Athletic: casi todo por hacer

El equipo rojiblanco respira, pero no tiene motivos todavía para hacerlo tranquilo

Martes, 12 diciembre 2017, 11:41

Tras el desastre ante el Formentera, el Athletic tenía un aire terminal que daba pena. Peliculero que es uno, el equipo me recordaba a una de esas habitaciones desoladas de motel en las que no corre el aire y el papel pintado de la pared está lleno de chorretones y se desprende como en ‘Barton Fink’. Sentado en un sofá mugriento, frente al televisor, hay un hombre fumando, rodeado de botellas de cerveza, sin fuerzas para levantarse ni deseos de ir a ningún lado, ni siquiera a su cama desecha. Aquello, en fin, tenía una pinta malísima. En realidad, parecía no tener remedio. El Athletic de Ziganda se antojaba condenado. Hasta los más cercanos al ‘Cuco’ preferían no apostar por su continuidad, que se decidiría en tres partidos decisivos: Real Madrid, Zorya y Levante.

Lo cierto es que había más razones objetivas para pensar que el equipo estiraba la pata que para confiar en su rehabilitación. Y es que la inercia negativa era fortísima. Los rojiblancos, sin embargo, han salvado estos tres envites decisivos. Y, de pronto, el escenario ya no resulta tan deprimente. Alguien ha descorrido las cortinas y abierto la ventana de la habitación para que corra el aire. Una empleada del motel ha pasado la aspiradora y ha recogido las colillas y las botellas. El hombre se ha levantado del sofá y hasta parece dispuesto a darse una ducha. La vida se ve diferente, claro está.

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Ahora bien, sería un error monumental confiarse. O dicho de otro modo: sería absurdo creer que el Athletic ha hecho algo que no sea salvarse por los pelos de una situación apuradísima tirando de casta y del compromiso de su vieja guardia: Aduriz, Mikel Rico, Raúl García, De Marcos, Susaeta... En realidad, los rojiblancos lo siguen teniendo casi todo por hacer. Y eso pasa por regenerar su fútbol. Que nadie se engañe. No hablemos tan rápido de puntos de inflexión y de plataformas de despegue; al menos hasta ganar a dos rivales en fase declinante como la Real y el Betis. Y es que ya nos engañamos lo suficiente a principio de temporada. Recordemos lo felices que nos las prometíamos tras ganar al Girona y sumar el séptimo punto en tres partidos. El Athletic iba cuarto, empatado con el tercero. Y no había encajado un solo gol. El juego era un dolor de muelas, pero la gente estaba contenta e irradiaba confianza en el futuro. Si ganamos jugando mal, cuando juguemos bien será la repera, decían. Y, claro, sucedió que el fútbol continuó siendo un horror y el castillo de naipes, lógicamente, se vino abajo.

Hablando de regeneración, creo que existe un riesgo de confundir los remedios de urgencia que el equipo ha requerido para salvar el pellejo con la medicación que necesita para sanar definitivamente. Digo esto porque, escuchando a algunos, da la impresión de que la Gran Solución a los problemas de juego del Athletic es poner muchas ganas y contagiarse, sin más, del despliegue de futbolistas efervescentes e isotónicos como De Marcos y Mikel Rico. Siguiendo este planteamiento, José Ángel Ziganda se habría pasado toda la temporada haciendo experimentos raros y extrañas pruebas de laboratorio para intentar que el Athletic jugara bien cuando lo tenía chupado, delante de sus narices. Bastaba con soltar a De Marcos, Mikel Rico y Susaeta como quien saca de sus jaulas a los sabuesos en una cacería de zorros. Y no. No era eso.

Nadie discute que el Athletic debe aprovechar la enorme energía que desprenden esos jugadores, pero con eso está lejos de ser suficiente. Hay que continuar trabajando en varios aspectos fundamentales. Es necesario dar más solidez a la defensa, que sólo ha recibido un gol en los tres últimos partidos y parece que se está entonando algo. También es obligatorio mejorar la circulación de balón, que lleva provocando escalofríos toda la temporada. Y, por supuesto, se necesita imponer y sostener ritmos altos de juego durante los partidos, y desde luego no caer en distracciones o en cálculos de mendigo. En este sentido, el partido del ‘Ciutat de Valencia’ puede servir de referencia, en lo bueno y en lo malo. El equipo cometió el error de meterse en la madriguera a conservar una mínima ventaja y puso en peligro la victoria, pero también es verdad que reaccionó con personalidad tras el 1-1.

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