El Athletic tira de pegada

Pese a la flojera de su juego, el equipo de Ziganda mantiene su magnífica línea resultados con una cómoda victoria ante el Girona

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Tirando de pegada y fiabilidad, el Athletic de Ziganda comienza a tener unos números de los que puede empezar a presumir como un general ruso presume de medallas en su uniforme de gala. Cinco victorias y dos empates en siete partidos oficiales. Siete puntos de nueve y cero goles en contra en las tres primeras jornadas de Liga. Son estadísticas como para sacar el champán de la cubitera y celebrar el buen arranque del nuevo proyecto del Cuco.

2 Athletic

Herrerín; Lekue, Núñez, Laporte, Balenziaga; San José, Beñat (Aketxe, m.77); Williams, Raúl García, Muniain; y Aduriz (Iturraspe, m.64).

0 Girona

Iraizoz; Maffeo (Mojica, m.66), Alcalá, Bernardo, Muniesa, Aday; Pere Pons, Granell (Douglas Luiz, m.72); Portu (Kayode, m.64), Stuani y Borja García.

Goles
1-0, m.25: Muniain. 2-0, m.54: Aduriz.
ÁRBITRO
Trujillo Suárez (Comité Tinerfeño). Mostró tarjetas amarillas a Beñat (m.21), Raúl García (m.64), San José (m.68) y Laporte (m.91), por el Athletic, y a Alcalá (m.24), Granell (m.27), Bernardo (m.40), Aday (m.56), Douglas Luiz (m.80) y Stuani (m.87), del Girona.
iNCIDENCIAS
Tercera jornada de LaLiga Santander y 39.952 espectadores en San Mamés, según datos oficiales, entre ellos unos 600 seguidores del equipo catalán. Realizó el saque de honor el pelotari Oinatz Bengoetxea, campeón del Manomanista 2017. Antes de comenzar el partido el capitán del Girona, Alex Granell, realizó la tradicional ofrenda floral en el busto de Pichichi por la primera visita a San Mamés en partido oficial del equipo catalán.

La afición, sin embargo, prefiere no lanzar las campanas al vuelo. Y la razón fundamental de su cautela no es que, de repente, se haya vuelto fría y pesimista sino que el juego del Athletic no convence todavía a nadie. El único encanto por ahora de los rojiblancos es el sonido de su caja registradora. Volvió a quedar demostrado frente al Girona, un bloque aseado pero con una pegada de peso mosca. Lo contrario que el Athletic, al que le bastaron Williams, Iker Muniain y Aduriz, puntual en el 2-0, para sumar una cómoda victoria.

De nuevo, el juego de los bilbaínos en la primera fase del partido tuvo un efecto adormecedor que, al entrar en contacto con los vapores de la digestión, provocó el sesteo general de la grada. No pasaba nada en el campo, donde los rojiblancos transitaban a un ritmo lento que no les llevaba a ninguna parte y el Girona se dedicaba a mantener la compostura, ordenado a partir de Granell y Pere Pons. Iago Herrerín, que sustituía al griposo Kepa, y Gorka Iraizoz contemplaban el partido como simples espectadores. Tampoco era plan, pero podían haberse puesto a charlar por el móvil de sus cosas, entre ellas de las vueltas que da la vida para encontrarse frente a frente en San Mamés, cada uno defendiendo una portería.

En medio de esa molicie, el público acabó hablando de las vacaciones y atendiendo a lo que pasaba a su alrededor, a los cánticos de independencia de buena parte de los hinchas del Girona en el minuto 11, o a los gritos pidiendo la dimisión de Urrutia y el posterior abandono de sus localidades por parte de los miembros de Iñigo Cabacas Herri Harmaila. Al parecer, están molestos porque no les dejan meter en el estadio pancartas y banderas, algo que el club negó más tarde en un comunicado. Su marcha, pese a todo, no fue total. Quedó en la reivindicación efectista de dejar vacío su espacio en uno de los córners de la tribuna Norte porque lo cierto es que se quedaron a ver el partido en los pasillos. Lo cual habla mucho y bien de su amor por los colores. Y es que lo que se estaba viendo era como para hacer una rotunda objeción de conciencia y llevar la protesta hasta las últimas consecuencias. Que en su caso, se entiende, era acabar en los bares cercanos o seguir hasta Pozas. en procesión .

Un toque de diferencia

La decisión de quedarse les permitió disfrutar del 1-0 del Athletic, obra de Muniain, que era con diferencia el que más cosas intentaba. Casi el único, podría decirse, que siguió el consejo que Oinatz Bengoetxea les dio al retirarse tras hacer el saque de honor. Apretó los puños con furia el pelotari de Leitza como suele hacerlo, pero apretar, lo que se dice apretar, este Athletic aprieta bastante poco. Ahora bien, tiene varios futbolistas capaces de marcar la diferencia y amargar la vida a equipos como el Girona.

Entre Williams y Muniain, por ejemplo, se sacaron de la chistera uno de esos goles que aparecen como por generación espontánea, sin que nadie los espere porque no hay razones objetivas para hacerlo. Fue en el minuto 25. Un buen centro desde la derecha y llegada perfecta desde atrás del capitán rojiblanco. A la primera oportunidad, diana. Y nada más que consignar hasta el descanso, salvo una segunda llegada con peligro de Muniain y Balenziaga que Iraizoz abortó y dos tarjetas a los centrales del Girona, una de ellas inventada por Trujillo Suárez.

Todo continuó igual en la reanudación. La misma longitud de onda. Un fútbol soporífero, un Athletic al trantrán y un Girona ordenadito al que sus merodeos en ataque sólo le llegaban para intentar algún disparo flojo desde lejos. En esas estaba el partido cuando Herrerín hizo un saque largo a la carrera de Williams. El delantero rojiblanco acabó controlando el balón en el área rival y dando una magnífica asistencia de Aduriz. El donostiarra conoce perfectamente la capacidad destructiva de los galopes de su compañero y acompañó la jugada por el lugar adecuado. Un disparo en carrera, bien ajustado, le permitió firmar el segundo gol.

Falta de pegada rival

En su área técnica, Pablo Machín suspiraba. Es fácil imaginarlo pensando en lo poco que necesitan algunos para ponerse 2-0 y en los trabajos de Hércules que necesitan los más humildes. Esta ley natural, cruda como lo son todas, le tuvo que seguir martilleando mientras pasaban los minutos, su equipo comenzaba a llegar con más peligro a la portería del Athletic y, sin embargo, dos buenas ocasiones de Aday Benítez, un cabezazo de Stuani y una penetración solo de Kayode se quedaban en agua de borrajas.

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Esto es lo que buscó el equipo de Ziganda. El agua de borrajas, digo. Desde el 2-0, su objetivo fue conservar el resultado sin pasar apuros y lo consiguió. Las entradas de Iturraspe por Aduriz pasada la hora y luego las de Aketxe y Sabin Merino por Beñat y Muniain provocaron algunos cambios de posiciones, pero la oferta continuó siendo la misma: trabajo, solidaridad, riesgos cero y dejar que el minutero siguiera corriendo hasta acabar certificando una victoria cómoda. Incluso pudo ser mayor, ya que Sabin Merino estrelló un balón en el poste en el último minuto tras alcanzar el rechace de Iraizoz a un disparo de Williams. Machín no se lo hubiera creído, pero así se las gastan en Primera algunos equipos. El Athletic, sin ir más lejos.

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