Athletic: ¿Y ahora qué?

Situaciones como la del equipo rojiblanco pueden llevar a la desgana de los aficionados y también de los jugadores, que no son tontos, y saben que la figura de Ziganda se tambalea

Athletic: ¿Y ahora qué?
JON RIVAS

Finiquitados los fastos europeos y toda la servidumbre que conllevan, incluida la violencia y la presencia en Bilbao de indeseables como Santos Mirasierra, -al que, recordemos, cuando salió de la cárcel de Estremera le fue a recibir la cónsul de Francia en Madrid y le trasladó a Marsella un vuelo privado del Olympique-, habrá que empezar a pensar en la larga travesía por el desierto que nos espera desde ahora hasta el final de temporada, un periodo que estará lleno de rumores, de nombres de posibles candidatos al banquillo, de volantazos y esperemos, de alguna alegría, que no creo que comiencen el fin de semana en el Camp Nou, aunque no vayan a estar ni Luis Suárez ni Sergio Busquets. La mayor alegría nos la podría dar Messi, que hace una semana se cogió una cortísima baja de paternidad y que podría tener el detalle de programar el bautizo de Ciro, que así se llama la criatura, para mañana por la tarde.

No pasará claro, y el equipo de Ziganda deberá visitar al dentista, -Caparrós dixit-, con una mano delante y otra detrás en el aspecto futbolístico, que como auguró el técnico de Larrainzar en su presentación, lo que no mejora empeora.

Lo peor de todo es que situaciones como la del Athletic pueden llevar a la desgana de los aficionados y también de los jugadores, que no son tontos, y saben que la figura de Ziganda se tambalea. No sería lógico que Josu Urrutia decidiera prolongar la agonía un año más, y si parece claro que, salvo catástrofe, el navarro terminará la temporada, no resulta arriesgado vaticinar que el ocupante del banquillo será diferente el próximo verano.

La pregunta que nos hacemos es: ¿Y ahora qué?

Por eso, y porque en casos similares, cada uno puede empezar a hacer la guerra por su cuenta, tal vez no sería tan descabellado repasar la historia del Athletic y recurrir a los clásicos. Dicen que en tiempos de Bill Shankly, los técnicos del Liverpool, el propio ‘Shanks’, Paisley, Fagan, Moran y Bennet, se reunían entre cerveza, tabaco y whisky en el cuarto de las botas y allí anotaban en una libreta todo lo que ocurría en el césped y en el campo de entrenamiento. Cuando se producía una situación complicada, consultaban en la libreta qué decisión habían tomado la vez anterior.

En el Athletic no hay libreta, ni reuniones en el cuarto de las botas, pero queda la hemeroteca, que nos recuerda como hace 49 años, con Rafa Iriondo en el banquillo, se anunció que no seguiría entrenando al Athletic. Es más, desde el club se desveló que su sustituto sería una de los técnicos británicos más reputados de la época, el escocés Tom Docherty, que cuando ya tenía todo preparado, se rajó.

El club que presidía Félix Oráa, recurrió al plan ‘B’ y contrató a Ronnie Allen, que con Iriondo de cuerpo presente en el banquillo, no tuvo empacho alguno en presentarse en Bilbao para seguir de cerca al que iba a ser su nuevo equipo.

Le asignaron provisionalmente el cargo de secretario técnico y en él permaneció hasta que el Athletic terminó la temporada con Iriondo, que, por cierto, ganó la Copa antes de despedirse. No hubo resquemor alguno e incluso ambos se fotografiaron juntos con el trofeo en la comida del equipo en Burgos, en el viaje de vuelta. Puede incluso que para los jugadores fuera un acicate tener al siguiente entrenador controlándolos de cerca. Se jugaban el puesto, claro, que en aquellos tiempos a la directiva no le temblaba la mano cuando había que rescindir un contrato. ¿Sería posible algo así en estos tiempos de tanta correción y mucho pensar en el qué dirán? Tal vez no sea la fórmula, pero el club tendrá que idear alguna solución para evitar que los diez partidos que restan sean un infierno para entrenador, jugadores y afición.

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