A brochazos gordos

Aduriz marcó ayer su octavo gol en la Liga y lleva la mitad de los anotados por el equipo. / Luis Ángel Gómez

Hasta que los rojiblancos no se mentalicen de que lo mejor para ganar es jugar a ganar, lo van a pasar mal en cada campo que visiten

JON RIVAS
Lunes, 11 diciembre 2017, 09:38

Temporal, qué temporal? Termina el partido de Valencia y parece que llueve menos. Hay incluso quien ve salir el sol en medio de la noche cerrada, aunque ni siquiera sea la luna porque las nubes cubren el cielo. 'Ana', que así se llama la tormenta otoñal, se convierte en alguien más de la familia durante algunos minutos, hasta que remite el subidón de los tres puntos conseguidos a base de brochazos gordos en una pared enferma de gotelé, porque es evidente que a un partido con un gol de penalti y otros dos en propia puerta no se le puede calificar de monumento al fútbol. No al menos al del Ciutat de Valencia.

Pero acabó de la mejor forma, y en estos momentos tal vez ya no se puedan pedir exquisiteces al equipo de Ziganda, que empezó y acabó razonablemente bien, pero sufrió por medio ese temor a perder lo conseguido que la mayoría de las veces le ha abocado a perderlo. Hasta que los rojiblancos no se mentalicen de que lo mejor para ganar es jugar a ganar, lo van a pasar mal en cada campo que visiten. Al menos, esta vez no sucedió como en Málaga o La Coruña.

Pero fijémonos en los aspectos positivos, que se pueden centrar -al margen de los tres puntos-, en la aparición en la media punta de Óscar De Marcos, que empieza a ser otra vez uno de los imprescindibles del equipo después de las lesiones. Llevaba mucho tiempo desterrado en la banda, donde desplegaba sus virtudes, sin embargo, cuando se mueve por todo el frente del ataque es otra cosa. Bielsa le colocó allí y fueron sus mejores temporadas; Valverde, que al principio no sabía qué hacer con él, tuvo la inteligencia suficiente como para darse cuenta de que era un activo muy importante para el equipo y le dio plaza fija en el once titular, aunque como lateral.

Y si llega a tener que jugar de portero, lo habría hecho. Recuerden el detalle, que pasó casi desapercibido: cuando se retiró Gurpegui, De Marcos decidió cederle el número 10 a Muniain y quedarse con el 18 del capitán. En el reparto de la herencia no le hizo falta reclamarle al notario el compromiso de su excompañero, porque andaba sobrado. Ayer, en Valencia, bulló como en sus mejores tiempos. Susaeta encontró un aliado. Como Raúl García en la jugada del penalti. Volvió locos a los defensas del Levante durante 45 minutos con sus apariciones desde el espacio exterior.

Levante - Athletic

Sin embargo, en la segunda parte Ziganda retrasó su posición. Morales le estaba haciendo un roto a Balenziaga y allí tuvo que aparecer De Marcos para dar sus brochazos en defensa. El Levante cargó con todo lo que tenía y el Athletic repitió malos hábitos y dio un pase atrás. Durante muchos minutos a los espectadores nos dio la sensación de que para cada pelota en juego había un jugador rojiblanco sumido en la duda: ¿vas tú o voy yo? y los valencianos se las llevaban todas. Hasta que anotaron, claro, en una acción de fuera de juego en la que Laporte le marcó a Kepa.

Era volver a empezar otra vez, y de nuevo el Athletic fue un equipo valiente, empujado por la frescura de Mikel Rico, otra vez imprescindible. En unos minutos disparó al poste, robó media docena de balones e inició la jugada del segundo gol, el segundo de la noche en fuera de juego. Otro brochazo para pintar la pared. ¿Temporal, qué temporal?

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