Berizzo: el hombre firme al que Bielsa escuchaba

Marcelo Bielsa, durante su etapa en el Athletic. /LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Marcelo Bielsa, durante su etapa en el Athletic. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

Serio y exigente como lo fue de jugador, Eduardo Berizzo aprendió de su maestro una ética del trabajo y unos principios futbolísticos, pero ha acabado desarrollando su propia personalidad

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Si cada vez que llega a un nuevo club a Eduardo Berizzo le preguntan de un modo u otro por Marcelo Bielsa, es fácil imaginar que, cuando se presente hoy con el Athletic, el interrogatorio será un pequeño bombardeo. La figura del 'Loco' sigue siendo muy alargada en el club bilbaíno y es lógico que la llegada del que fue uno de sus mejores discípulos, un hombre al que el rosarino siempre ha respetado y escuchado, dispare la curiosidad. A la espera de que el 'Toto' declare lo que tenga que declarar sobre su maestro –sería muy interesante, por ejemplo, saber si le ha pedido opinión sobre los jugadores de la plantilla rojiblanca–, hay unas palabras suyas de 2014, justo cuando llegó a España y se hizo cargo del Celta, que definen muy bien la relación entre ambos. «Bielsa me enseñó que las cosas se construyen desde el trabajo, la preocupación de quererlas hacer cada vez mejor, de perfeccionamiento, desde la planificación y el estudio. Me enseñó que hay que saber exactamente el por qué de las cosas», aseguró.

Esta es la herencia. Hablamos, pues, sobre todo, de una ética del trabajo cuya enseñanza nos obliga a remontarnos a mediados de los años ochenta. Fue entonces cuando Berizzo, junto a otros chavales de las provincias de Santa Fe y Córdoba como Batistuta, Pochettino, Gamboa, Saldaña, Ruffini o Darío Franco, fue captado por Marcelo Bielsa y Jorge Griffa para formar parte de las categorías inferiores de Newell's Old Boys. Aquellos chavales que acabarían siendo campeones trabajaban como galeotes. Algunos tenían que ir a los entrenamientos con palos de escoba que robaban a sus madres para que el 'Loco' pudiera llenar el campo de picas. Todo aquel estricto aprendizaje se fue sedimentando y, con el paso de los años, dejó en ellos un relieve en forma de principios básicos que todos siguen respetando como si fueran mandamientos sagrados: máxima exigencia, solidaridad, sacrificio extremo, compromiso colectivo, respeto al balón y valentía para arriesgar buscando la iniciativa del juego.

Marcelo Bielsa hizo escuela y dejó muchos discípulos, pero la afición del Athletic, la que ahora se pregunta cómo será su nuevo entrenador, no debería confundirse en sus expectativas, ya sean buenas o malas. Bielsa sólo hay uno. No hay nuevas versiones. Con él se rompió el molde. Lo que hay son exfutbolistas y entrenadores que heredaron de él una idea del fútbol y unos códigos morales respecto al juego. Pero que nadie espere en el Athletic un regreso del rosarino por persona interpuesta. En absoluto. El 'Toto' no es ningún mal imitador de alguien inimitable. Ya era entrenador cuando jugaba, como recuerdan sus compañeros del Celta, que no sólo escuchaban sus órdenes feroces dentro del campo sino que le veían dar instrucciones desde el banquillo cuando Fernando Vázquez le dejaba de suplente.

Desde que en 2011 inició su carrera en solitario en Estudiantes de La Plata, Berizzo ha ido desarrollando su propia personalidad futbolística, como hemos podido comprobar viendo al Celta o al Sevilla. En el aspecto defensivo, por ejemplo, sus equipos no asumen tantos riesgos como los de Bielsa. Ni en la salida del balón ni proponiendo marcajes individuales que puedan desorganizar sus líneas. Y tampoco desprenden, por supuesto, tanto espíritu de aventura. Tanta locura. Digamos que Berizzo es más convencional. En todo. También cuando se pone delante de los micrófonos.

