Barcelona - Athletic: mister hyde

Aunque el Athletic cayó en Barcelona, quedémonos con ese trastorno dual que convirtió al equipo manso de la primera parte, dócil, complaciente con Messi y sus barrabasadas, en un conjunto herido en su amor propio, que se hizo con la pelota e intentó no soltarla en toda la segunda parte

Barcelona - Athletic: mister hyde
JON RIVAS

Me quedo con mister Hyde, qué quieren que les diga. Ya sé que en la novela de Robert Louis Stevenson, el personaje formal es el doctor Jekyll, una persona entrañable, incapaz de matar una mosca, y al señor Hyde se le pinta como un ser despreciable, capaz de cometer crímenes abyectos. Es una novela que trata del trastorno disociativo de personalidad. Y si me quedo con la versión asesina del médico londinense de ficción, es porque me gustaría trasladarla al fútbol, y donde pone asesinato léase ardor guerrero, y en el lugar del malhechor, ponga a un equipo intenso, con ganas de ganar.

Aunque el Athletic cayó en Barcelona, quedémonos con ese trastorno dual que convirtió al equipo manso de la primera parte, dócil, complaciente con Messi y sus barrabasadas, en un conjunto herido en su amor propio, que se hizo con la pelota e intentó no soltarla en toda la segunda parte. Pasó de la pasividad a la intensidad con sólo 15 minutos de transición. De hacer renegar a los seguidores rojiblancos a maldecir la falta de definición en los últimos metros.

Lo malo es que no sabemos con qué Athletic quedarnos, si con esa versión mortecina, desestructurada y permisiva con el rival, que nos remite al petimetre del doctor Jekyll, o al mister Hyde sediento de sangre, con el cuchillo entre los dientes, intenso y convincente de la segunda mitad, porque estamos tan desengañados en general que nos cuesta saber cuál será el siguiente tropezón.

Desde luego, no era el Camp Nou el mejor escenario para desplegar las plumas de pavo real, porque enfrente estaba un Barcelona casi perfecto en la Liga, con un Messi que no es de este mundo. El astro argentino sí que no padece un desdoblamiento de personalidad, y si lo tiene, cada versión nueva supera a la anterior. Por eso en la primera parte no hubo color, ni Athletic, y Kepa se convirtió otra vez en el valladar para evitar una goleada. No estaban Busquets ni Suárez, dicen, pero ni falta que le hizo a Messi para marcar el ritmo, marcar el devenir del partido y marcar un gol. El otro lo hizo Alcaser, que juega poco, pero tiene especial querencia con el Athletic.

Algo les diría Ziganda a sus jugadores en el descanso, digo yo, porque el 2-0 era un resultado demasiado tímido para lo que había hecho el Barça y lo que no había hecho el Athletic, pero por una vez salió mister Hyde, y se propició al menos una victoria moral. Está claro que para esas alturas, el Barcelona ya había hecho los deberes, así que se paró para tomar la merienda. Messi se puso en modo ‘pause’ y siempre quedará la duda de si fue antes el arreón rojiblanco o que el equipo de Valverde, para evitarle un desgarro moral a su entrenador, decidió levantar un poquito el pie.

Al menos nos quedó a los optimistas, que somos pesimistas desinformados, la oportunidad de lamentarnos, al terminar el partido, por el par de ocasiones que tuvo el Athletic para marcar. Podemos decir eso de que «mira que si llegan a meter gol, se ponen nerviosos e igual...». Lo cual no deja de ser un consuelo y una forma de justificar que a todos nos gusta más la versión mister Hyde del Athletic. Lo malo es que no sabremos si volverá, o si como en un párrafo de la novela, tenemos que escuchar las palabras del doctor Jekyll a un amigo angustiado por la cara B del médico: «No te preocupes, Hyde ya no volverá a ser visto».

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