¿Ha hecho una buena gestión Urrutia?

Si en años precedentes puede darse un aprobado y en algunos casos un notable, el último curso ha sido un desastre por la inacción de los responsables

¿Ha hecho una buena gestión Urrutia?
Jon Rivas
JON RIVAS

Cuando se cuestiona la trayectoria de la directiva de Josu Urrutia en la gestión del club, se apela con insistencia a la economía, a que el Athletic está en una situación boyante, sin deudas, con dinero en la caja, y sin aumentar las cuotas de los socios desde hace algunos años. Todo eso es cierto. Sin embargo, la gestión no es solo eso.

Todos los presidentes que han precedido a Urrutia han tenido que hacer equilibrios en el alambre para cuadrar los números, y cuando digo todos, es todos; desde que se fundó el club en 1898. Basta remitirse a las hemerotecas. Los periódicos de cada época daban cuenta de las asambleas del Athletic y cómo, con altibajos, cuadraban los números más o menos, entre otras cosas, porque los ingresos dependían solamente de los socios y la venta de entradas, así que los grandes clubes construían grandes estadios. El despegue del Real Madrid y el Barcelona se cimentó, en buena medida, tras levantar el Santiago Bernabéu y el Camp Nou.

Esto sucedió hasta mediados de los años noventa, cuando a los ingresos habituales -entre los que hay que incluir el traspaso de jugadores que se hacían para cuadrar los balances- se empezaron a sumar los de la televisión. Aún así, no cubrían ni la mitad del presupuesto.

Fue con Urrutia cuando se rompió esta tendencia. De golpe y porrazo, los ingresos por televisión se multiplicaron. Con Macua como presidente (hace siete años), el Athletic cobraba 19 millones anuales; en la temporada 2016-2017, ingresó 71 millones, casi cuatro veces más. Y al menos el contrato que gestionó Macua se lo trabajó Lamikiz años antes. Ahora el dinero viene del reparto de la LFP.

No vamos a hablar de los ingresos por fuga de futbolistas: 141 millones de euros por Javi Martínez, Ander Herrera y Aymeric Laporte. Si no se pueden achacar a la directiva que no consiguieran fidelizarlos, tampoco vayamos a considerar un mérito que abonaran, como correspondía, su cláusula de rescisión.

¿Es todo esto una buena gestión económica? Pues hombre: ni se lo han llevado crudo a sus casas, ni han derrochado, ni han dejado de pagar a Hacienda. Si a mí me toca el Euromillón, se podrá decir que tengo mucha suerte, pero tal vez no que haya protagonizado una gran gestión económica por haber invertido cinco euros en dos columnas para el sorteo.

Pero como el Athletic es un club de fútbol y no una empresa, los beneficios que se le exigen a un gerente o al consejero delegado se convierten en este negocio en éxitos deportivos, y está claro que si en años precedentes tal vez se pueda dar un aprobado a la gestión de la directiva presidida por Urrutia y en algunos casos un notable, la última temporada ha sido un desastre, por la inacción de los responsables, de quienes tenían que haber tomado medidas, tal vez drásticas, para evitar el desastre en que se convirtió el curso deportivo.

La estructura del club cayó en la autocomplacencia. ¿Cómo es posible que no saltaran las alarmas cuando uno de los pesos pesados del vestuario, Ander Iturraspe, apuntó en septiembre que el equipo en el que juega tiene un mérito brutal? Que, por cierto, no hacía sino repetir lo que él mismo había dicho varias veces. Conformismo alimentado por la falta de competencia. Mirar al espejo y decir: 'mecachis qué guapo soy'. Claro, no llega ningún guapo de otro vestuario, y los fichajes se hacen con la ingeniosa fórmula inventada por el Athletic de pagar a tocateja y recibir la mercancía meses después. Además, para darle ejemplos de fidelidad a Kepa, el club se enzarzó en una vorágine de renovaciones, algunas de ellas sin sentido de la proporción. Menos mal que la despedida de Laporte activó la maquinaria para la llegada de Iñigo Martínez.

¿Y con el entrenador?

Urrutia tuvo que elegir entre la ética y la estética y escogió lo segundo. A sabiendas de la falta de conexión de Ziganda con los futbolistas, prefirió dejar que todo se pudriera a su alrededor para montar un paripé y agradecerle los servicios prestados a final de temporada, pese al mal juego, los malos resultados, las gradas vacías y las pitadas neutralizadas por el himno a todo trapo. Pero solo es un maquillaje, porque, al fin y al cabo, lo que ha hecho es darle la patada en el trasero con buenas palabras. Le han despedido, que quede claro, y para todo esto, escondido en la lealtad a un amigo -que cobrará todo el contrato como si no lo fuera-, ¿no hubiera sido mejor hacerlo hace meses e intentar otra cosa? Lo ético, lo honrado, hubiera sido reconocer la equivocación y cambiar el rumbo, pero nadie se movió en Ibaigane.

¿Es todo eso una buena gestión? Parece más una mala indigestión.

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