La cláusula de Capa

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

El traspaso de Capa al Athletic no pasará a la historia por su importancia deportiva, pero quizá sí por sus formas, tan extrañas. Hasta ahora, las explicaciones de Ibaigane nos habían obligado a encogernos de hombros y, aceptando pulpo como animal de compañía, tragarnos que el Athletic no se había enterado de que Capa había renovado en junio. O dicho de otro modo: de que en 2018 ya no quedaba libre.

De ahí que hubiera que apoquinar con un traspaso de tres millones. Ayer habló Fran Garagarza, director deportivo del Eibar, y la acabó de liar. Esos tres millones no eran realmente un traspaso sino el pago de la cláusula de rescisión de jugador. Eso sí, una cláusula de chichinabo. «Blanda», en palabras de Garagarza. En realidad, puesta exprofeso para que el Athletic la ejecutara. Esa pinta tiene, desde luego, pero no sigamos por ahí y volvamos al nuevo interrogante que ahora se plantea. Si el Athletic ha abonado una cláusula, ¿por qué no se ha traído ya al jugador?

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