El Athletic, Napoleón y la llama de Valencia

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Se cuenta que, a la hora de elegir a sus oficiales, Napoleón les interrogaba sobre su relación con la suerte. Si demostraban ser hombres afortunados y aportaban alguna prueba al respecto, tenían mucho terreno ganado. Si, por el contrario, habían sufrido más desgracias de la cuenta con los dados del azar, el emperador prescindía de ellos. Ernesto Valverde pasa por ser un entrenador con suerte. No importan sus finales perdidas o sus desgracias recurrentes en las tandas de penalti (así, a bote pronto, podemos recordar cómo se le fueron desde los once metros dos finales de la UEFA, una como jugador y otra como técnico, ambas con el Espanyol, unas semifinales de Copa con el Athletic y unos cuartos de final, también con los rojiblancos, en la Europa League). Estas estadísticas, sin embargo, no se tienen en cuenta. Txingurri tiene flor y ya está.

¿Y Ziganda? La verdad es que todavía no he oído a nadie hablar de la flor del ‘Cuco’. ¿La tiene? ¿Le admitiría Napoleón entre sus oficiales? Pensé en ello el domingo mientras veía cómo se le escapaba al Athletic un partido que, de haber terminado con otro resultado que fue perfectamente viable -imaginemos, por ejemplo, un 3-4-, habría cambiado de forma radical la percepción que los hinchas rojiblancos tienen de su equipo. De ir por la calle cabizbajos, pegando patadas a los botes, ayer les hubiéramos visto bajando las escaleras de casa haciendo claqué. Pero eso no sucedió. El equipo volvió a perder y, por si esto fuera poco, ahora se encuentra con un parón de lo más inoportuno. Justo cuando parecía haber encontrado el camino de salida de su propio laberinto, tiene que pararse y acampar.

¿Es eso mala suerte? La verdad es que se le parece un poco, pero no demos pábulo a las supercherías y concentrémonos en lo importante, en lo visto en Mestalla. Un par de datos estadísticos para abrir boca. Ante el Valencia, el Athletic tuvo su mayor porcentaje de posesión fuera de casa y firmó el mayor número de remates de toda la temporada. Y ahora una de esas comparaciones que será todo lo odiosa que se quiera pero no pueden ser más elocuentes. El Athletic remató más veces entre los tres palos de la portería del Valencia en Mestalla (7) que a la del Zorya (5) en San Mamés.

¿Cómo explicamos este suceso paranormal? Yo descartaría por cenutria la teoría que podríamos llamar ‘Cuidadito con el Zorya’, apadrinada por Mikel San José, esa luminaria que el jueves nos recordó que no teníamos «ni puta idea» por pensar que ganar al equipo de Lugansk era un objetivo fácil. Y me inclinaría por otras cuestiones. ¿Influiría quizá la diferencia sideral de ritmo de los rojiblancos en estos dos partidos? ¿O tal vez que ante los ucranianos el Athletic perdió casi 40 balones más -38 en concreto- que el domingo en Mestalla? Sospecho que sí, pero la verdad es que me encantaría que San José contestara a estas preguntas y, de paso, a otra más delicada como es la irritante decadencia de su juego.

El objetivo de estas dos semanas es conservar el fútbol desplegado en la segunda parte de Mestalla como conservaban el fuego, cuando todavía no sabían hacerlo, aquellos hombres prehistóricos de la película de Annaud. Esa llama no puede apagarse de ningún modo si no queremos pasar una temporadita en las tinieblas. Se suele cantar mucho eso de ‘sólo hay un Athletic y es el de Bilbao’. Pero casi sería mejor cantar que sólo hay un Athletic con fundamento y es el que es capaz de defender con firmeza, juega a un ritmo alto, presiona arriba, intenta ocupar el campo rival y busca con ambición la portería contraria.

Con excepción de la primera de estas virtudes, en Valencia se vieron las demás. Digamos que fue un partido muy ilustrativo. A muchos, por ejemplo, nos quedó claro que, si Ziganda quiere consolidar esta progresión, se va a tener que olvidar de las rotaciones masivas. Hay un once titular al que es necesario darle carrete todo lo que se pueda. Y habida cuenta de la lesión de Muniain y de la baja forma de Beñat, menguado al parecer por una pubalgia, creo que no puede diferir mucho del que jugó en Mestalla cuando entraron al campo Aduriz y Raúl García. En realidad, yo sólo cambiaría a Susaeta por Williams. Y puede que a De Marcos por Lekue. El resto, con Vesga e Iturraspe de medios centros, y Córdoba en la izquierda, hay que mantenerlo y ver a dónde llega.

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