Athletic: las reglas rotas

Los jugadores entrenan en Lezama./
Los jugadores entrenan en Lezama.
JON AGIRIANO

La relación entre los periodistas que cubrimos la información de un club y los dirigentes y profesionales del mismo tiene a veces momentos de tensión. Son las chispas inevitables del roce diario. Ahora bien, en general somos capaces de compartir unas reglas del juego y a forjar algo parecido a una mutua comprensión. Y no me refiero sólo al Athletic. Ocurre en todos los clubes. Digámoslo con sencillez: entre nosotros, nos entendemos. Entendemos que, en un determinado momento, por razones de oportunidad o protocolo, la directiva o el jugador de turno digan algo que nadie con dos dedos de frente puede creerse. Nosotros, pese a todo, recogemos esas declaraciones huecas con espíritu deportivo, sin ahondar demasiado en sus contradicciones. Y ellos, por su parte, comprenden que a los periodistas, metidos en la vorágine incesante de la actualidad deportiva, a veces se nos puedan escapar informaciones poco atinadas o directamente erróneas.

Vayamos a los ejemplos ilustrativos, por si alguien no me acaba de entender. Ningún periodista se puso a soltar carcajadas cuando Josu Urrutia, tras anunciar el 7 de junio de 2013 que no renovaba a Marcelo Bielsa, aseguró que era a partir de ese momento -y nunca antes- cuando se iba a poner a buscar en el mercado un nuevo entrenador. Que curiosamente acabaría siendo, como todos ya sabíamos, un íntimo amigo suyo. De la misma manera, todos entendimos que Txingurri, hace justo un año, cuando se anunció en rueda de prensa que se marchaba del Athletic, asegurase que no sabía nada del Barcelona, con el que firmó unos días después. ¿Viles mentiras? ¿Lamentables falsedades? No, hombre. Eran simples mentirijillas que no tenían mayor trascendencia porque todos sabíamos que lo eran y las aceptábamos como una regla de nuestro juego particular.

Y llegamos así al tema que nos ocupa, el de Eduardo Berizzo. Llevamos dos meses leyendo y escuchando informaciones que vinculan al técnico de Cruz Alta con el Athletic. No hay un solo medio vizcaíno que no se haya referido a su fichaje. Él era el elegido y esta percepción ha sido tan clara y unánime que no ha surgido el nombre de otro candidato al banquillo rojiblanco. Ninguna de estas informaciones en las que se ha hablado de todo -de diferentes reuniones entre las partes, de los años de contrato, del sueldo del técnico y sus ayudantes, de posibles fichajes para reforzar la plantilla, etc.- ha merecido la más mínima respuesta por parte del club. ¿Significaba eso que todas eran rigurosamente ciertas? Claro que no. ¿Y no era verdad que algunas podían incomodar a Berizzo, ya que el cuerpo de Ziganda estaba todavía sin enterrar? Claro que sí. Pero ni la directiva ni el propio técnico argentino creyeron conveniente desmentirlas. Sería que el Athletic, como defendía Josu Urrutia en otra época, tiene que estar por encima de todos esos ruidos.

Pues bien, las reglas del juego de las que hablaba antes, este pequeño manual nuestro de convivencia, ha saltado por los aires. El Athletic ha traspasado una línea roja que nunca había traspasado. Y no me refiero al desmentido a una noticia -de esos ya se ha visto alguno que otro-, sino a las valoraciones que se hacen en el comunicado. El club nos ha negado a dos medios -El Correo y TeleBilbao- algo tan básico como el derecho a equivocarnos sin querer, sin ninguna mala intención, por una casualidad desafortunada o un error humano. Y esto es una canallada imperdonable para quienes nunca hemos tenido el más mínimo reparo en reconocer nuestros errores cuando ha habido que hacerlo, ni en pedir disculpas a quienes involuntariamente hayamos podido ofender.

Dicho todo esto, que los irritantes mediocres y oscuros resentidos que en el palacio de Ibaigane redactaron y dieron sus bendiciones a ese comunicado nos expliquen quiénes son ellos para llamarnos deshonestos, qué se creen que son para presentarnos ante los socios como unos prevaricadores profesionales que adoptamos decisiones injustas a sabiendas de que lo son por intereses espurios; ni más ni menos que para tener más audiencia y ganar dinero en estos tiempos tan duros para los medios de comunicación. Esperamos sus disculpas.

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