Copa del Rey | Athletic 0 - Formentera 1 (1/16 de final)

San Mamés se queda helado

Ziganda se lamenta durante el partido ante el Formentera./Ignacio Pérez
Ziganda se lamenta durante el partido ante el Formentera. / Ignacio Pérez

El Athletic cae eliminado en el último segundo por el Formentera y profundiza en una crisis cuya gravedad resulta alarmante

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

El Athletic sufrió este miércoles un golpe monumental que puede marcar su futuro inmediato. Empezando por el de José Ángel Ziganda. En el último segundo del partido, un cabezazo de Álvaro en un córner fatalmente defendido destrozó a los rojiblancos. Es cierto que fue un castigo brutal y excesivo ya que tuvieron un buen número de ocasiones para adelantarse en el marcador -Williams desperdició cinco él solo-, pero también lo es que su fútbol fue deplorable una vez más y que ha sido eso, su deprimente rendimiento en esta eliminatoria de Copa, en los dos partidos, el que hizo posible que el Formentera, en un golpe de fortuna, diese la campanada sobre la bocina. El bochorno fue de los que quedará en la particular historia de la infamia del Athletic, apeado de su torneo preferido y con la moral por lo suelos.

0 Athletic

Iago Herrerín; Lekue, Etxeita, Laporte, Saborit; San José, Vesga (Iturraspe, m.74); Sabin Merino (Aduriz, m.64), Aketxe (Raúl García, m.81), Córdoba; y Williams.

1 Formentera

Marcos; Bonilla, Rosa, Samuel (Quico, m.65), Agus; Liñán; Omar, Garmendia (Álvaro, m.77), Nando (Gabri, m.69), Riera; y Juan Antonio.

Árbitro
Carlos Del Cerro Grande (Comité Madrileño). Mostró tarjeta amarilla al visitante Quico (m.92) .
Goles
0-1, m.94: Álvaro.
incidencias
Partido de vuelta de dieciseisavos de final de la Copa del Rey disputado en San Mamés ante unos 14.294 espectadores, según datos oficiales. De ellos, unos 300 seguidores pitiusos. El capitán de la SD Formentera, el meta Marcos Contreras, realizó la habitual ofrenda foral de cada equipo que visita San Mamés por primera vez.

A la debacle asistieron poco más de catorce mil personas, la peor entrada que se recuerda en el nuevo San Mamés. El dato debería empujar a la directiva del Athletic a tomar dos decisiones inmediatas. La primera, mandar una felicitación navideña a la LFP, a nombre de Javier Tebas, agradeciéndole el horario del partido y deseándole un feliz 2018. La segunda, tener un detalle con los asistentes, cuyo mérito fue indudable. Ahí es nada ir al campo en una noche tan desapacible y a una hora tan tardía para ver un partido de este Athletic contra el Formentera. A eso se le llama amor a los colores. Fidelidad a prueba de bombas. Entrega. Generosidad. Altruismo. También ganas de no estar en casa, para qué negarlo, pero el acto heroico no admite discusión y merece una recompensa. Se me ocurre una pequeña placa conmemorativa -se enviaría a su domicilio a todos los socios que ayer activaron su carnet- en la que constase que ellos, a diferencia de tantos otros, el miércoles 29 de noviembre de 2017, a las 21.30 horas, con lluvia y un frío que pelaba, estaban en La Catedral como unos señores y sufrieron lo que nunca jamás pensaron que podrían sufrir. Aunque ahora que lo pienso, mejor que se olvide el club del regalito. Hay cosas que es mejor no recordar.

El partido respondió a las previsiones, que estaban a la altura del mercurio de los termómetros. Si con su once titular el Athletic está dando el nivel que estamos viendo a lo largo de la temporada, qué podía esperarse con un equipo de circunstancias, compuesto en su gran mayoría por suplentes habituales, jóvenes meritorios y alguna que otra promesa disecada. Los rojiblancos se pusieron a dominar casi por inercia. Era lo que tocaba. Como le tocaba al Formentera meterse en su campo muy juntito. El dominio de los rojiblancos, sin embargo, fue de lo más insulso. Solo Lekue por la derecha, Aketxe y Williams parecían capaces de crear problemas a la defensa visitante. Y siempre en acciones individuales o combinaciones entre ellos. Por la izquierda, la pareja Saborit-Córdoba apenas aparecía. La impresión era que todo era fácil y que no había nada que temer, salvo algunos pases de San José y la posibilidad de morir de frío y aburrimiento. El gol acabaría llegando por estricta aplicación de la ley de la gravedad.

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Sin embargo, el Athletic no fue capaz de batir a Marcos durante los primeros 45 minutos. A sus llegadas siempre les faltaba algo: un pase acertado, una maniobra correcta, una decisión inteligente, un sprint más rápido, un poco de instinto depredador, una pizca de suerte... No hace falta decir que se echaba de menos a Aduriz y también a Raúl García en su faceta rematadora. Los que estaban en el campo, sencillamente, no eran jugadores cuya relación con el gol, como suele decirse, sea muy íntima. La mayoría no pasan de Pagafantas. El 1-0, pese a todo, pudo llegar en un par de disparos de Aketxe que Marcos no atajó, en un cabezazo desaprovechado por Sabin Merino y, sobre todo, en el minuto 38, en un remate de Williams a dos metros de la línea de gol. Un defensa sacó el balón sobre la raya.

El caso es que el equipo balear llegó vivo al descanso. O dicho de otro modo: que el Athletic tendría que apretar el acelerador si no quería agobiarse en la segunda mitad. Lejos de activarse, sin embargo, el equipo de Ziganda continuó a su ritmo mortecino y siendo cada vez más impreciso. Sin saberlo, se estaba suicidando. El público comenzó a mosquearse con San José, con un inoperante Sabin Merino y hasta con Iñigo Córdoba, cuyo bajonazo de prestaciones resulta alarmante. Antes de la hora, llegaron los pitos. Dos pases demenciales de San José y Laporte fueron las gotas que colmaron el vaso de muchas paciencias. Cómo sería la cosa que a Ziganda le corrió un escalofrío por la espalda y acabó sacando a Aduriz, que era el cambio que menos quería hacer.

De poco sirvió. El Athletic continuó frío, impreciso y absolutamente nublado de cara a puerta. Williams, en concreto, no dio una. De haber estado un poco acertado, se hubiera llevado el balón firmando un ‘hat trick’. En lugar de eso, lo que se llevaron los presentes en San Mamés fue un par de sustos morrocotudos en un tiro de Omar y, sobre todo, en un cabezazo de Liñán en el minuto 82 que Herrerín desvió a córner. Todo parecía encaminado a un chusco 0-0 que retrataría una vez más la vulgaridad de los rojiblancos. Pero no. Ocurrió la tragedia. El golpe a traición de un destino cruel. A este Athletic le está abandonando todo, hasta la suerte. Da pena.

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