Athletic: La unidad ya no importa

La inmensa torpeza de suscribir el manifiesto de Gure Esku Dago, que ha molestado a muchísimos socios y aficionados, la han cometido quienes luego presumen de encarnar como nadie la verdadera esencia del Athletic

La cadena humana, en la calle Navarra de Bilbao./I. PÉREZ
La cadena humana, en la calle Navarra de Bilbao. / I. PÉREZ
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

La unanimidad que ha suscitado el Athletic en tantas cosas durante tantos años ha sido un motivo de orgullo. En ocasiones, un consuelo. En los tiempos de mayor división política y social de la sociedad vizcaína, el club venía a ser como un oasis al que todos acudíamos para encontrar lo que nos faltaba, lo que se había desgarrado: nuestra unidad. «El Athletic es lo único que nos une», solíamos decir unos y otros. Y era verdad. Entrabas en San Mamés y era como si, de repente, se suspendieran el tiempo y el espacio, como si accedieras a otra realidad y en ella se produjera un pequeño milagro que nos convertía a todos en camaradas, en buenos compañeros de aventura. No importaba quién era tu vecino de localidad, qué pensaba, en qué partido militaba, de dónde procedía. Eso era insignificante. Nos bastaba con ser felices juntos unas veces, y otras, con sufrir en compañía.

Preservar este tesoro sentimental fue siempre algo sagrado; tanto que en ocasiones se llegó a la injusticia de no querer mirar la realidad con la crudeza que demandaban los tiempos. San Mamés no se tocaba. Era obligatorio mantener viva su llama -la de la unidad irrevocable-, aunque eso significara mirar hacia otro lado u olvidar lo que debía ser inolvidable. Durante años no se hicieron minutos de silencio. El club, que curiosamente vivió sus últimos días de alegría deportiva a principios de los ochenta, cuando el terrorismo dejaba cien muertos al año, nunca se manifestaba. Empezó a hacerlo tímidamente, como quien comienza a dar pasos en un territorio oscuro e inexplorado, hace muy pocos años.

Recuerdo todavía la polémica que se vivió en marzo de 2008, cuando el club decidió hacer un minuto de silencio por el asesinato de Isaías Carrasco. Los tiempos estaban cambiando, la tolerancia hacia la violencia se desplomaba ante nuestros ojos y la imagen del coche del concejal socialista asesinado, con la bandera del Athletic encima del maletero, tuvo un impacto enorme. Aún así, se acusó a la directiva de Fernando García Macua de politizar la institución y el minuto de silencio no pasó de un pequeño puñado de segundos inquietantes, casi furtivos.

Los tiempos, por lo visto, están cambiando. Ya sin terrorismo, algunos piensan que ahora el Athletic sí puede entrar en política, que ya importa un bledo que sea lo único que nos une. Por primera vez en democracia, el club se ha manifestado políticamente y, a través de su cuenta de Twitter, ha suscrito el manifiesto de Gure Esku Dago en favor del derecho a decidir, una reclamación nacionalista. No voy a decir que lo ocurrido me suponga ninguna sorpresa. En éste y en otros ámbitos, hace mucho tiempo que la junta directiva de Josu Urrutia decidió no representar a todos los socios del Athletic sin distinción, sino solamente a sus acólitos o compañeros ideológicos. Los demás no tienen importancia. En realidad, son el enemigo, el antiAthletic.

Ya saben, hay buenos y malos rojiblancos, como para algunos hay buenos y malos vascos en función de lo que piensan. Es algo muy viejo y casposo, es cierto, pero no deja de ser indignante. Sobre todo porque esta inmensa torpeza, esta arbitrariedad absurda que ha molestado a muchísimos socios y aficionados, la han cometido quienes luego presumen de encarnar como nadie la verdadera esencia del Athletic. Cada día me convenzo más de que no tienen ni idea de lo que es.

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