Una buena conjura en el athletic

A los rojiblancos les vendría bien una puesta en común sincera de los problemas del equipo

Una buena conjura en el athletic
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Una de las iniciativas más comunes entre los jugadores de un equipo en crisis es reunirse por su cuenta, sin el cuerpo técnico de por medio, generalmente en torno a una mesa. Como los periodistas somos aficionados a los relatos de misterio, las llamamos conjuras. Todos hemos visto imágenes de futbolistas entrando o saliendo de alguno de esos restaurantes exclusivos donde el precio de una aceituna rellena es mayor que algunas pensiones de viudedad. Los periodistas les esperamos en la puerta y les lanzamos preguntas al aire que ellos nunca contestan porque, en teoría, la cita es secreta y la confidencialidad debe ser absoluta. La realidad es que están encantados de que les veamos allí, sigilosos como espías rusos, demostrando lo que les preocupa la situación, de que son gente seria e implicada que sangra por la misma herida que los aficionados.

En el Real Madrid, el Barça o el Atlético, por ejemplo, estos gabinetes de crisis son casi un remedio homeopático para los malos momentos. También lo han sido algunas veces en el Athletic, aunque aquí la discreción siempre ha sido mucho mayor. La verdad es que no recuerdo imágenes de futbolistas rojiblancos saliendo de un restaurante tras una buena conjura. Se cuidan muy mucho de hacerlas en lugares reservados, de manera que la noticia de su celebración no se transmite en directo sino al cabo de horas o días.

Digo todo esto porque me hace ilusión imaginar que, durante este parón liguero, mientras la hinchada rojiblanca ya empieza a pensar en hacer rogativas, los jugadores del Athletic se están reuniendo en secreto, diciéndose las cosas a la cara, animándose los unos a los otros. Y es que quiero suponer que son los primeros extrañados de verse en un estado tan precario y practicando un fútbol cuyos efectos tóxicos ellos son los primeros en sufrir. No sé si el equipo podrá cambiar su rumbo, pero que lo haga pasa por hablar con sinceridad, sin egoísmos ni tapujos, por hacer una puesta en común del problema y llegar a una solución de consenso con su técnico, el primer interesado en salir de una crisis de la cual él sería la primera víctima.

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