Athletic, con la pelota y sin ella

Fue marcar e irse la luz. En vez de hurgar en la herida del rival y tratar de hacer sangre, tras sus goles al Athletic se le cortó el suministro

Adrián y Bóveda saltan a por un balón./
Adrián y Bóveda saltan a por un balón.
Jon Rivas
JON RIVAS

Arsenio Iglesias, que debería ser considerado oficialmente héroe nacional de Galicia, acostumbraba a dejar caer frases contundentes, producto casi siempre de ese realismo fatalista que le acompañaba en sus tiempos de banquillo. ¿Quién le iba a replicar después de tantos años haciendo maletas y viendo partidos? Era él mismo quien relativizaba su posición, -«Cuestionan a Arrigo Sacchi, ¿cómo no me van a cuestionar a mí?»-, así que resultaba complicado rebatir sus tesis, basadas en la sencillez y la observación, y mezcladas con esa retranca que gastan en su tierra. Sus reflexiones no exhibían teorías alambicadas. Un par de palabras exactas y ya está: frase para la posteridad.

Fue el ‘Brujo’ de Arteixo el que dijo una vez aquello de «sólo hay dos situaciones en el fútbol: cuando tenemos nosotros el balón y cuando lo tiene el contrario», y esa frase viene al pelo para explicar el partido del Athletic en Riazor. Hubo dos situaciones cíclicas durante los 93 minutos que duró: cuando el equipo de Ziganda tenía la pelota y cuando la tenía el Deportivo. Y eso explica el empate final, y muchas cosas de este equipo que no arranca después de un tercio de Liga.

Depor - Athletic

El Athletic tenía el balón; De Marcos y Rico aportaban su entusiasmo. Ellos dos y los demás jugaban la pelota con criterio, y hasta con exquisitez, y basta con repasar el gol de Susaeta para percatarse de ello, pero en la parroquia rojiblanca ya nadie se fía de estas cosas. Como en la posguerra, cuentan los abuelos, cuando en las casas esperaban el apagón, que llegaba sí o sí, un día y al otro. Fue marcar e irse la luz, y comenzar la segunda fase de la situación explicada por Arsenio, la de que el contrario tenga la pelota. No por esperado, -el apagón-, menos incomprensible.

En vez de hurgar en la herida deportivista, de tratar de hacer sangre en terreno rival; de seguir mandando en el partido y acomplejando al equipo gallego, llegó el corte del suministro, que se prolongó hasta que empató el Deportivo en un despiste, pero después de una fase en la que el Athletic cedió la iniciativa incomprensiblemente, sobre todo tras escuchar a Ziganda hace unos días decir que su equipo no sabe defender. Entonces, ¿por qué no se dedica a hacer lo que sabe? Cuando volvió la luz, la nevera ya se había descongelado.

Así que tocó enfriar al Dépor otra vez, reiniciar el disco duro, tomar las riendas. Y lo peor de todo, es que daba la sensación de que bastaba muy poco para hacerlo; simplemente aplicarse con un poco de criterio, como en el inicio del partido. Y otra vez se vio un cuarto de hora interesante, hasta que marcó Williams. Y como en el día de la marmota, de nuevo se pasó a la segunda fase, a la de un rival crecido y embotellando a once jugadores que reculaban hacia su área. Están necesitados, sí, sobre todo de autoestima, pero tenían el partido de cara y dejaron que otra vez se fuera la luz, y defendieron fatal otro saque de esquina para que el Deportivo empatara.

Y aunque volvieron a la casilla de salida, con tanto apagón ya no quedaba nada aprovechable en la nevera y los rojiblancos regresan con un empate triste. A veces, leer a los clásicos como Arsenio Iglesias, aunque sólo sea para recordar que el fútbol es más sencillo de lo que parece, viene muy bien. ¡Ah!, y no hace falta ni comprar un libro, que con los entrenamientos y eso no da tiempo. Basta con bucear en internet.

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