Berizzo llega a Bilbao con una «idea de juego de ataque»

Athletic Club

El nuevo entrenador rojiblanco ha realizado sus primeras declaraciones tras visitar las instalaciones de Lezama

Javier Muñoz
JAVIER MUÑOZ

«No es un hombre de demostrar mucho, pero está más radiante que nunca». Así fue descrito el entrenador argentino Eduardo Toto Berizzo (Cruz Alta, departamento de Córdoba, 1969) por su esposa Valeria en 2013, cuando el técnico acababa de ganar la Liga chilena con el club O'Higgins de Rancagua. Fue allí donde puso en práctica por vez primera las enseñanzas recibidas de Marcelo Bielsa, del que había sido ayudante en la selección chilena, aunque él crearía «su propia metodología de trabajo», según puntualizó su madre, Marta Magnolo, a la periodista Lorena García Calvo.

Sobre el temperamento del Berizzo-entrenador, una profesión a la que llegó tras una larga trayectoria como futbolista (1993-2006), y tras haber renunciado a los estudios de abogacía siendo un muchacho, se ha publicado largo y tendido. Antes de entrenar al Celta, puesto que ejerció desde 2014 a 2017, había ejercido un liderazgo ese club como jugador. Fue en la década anterior, entre 2000 y 2005, y dejó tal impronta en el vestuario y entre los directivos y la afición que Balaídos coreó su nombre cuando un día regresó al estadio vigués, esta vez enrolado en el Cádiz. Más adelante, en su etapa en el banquillo gallego, quienes lo trataron se encontraron con «un hombre austero, profesional, viviendo exageradamente para el fútbol». La prensa local, el Faro de Vigo, por citar un caso, escribió de él que en su relación cotidiana con los jugadores es «sereno, carismático, sensible, líder en la acción y en la palabra, con la que es preciso y elegante».

El fútbol de Berizzo, y el de su ayudante, Roberto Bonano, es un 4-3-3 fruto de un análisis del juego rayano en la obsesión. Los pilares de sus proyectos deportivos siempre son el empuje y el compromiso, palabras que repite de forma constante ante los medios. Cuando dirigió el Sevilla, la afición vio en él a un técnico cercano a los futbolistas, pero sin caer en la complacencia. No le tembló el pulso para disciplinar al francés Steven N'zonzi cuando se le salió de los raíles. Entonces antepuso el interés del vestuario, y lo mismo que cuando llevó las riendas del Celta, donde actuó de forma aún más expeditiva con el delantero chileno Orellana –literalmente lo echó del club–. Y todo porque consideró que este futbolista había incurrido en una grave falta de respeto (se dice que desoyó una indicación suya con una grosería).

«Buen sabor de boca»

Berizzo se mudó de Vigo al terminar su contrato dejando un recuerdo de fútbol ofensivo, pero también de encajador de goles. Su reto inmediato fue reemplazar el año pasado a su compatriota Sampaoli en Sevilla. Allí superó un cáncer de próstata, pero no pudo pasar de diciembre en el cargo y completar su primera temporada andaluza. Un empleado sevillista insiste en que, a pesar de todo, dejó «un buen sabor de boca», y atribuye su sustitución por el italiano Vincenzo Montella, tras una mala racha de resultados, a la falta de suerte. «Creo que las rotaciones para los partidos de Champions lo perjudicaron –explica ese empleado–. Cambiaba a siete u ocho jugadores de un día a otro, y la impresión era que la plantilla se relajaba, que un futbolista sabía que si no jugaba una vez, no había problema, porque lo haría la siguiente».

El público del Sánchez Pizjuan veía siempre el esquema 4-3-3 sobre el césped, sólo con un punta. «Su idea es ser dueño del balón, jugar siempre en campo contrario, presionar muy arriba», recuerdan en Sevilla, donde matizan que el entrenador hizo un esfuerzo para equilibrar defensivamente a su equipo y disipar el recuerdo del Celta. A orillas del Guadalquivir piensan que lo puede tener más fácil en el Athletic, porque la próxima temporada no tendrá que disputar una competición europea, como le ocurrió José Ángel Ziganda con la Europa League. «Aquí, a Berizzo le pasaron factura las rotaciones», concluyen en Sevilla.

Sea cual fuere el club donde haya recalado, el común de las opiniones sobre el argentino subrayan su exquisitez y su claridad. «Dejó una gran sensación en Sevilla –aseguran en ese club–. Como persona y como entrenador. Es un hombre educado y siempre pendiente de todos». También aseguran que Berizzo colabora y se adapta a la entidad. Y nadie como su madre, la profesora jubilada de Literatura, Marta Magnolo, para describir cómo aborda el nuevo entrenador del Athletic cada reto que se le presenta. «Es un trabajador, no es un improvisado, lo que hace, lo hace muy seriamente (...) pone en las cosas todo lo que hace falta, busca lo mejor».

El público del Sánchez Pizjuan veía siempre el esquema 4-3-3 sobre el césped, sólo con un punta. «Su idea es ser dueño del balón, jugar siempre en campo contrario, presionar muy arriba», recuerdan en Sevilla, donde matizan que el entrenador hizo un esfuerzo para equilibrar defensivamente a su equipo y disipar el recuerdo del Celta. A orillas del Guadalquivir piensan que lo puede tener más fácil en el Athletic, porque la próxima temporada no tendrá que disputar una competición europea, como le ocurrió José Ángel Ziganda con la Europa League. «Aquí, a Berizzo le pasaron factura las rotaciones», concluyen en Sevilla.

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