, el Barcelona, que con el Athletic.

Así que deduzco que hay una especie de alergía que, curiosamente, no aparece contra el Barça por mucho que los culés chulearan al Athletic con el escenario de la última final de Copa que jugaron ambos. El centralismo debe tener mucho que ver en estas manías, esa ancestral fobia periférica a la sede de las instituciones y el poder del Estado (esta vez sí, Estado).

Lo peor es que esta particular alergia se contagia y los jugadores y su entrenador también se infectan. Ayer, como su presidente, Ziganda decidió enviar una representación futbolística de segundo nivel, abonada a la tan científica teoría de a verlas venir y que sea lo que Dios quiera. Está bien que Raúl García y Aduriz no pudieran jugar y tuvieran que hacerlo otros jugadores menos experimentados en plazas tan exigentes, pero de ahí a no pellizcar siquiera la dura piel del elefante colchonero, va un trecho muy amplio.

Mientras Iñigo Martínez y, en menor medida, Saborit y Unai Núñez se fajaban contra la ofensiva madrileña - éste último recibió un máster acelerado de fútbol barriobajero impartido por el catedrático Costa -, el resto del equipo andaba a la luna de Valencia, sin espíritu alguno, pensando desde el minuto uno que si los planetas se alineaban, el empate a cero podría ser un gran resultado.

Atlético - Athletic

Pero ni forzando el calendario Maya se alinean los planetas así como así, y después de la constatación práctica de que la idea no era sólo de los futbolistas sino también de su entrenador, cuando quitó a Beñat y sacó a Iturraspe, el Atlético golpeó sin piedad precisamente cuando el centrocampista recién aparecido y su colega San José, se quedaron pasmados al ver que el árbitro no pitaba una falta ¡en contra! Perdieron la pelota y del robo nació el primer gol.

Cualquier seguidor del Athletic sabía que lo único que podía llegar ya era el segundo, y otra vez la imagen de San José se quedó congelada en la pantalla mientras que Diego Costa seguía en movimiento. Yo apreté el mando a distancia pero Costa no se detuvo, y se cumplió la predicción. Cuando se juega a no perder, normalmente se pierde. La alergia madrileña que se extiende por Ibaigane es contagiosa y también contagia al vestuario. La Liga del Athletic está siendo una ruina. Muy pocos esperaban otra cosa en el Metropolitano.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos