Messi y Ter Stegen son demasiado

El Athletic cayó derrotado ante el Barça en San Mamés. /Manu Cecilio
El Athletic cayó derrotado ante el Barça en San Mamés. / Manu Cecilio

El Athletic hace un partido más que digno ante el Barça de Valverde pero no puede evitar la derrota

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Desaparecido en ese Triángulo de las Bermudas que han sido los partidos ante el Ostersunds, Leganés y Formentera, el Athletic tenía ayer una oportunidad de salir a flote. Muy complicada, desde luego, pero una oportunidad al fin y al cabo. Así lo reconoció Ziganda, obligado a agarrarse a todos los clavos ardiendo posibles. La derrota ante el Barcelona, que tampoco hizo maravillas en San Mamés pero sigue teniendo a Messi, no permite afirmar, desde luego, que los rojiblancos han vuelto a la superficie. Ahora bien, ayer al menos hicieron un partido muy digno en todos los aspectos. Sólo un imperial Ter Stegen les impidió marcar algún gol y rascar un empate que tampoco estuvo tan lejos como puede parecer viendo el 0-2 final. De manera que habrá que volver a confiar, como hicimos tras los partidos ante el Valencia y el Sevilla, en que el equipo del Cuco comienza a carburar de una vez. Por paciencia no va a ser, oiga.

0 Athletic

Kepa; Bóveda, Unai Núñez, Laporte, Lekue; Iturraspe, San José (Beñat, m.68); Williams (Susaeta, m.83), Raúl García, Córdoba; y Aduriz.

2 Barcelona

Ter Stegen; Sergi Roberto, Piqué, Umtiti, Jordi Alba; Sergio Busquets, Paulinho, Rakitic; André Gomes (Nelson Semedo, m.83), Messi y Luis Suárez.

Goles
0-1, m.36: Messi. 0-2, m.92: Paulinho.
Árbitro
Martínez Munuera (Comité Valenciano). Mostró tarjeta amarilla a los locales Iturraspe (m.41), y a los visitantes Sergio Busquets (m.46), Piqué (m.62), Paulinho (m.75), Umtiti (m.81).
Incidencias
Partido correspondiente a la décima jornada de LaLiga Santander, disputado en San Mamés ante 43.750 espectadores.

El partido tuvo un preámbulo de casi un cuarto de hora hasta que se desataron las hostilidades. Fue una especie de tiempo muerto en el que no pasó nada. El Barça manoseaba el balón con lentitud, somnoliento, como si acariciara a un gato persa, mientras el Athletic se ajustaba el uniforme de los duelos de postín. No era una mala tesitura para los rojiblancos, ciertamente. En el estado de postración en el que se encontraban, ese ir y venir inocuo, sin ningún peligro en las áreas de Kepa y Ter Stegen, era algo que Ziganda y los suyos hubieran firmado con los ojos cerrados hasta el pitido final. Y, por supuesto, también la afición de San Mamés, que después de presenciar los papelones que sus jugadores habían hecho en los últimos días ante rivales mileuristas, actores aficionados y esforzados de la ruta en general, no podían dejar de ver con agrado cómo eran capaces de sostener el pulso a las estrellas del Barça.

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La situación, sin embargo, era engañosa. Era evidente que esa calma chicha no iba a poder prolongarse mucho tiempo. Sólo faltaba que alguien encendiera una cerilla para que todo saltara por los aires. Y, curiosamente, lo hizo el Athletic, con una ocasión de Lekue en el minuto 14. El ayer lateral izquierdo rojiblanco se encontró con un mal rechace de Busquets y encaró hacia el área. Su disparo pegó en Umtiti, que fue como un tigre al cruce. Se pidió penalti por mano, pero no lo fue. La jugada animó a la grada y a los pupilos de Ziganda, que tensaron la cuerda y tiraron hacia arriba. Aduriz obligó a lucirse a Ter Stegen en un cabezazo. Poco después, en una falta ensayada, Williams tuvo también cerca el 1-0. Debió firmarlo Aduriz, que desperdició una de esas oportunidades que provocan pesadillas e insomnio durante semanas a quien las desperdicia. En un grave error de la defensa blaugrana, el donostiarra se quedó solo frente al portero alemán en el punto de penalti. La parada fue espectacular, un prodigio de intuición y reflejos, pero un delantero como Aduriz no puede perdonar eso.

El Barça se estaba metiendo en un lío y Messi salió al rescate. Apretó al acelerador y obligó a sus compañeros a seguirle. Si el Athletic quería pelea, pensó al argentino, la tendría. Su primer aviso llegó pronto. Tras una gran jugada personal, con Kepa ya en el suelo, estrelló un balón en el poste casi a quemarropa. La brújula del partido dio un giro. Siempre alrededor de su estrella, el equipo de Valverde comenzó a ajustar sus conexiones y a prosperar. No es que creara demasiado peligro, entre otras razones porque Suárez está lejos de su mejor forma y la ausencia de Neymar sigue siendo un agujero negro, pero sí el suficiente como para que el Athletic empezara a preocuparse.

Y es que sólo el hecho de ver a Messi muy activo ya resulta descorazonador. Quieras que no, empiezas a sentirse incómodo, a sudar frío, a pensar en las injusticias de este mundo, a temerte lo peor. Más que nada porque suele llegar. Lo peor, me refiero. En este caso, fue en el minuto 36. El de Rosario abrió a la primera a Jordi Alba y luego se encargó de recibir el centro de éste y fusilar a Kepa. Él se lo quiso y se lo comió. El Athletic quedó muy tocado. Por un momento, pareció que iba a hincar la rodilla. El Barça había olido sangre y se fue en busca del segundo. Lo tuvo Paulinho. El larguero, sin embargo, se apiadó de los rojiblancos y les dejó vivos para la segunda parte. Fue algo crucial porque el hecho de saberse con vida espoleó a los rojiblancos en la reanudación como suele hacerlo en las grandes ocasiones.

Su coraje y afán de superación contagiaron a una grada hambrienta de comunicación con sus jugadores. De comunicación positiva, se entiende, porque de la otra, la que tiene forma de juramentos y maldiciones, ya ha tenido suficiente en los dos últimos meses. El Athletic jugó con intensidad y altura de miras. Los dos centrales, Laporte y Núñez, hicieron el mejor partido de la temporada. Y lo mismo podría decirse de Lekue, al que curiosamente le vino bien jugar en una banda que no es la suya. Por supuesto, fue inevitable preguntarse por qué el equipo no había mostrado esa actitud en tantos y tantos otros partidos, comenzando por los tres últimos. Al Barcelona, incapaz de dar la puntilla en una contra, bastante feo y especulativo durante toda la segunda parte, le tocó sufrir hasta que Paulinho hizo el 0-2 en el descuento. Lo hizo encomendado al larguero -allí fue un cabezazo de Raúl García- y, sobre todo, de Ter Stegen, que ayer amargó a Aduriz. No había tenido hasta ahora mucha suerte el alemán en San Mamés, pero ayer se desquitó con creces.

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