La paradoja de Lezama

De su sagrada factoría el Athletic habla de madrugada en las asambleas

JON AGIRIANO

Volvió a repetirse en la asamblea del miércoles, que como bien saben terminó bien entrado el jueves, demostrándose una vez más el indomable espíritu 'after hours' de estas citas. Me refiero a la intempestiva intervención de José Ángel Corres para hablar sobre el plan rector de Lezama. Y cuando digo intempestiva me atengo al significado real de esta palabra - «que está fuera de tiempo y de sazón», como dice la RAE-, y no a que el vicepresidente del Athletic dijera burradas altisonantes, que es el significado que algunos le dan por su cuenta. ¿No está fuera de tiempo hablar de Lezama a la una y media de la madrugada, cuando ya no quedaba en el Euskalduna alguien que no estuviera demolido después de seis horas de asamblea? Seguro que Urrutia dirá que no, que por el Athletic uno debe ser capaz de hacer vigilias y adoraciones nocturnas, pero el sentido común dice que sí.

El problema, además, es que se trata de algo recurrente. Desde que presentó el plan rector de Lezama en 2013, las intervenciones de Corres son siempre tardías, apresuradas -vamos a ser breves, que nos dan las uvas, podría ser su lema- y con el patio de butacas medio vacío, como esos partidos de pelota que se juegan después del estelar. La realidad es que son cuatro gatos los que se enteran de las cosas -de la nueva residencia para el primer equipo encima del campo 1 o del campo para porteros, por citar las últimas novedades-, y al club parece traerle sin cuidado. De lo contrario, es decir, si tuviera verdadero interés en informar sobre una inversión estratégica de 30 millones, no sólo tendríamos todo el proyecto colgado en la web sino que la junta se hubiera volcado en una campaña informativa. Es más, hasta es probable que se hubiese animado a celebrar una asamblea monográfica.

Pero Lezama sigue siendo nuestra gran paradoja. Siendo en teoría lo más sagrado, apenas se le hace caso. Todo el mundo habla de ello, pero la información es nula. Un socio, de hecho, le preguntó a Josu Urrutia con mucha propiedad sobre los criterios de su política de cantera y lo único que sacó en claro es que el presidente es un firme defensor y que, a los 17 años, él no estaba maduro y era todavía un canterano en formación. Como podría serlo Diarra, vaya. Conclusión: Urrutia no es sólo un presidente sino un patrón de medida.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos