Athletic: un club donde no gobierne el miedo

Obsesionados por construir precedentes mirándonos recurrentemente al ombligo, Ibaigane lleva años atrapado peligrosamente en la inacción

Josu Urrutia y Iñuigo Martínez./
Josu Urrutia y Iñuigo Martínez.
ANDONI AYARZA

Cuando el miedo entra por la puerta, la improvisación y el desconcierto se apoderan de todo. Solo así se pueden concebir las maniobras de vértigo en las que está enredado el Athletic. Pero vayamos por partes.

Aymeric Laporte es ya pasado. Como otrora se convirtieron Fernando Llorente, Javi Martínez, Fernando Amorebieta, Ander Herrera,...y casi todos ellos, además, con un futuro irreconciliable.

A uno le embarga la nostalgia cuando recuerda a una de las mejores plantillas que ha tenido nuestro club en toda su historia. Y no hablamos de décadas atrás. Hace tan solo seis años así de ilusionante se escribía el relato rojiblanco.

¿Pero qué ha ocurrido desde entonces? ¿Cuáles son las razones para que el Athletic se haya convertido en una de las instituciones con mayor saldo bancario pero a su vez con mayor descapitalización humano-deportiva?

Sobrepasaría la arrogancia afirmar que todos los nombres citados anteriormente seguirían en el equipo con una gestión diferente; es más, ni siquiera me atrevería a confirmar que alguno de ellos no hubiera hecho las maletas. Pero esa, aun siendo una variable de la ecuación (también mejorable), para nada es la esencia del problema.

Obsesionados por construir precedentes mirándonos recurrentemente el ombligo, repitiendo una y otra vez el discurso de que «el club seguirá trabajando para que formar parte de su primer equipo siga siendo la máxima aspiración personal y profesional de todos y cada uno de los jugadores y jugadoras, representantes de un proyecto y filosofía deportiva únicos», el Athletic lleva años atrapado peligrosamente en la inacción. Una inercia ineficiente en muchas direcciones: desde la falta de determinación para afrontar apuestas de futuro (como en su día fue el desembolso realizado por Javi Martínez) o abordar operaciones factibles en el mercado (como pudo ser el fichaje de Monreal cuando pertenecía al Málaga o la más reciente intentona por Mikel Merino por cuestión de regateo -esto ocurrió en verano-) hasta -sobre todo- la ausencia total de liderazgo, de estrategia y de valentía para modernizar (buscando la máxima optimización) las obsoletas y deficientes estructuras de captación y formación que presiden a día de hoy Lezama y sus escuelas de tecnificación paralelas. Y ahí está la clave. En la cuna de lo que siempre ha sido el Athletic.

Porque la renovación de Kepa no es sino la compra de un final feliz tras un largo expediente de falta de previsión y perspectiva; la de Williams, la crónica del miedo institucional embalsamado con un «pedazo de contrato» inimaginable hasta para el propio protagonista y la última contratación de Iñigo Martínez, más de lo mismo al cuadrado. Supervivencia a golpe de talonario y muy por encima del mercado. Y por este camino, aunque seguramente abunde el dinero al día de hoy, no se percibe futuro alguno.

Solo con una nueva estrategia global a todos los niveles será posible salvaguardar ese ecosistema romántico y singular pero también frágil que es el Athletic. Un club renovado donde las obligaciones, los resultados y las responsabilidades abandonen la abstracción y se personalicen dentro de una estructura profesional y cualificada desde los cimientos. Un club cercano, transparente, diferencial, sostenible y ambicioso donde no gobierne el miedo.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos