La carretera limpia

La carretera limpia
Jon Rivas
JON RIVAS

Es difícil ponerse en la piel de los automovilistas que llegan a un peaje, preguntan por el estado de la carretera, reciben el visto bueno después de pagar y unos kilómetros más tarde se encuentran con un monumental atasco y toneladas de nieve que bloquean la ruta y les obligan a pernoctar dentro del vehículo. La sensación debe ser horrorosa. Permítanme el atrevimiento de decir que a veces sucede lo mismo en un campo de fútbol. Compras la entrada, la entregas en la puerta, se abre la barrera del torno mientras te sonríe el txapelgorri, y ya en la grada, cuando crees que todo va a ir bien, te encuentras con el atasco del campo.

Un partido de fútbol es como la caja de bombones de Forrest Gump, que cuando la abres, no sabes el que te va a salir. Lo del atasco es peor, desde luego.

Claro que las autopistas tienen doble sentido, como los partidos de fútbol, y el hecho de que exista atasco en uno de ellos no implica que las máquinas quitanieves no hayan pasado por el otro lado. Por eso en San Mamés, mientras los rojiblancos circulaban con mayor o menos fluidez con la carretera limpia, según los momentos del partido, los blanquiazules se toparon con un embotellamiento fenomenal. Ziganda y los suyos parecían tener estudiada la situación, hasta con las quitanieves preparadas y las salidas alternativas previstas. Abelardo y su tropa entraron al campo a verlas venir, sin cadenas para la nieve y con poca gasolina en el depósito.

Por momentos, el equipo rojiblanco recuperó las hechuras de sus mejores partidos de los últimos años. Es cierto, sí, que el primer gol del Athletic en un córner de la presente Liga, llegó después de que el remate de Xabi Etxeita rebotara en Maripán; se pueden lamentar los alavesistas de que el árbitro señalara el penalti un tanto dudoso que transformó Aduriz, pero también es verdad que el mejor jugador del Alavés fue Pacheco, su portero, que salvó tres balones de gol.

Porque el Alavés se metió alegremente en el atasco, como si el partido fuera el tramo de la AP-68 entre Vitoria y Bilbao, y la sonrisa del encargado del peaje resultara suficiente como para enfrentarse al temporal de San Mamés, que ni siquiera fue tal, sino una ligera tormenta que desarboló a los vitorianos.

Así que los varios centenares de aficionados albiazules que atravesaron el torno de La Catedral se encontraron con el atasco, mientras que los miles de rojiblancos comprobaron la fluidez de la vía por la que circuló el Athletic, que pese a que el juego en general no haya sido como para sacar las fanfarrias y tocar la marcha triunfal, lleva siete partidos de Liga sin perder. Decía Ibai en la víspera que si conseguían igualar la intensidad del Athletic podrían ganar, pero no lo hicieron.

El equipo de Ziganda fue intenso y a veces profundo, y la afición, como quien observa el paisaje nevado desde la ventanilla del coche a velocidad de crucero, disfrutó de lo que veía, y se dedicó a hacer pequeños homenajes: a Susaeta, que sigue ‘on fire’, a Laporte, a Raúl García y Aduriz, y sobre todo a Yeray, que no saltó al campo, pero recibió la ovación de la tarde cuando se puso a calentar en mitad del partido.

El año rojiblanco comienza bien, los puestos oscuros se alejan ya bastante y todo va más o menos de forma aceptable. Todo menos lo que se cuece alrededor de Kepa, que se está pasando de cocción.

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