Un Athletic desconcertante

¿Cómo se puede pasar del partido más completo a nivel colectivo de toda la presente temporada al más lastimoso del último lustro?

Andoni Ayarza
ANDONI AYARZA

No encuentro mejor palabra para definir lo que te deja la resaca de un partido como el disputado por el Athletic el jueves en la gélida ciudad de Östersund. Un desconcierto generalizado envuelto de sorpresa, confusión, inquietud, enfado,... No obstante, aun sin eximirle de la responsabilidad que, sin duda alguna, también le corresponde como máximo responsable deportivo del grupo, tampoco cargaría las tintas en exceso sobre la figura del entrenador.

De hecho, me gustó la decisión inicial de Ziganda de no abusar de las rotaciones (solo dos novedades entre los hombres de campo -Etxeita por Núñez e Iturraspe por San José-), dando así continuidad al bloque que había hecho germinar la sensación de resurgimiento tras partido y medio de color esperanza (el segundo tiempo de Mestalla contra el Valencia y, sobre todo, la obra completa del triunfo frente al Sevilla).

Nada más lejos de mi intención que quitarle el más mínimo mérito al rival. Todo lo contrario. Porque, evidentemente, la escuadra escandinava bien merece un ‘chapeau’ con mayúsculas por una propuesta deportiva que no solo destila un delicioso aroma de orgullo, entusiasmo y romanticismo, sino también notables dosis de calidad, ambición y competitividad. Pero esta circunstancia para nada soluciona la perplejidad. ¿Cómo se puede pasar del partido más completo a nivel colectivo de toda la presente temporada al más lastimoso del último lustro? ¿Qué razones pueden explicar esa metamorfosis competitiva tan contundente en tan solo cinco días de holgura? ¿Está la explicación en una cuestión exclusivamente de orden táctico?

Y ni la incomodidad del tapete, ni las dimensiones del campo, ni la temperatura,… nada sirvió de excusa ni se utilizó como argumento válido por parte del propio técnico rojiblanco quien, con total seguridad y como no podía ser de otro modo, guardó para la intimidad del vestuario sus reflexiones e interpelaciones individualizadas refugiándose en un quejoso y apesadumbrado «no encuentro una explicación».

En cualquier caso, el descalabro frente al Östersunds es ya agua pasada y, por lo tanto, no queda más remedio que buscar luces en el horizonte que inviten a volver a creer. Porque lo contrario sería revolcarse en el desaliento. Y en los momentos más delicados no existe mejor receta que asumir las críticas -incluso valorar las constructivas- y arrimar el hombro para hacer realidad lo que adelantó el propio Iago Herrerín al término del choque: «cuando se nos da por muertos somos mejores».

Ojalá sea así y mañana, en el retorno liguero frente al Leganés, el Athletic se impregne del talento y la distinción del cartel anunciador del encuentro y vuelva a ser un ‘Rey León’ de verdad bajo el cielo de Butarque.

Fotos

Vídeos