Lo que sí podemos dar por descontada es una pretemporada tan dura como la de 2011. Si algún jugador rojiblanco tiene dudas de lo que le espera cuando vuelva al trabajo en julio, que pregunte a sus compañeros del Celta o el Sevilla. O a los del O'Higgins chileno, con los que el 'Toto' logró sus primeros éxitos como técnico. En A Madroa todavía se recuerda aquel verano de 2014 como un breve paso por el infierno. Y es posible que en Lezama ocurra algo parecido. El técnico de Cruz Alta, un pequeño pueblo agrícola y ganadero a 125 kilómetros de Rosario, es perfectamente consciente de que buena parte de su éxito o fracaso al frente del Athletic puede decidirse en los meses de julio y agosto. Será entonces cuando deberá lograr que prenda la chispa entre sus jugadores y que éstos se animen a seguirle en un camino de ambición; justo lo que nunca pudo lograr José Ángel Ziganda. Y será entonces también cuando Berizzo tendrá que acertar con la confección de su plantilla.

Obligado a hacer una criba importante

Este va a ser su gran reto inmediato. Y no lo va a tener fácil. Bielsa, Valverde y Ziganda, sus tres predecesores, se encontraron con unas plantillas más o menos consolidadas, estables y sin mayores traumas encima. Los cambios que pudieron plantear eran de concepto, no de composición. El nuevo entrenador rojiblanco, sin embargo, se va a encontrar con unos jugadores bajo sospecha tras una temporada ruinosa que ha dejado por los suelos la reputación de muchos de ellos. No podrá hacer la limpieza general con lejía y estropajo que reclaman los socios más dolidos, pero está obligado a realizar una criba importante entre los casi treinta jugadores con los que se encontrará en su primer entrenamiento. Tendrá que apostar y elegir. Y deberá hacerlo con sentido de club y valentía. Sin cortarse un pelo, vaya. Los que conocen a Berizzo aseguran que no hay ninguna razón para dudar de él en este aspecto. Es un hombre íntegro, educado y de trato cordial. Bielsa dijo de él que era la mejor persona que había conocido en el mundo del fútbol. Ahora bien, continúa siendo aquel central firme y autoritario contra el que no convenía chocar. Orellana y N'Zonzi, uno en el Celta y otro en el Sevilla, pueden atestiguar que no es nada productivo ponerse a malas con el técnico argentino.

Ni tampoco con sus colaboradores. Juntos forman un grupo muy unido, un verdadero equipo. Ernesto Marcucci, su segundo, es un amigo de la infancia de Cruz Alta. Casi un hermano. Compartieron alojamiento en Rosario cuando Berizzo jugaba en las categoría inferiores de los 'leprosos' y Marcucci militaba en Renato Cesarini. Tuvo su momento indeseado de popularidad en diciembre, durante las semanas que Berizzo estuvo de baja después de ser operado de un cáncer de próstata. Roberto Bonano, exportero del Barça y el Deportivo Alavés, es otro de sus colaboradores. Jugaron juntos tres años en River Plate y acompañó a Berizzo en sus primeros pasos como primer entrenador en Estudiantes de la Plata y O'Higgins. En este club chileno jugaba el central Mariano Uglessich, al que el 'Toto' incorporó a su grupo cuando fichó por el Sevilla. El 'profe' Fernández, el preparador físico, es un clásico del fútbol argentino. A Marcucci le entrenó en Renato Cesarini. Carlos Kisluk le ayudará en la faceta física y entrenará los porteros.

Los que han visto trabajar a este grupo destacan su gran profesionalidad. Tienen muy bien divididas las tareas y hasta los diferentes niveles de confianza que se pueden permitir con los jugadores en función de su personalidad. Si antes de su fichaje Marcelo Bielsa sorprendió a todos en aquella videoconferencia en la que demostró el profundo conocimiento que tenía de los jugadores del primer equipo y hasta de las categorías inferiores, el grupo de Berizzo no le va a la zaga. La realidad, por mucho que en Ibaigane no hayan soltado prenda hasta la fecha, es que llevan dos meses trabajando. Se han visto todos los partidos del equipo de Ziganda, también del Bilbao Athletic, y han seguido a los cedidos y hasta los juveniles más prometedores. Que tras haber hecho acopio de tanta información, Berizzo haya decidido aceptar la oferta del Athletic y no otras que le han llegado no deja de ser una buena noticia para empezar.

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