Barcelona: no fue un accidente

El juego y el físico del equipo de Valverde no dan para triunfar en la Champions

Barcelona: no fue un accidente
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Lo peor del impresionante batacazo del Barça en el Olímpico de Roma es que no fue un accidente. Quiero decir que no se trató de algo fortuito, de uno de esos desastres imprevistos con los que a veces nos sorprende la vida. Tampoco es que lo esperásemos, faltaría más. De ser tan listos y preclaros habríamos apostado todos nuestros ahorros por el 3-0 y ahora estaríamos firmando las escrituras de nuestra nueva propiedad: un atolón en las Maldivas. No. Cuando digo que no fue algo extraño y fortuito me refiero a que lo sucedido, aunque sea en una versión menos sangrante, ya lo habíamos visto.

Echemos un poco la vista atrás. Y digo un poco para no tener que hablar del palizón del Bayern en 2013 o la eliminación contra el Atlético en 2014. Tras su último título europeo en 2015, el Barça volvió a caer el año siguiente en cuartos ante el equipo de Simeone tras firmar un pobrísimo partido de vuelta en el Calderón. En toda la primera parte, ni siquiera disparó a puerta, algo realmente difícil teniendo en el campo a Messi, Neymar y Suárez. La pasada temporada, el descalabro tuvo lugar en casa de la Juventus, donde la tropa de Luis Enrique encajó un 3-0 inapelable. No hubo noticias aquel día de los azulgrana, que sufrieron por la ausencia de Busquets y fueron incapaces de responder al pulso que les plantearon los turineses.

Existen, pues, claros precedentes de un Barça con serios problemas para competir en las altas instancias de la Champions, en partidos de altísimo voltaje y exigencia máxima, sobre todo fuera de casa. Y eso no se ha corregido. Los grandes resultados en la Liga y en la Copa han dejado en un segundo plano la realidad de que su fútbol no ha enamorado a nadie y de que Valverde ha exprimido a una plantilla corta que ha llegado agotada al mes de abril. El Barça ha sido un equipo práctico, con un buen balance defensivo y Messi como gran hecho diferencial. Nada más. Ni nada menos. Con esto va a servirle, muy probablemente, para hacer un doblete en las competiciones domésticas, donde el Madrid ha hecho el ridículo, pero la Champions es otra dimensión. Y si algún club sabe de dimensiones en el fútbol ese es el Barça, que vivió durante años en la suya propia, inalcanzable. El problema está siendo el aterrizaje ahora que ya no están o declinan las estrellas que le llevaron a otro planeta.

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