Comodidades

Ziganda debería preguntarse cómo va a estar su equipo a gusto en el campo jugando como juega

Lunes, 18 diciembre 2017, 12:22

Cada vez se me hace más difícil saber a qué atenerme con Ziganda, cuya figura como entrenador me resulta más misteriosa de lo que nunca hubiese imaginado. Es tal la diferencia entre lo que dice y lo que hace, entre su teoría y su praxis, entre sus deseos y la realidad del equipo, que ya no sé qué pensar. Y no se trata de algo agradable, la verdad. A estas alturas, es una duda molesta. Al fin y al cabo, estamos en vísperas de la Navidad, es decir, en la antesala del turrón, que en el fútbol es mucho más que una rica mezcla de miel y almendras. Es una frontera temporal, el primer gran peaje que debe pasar un técnico. (Bueno, en realidad, esto era así en los viejos tiempos, cuando era muy raro que se cesara a un entrenador antes de diciembre. Ahora se podría vaticinar que fulanito de tal no llega a la vendimia. Y es que las guillotinas de los banquillos se accionan con mucha más antelación. A algunos técnicos, de hecho, los echan antes de que sus hijos empiecen las clases en el colegio, lo cual puede ser una ventaja). Pero a lo que íbamos. ¿A qué atenerse con ‘Cuco’. A veces me parece un capitán de barco, serio y digno, que intenta mantener la calma mientras capea el temporal; otras, un incomprendido al que sus futbolistas no acaban de entender; otras, un pobre hombre incapacitado para el puesto y sobrepasado por las circunstancias; en ocasiones le confundo con uno de esos vendedores de crecepelo que salen en las películas del Oeste...

A mi confusión contribuyen decisivamente sus declaraciones después de los partidos. El sábado, en la sala de prensa de San Mamés, mientras escribía la crónica del derbi, le escuché decir que el Athletic no había estado «cómodo». Lo dijo en tono autocrítico, reconociendo el mal juego de los suyos en un partido al que consideró «el peor de los seis o siete últimos» que han disputado en la Liga. Que ya es decir teniendo en cuenta que ese plazo incluye joyas del terror como las visitas a Leganés y Vigo.

Todo indica que el Athletic va a centrarse en salvar los muebles de aquí a final de temporada

Cómodo. El adjetivo se me quedó dentro y empezó a girar, como un ratoncito en la rueda de su jaula, llenándome de preguntas. Pero, ¿cómo iba a estar cómodo el Athletic jugando de esa manera y demostrando el miedo a perder que demostró en la última media hora? ¿Se puede estar cómodo desnudo de argumentos, a la intemperie en una noche tan desagradable? Me acordé del personaje de un cuento de Saul Bellow, aquel repartidor de flores al que una buscona le seduce para robarle la ropa y todas sus pertenencias. El pobre tiene que salir a la calle medio en pelotas, bajo la nieve y el viento helado de Chicago, para volver a casa, donde su madre se está muriendo. ¿Podía estar cómodo ese chaval?

Partamos de una base. La comodidad no existe en el fútbol. En ningún deporte, en realidad. Nada que requiera de grandes dosis de esfuerzo y sacrificio puede considerarse cómodo. Pero todos nos entendemos. En el fútbol, comodidad es sinónimo de dominio, de superioridad, es la grata consecuencia de que un equipo imponga su estilo y sobrepase a su rival en las facetas esenciales de juego. Pues bien, jugando como juega el Athletic, ejercer ese dominio es directamente imposible. Puedes lograr momentos puntuales de superioridad avasallando al rival con un gran despliegue físico y emotivo, pero poco más. Sin una idea clara de fútbol que no sea la de no perder el balón en posiciones cercanas a su portería, para lo cual tienden a alejarlo rápidamente en dirección a la contraria, jugando a trancas y barrancas, los rojiblancos están condenado a sufrir, a vivir una experiencia agonística y penitencial del fútbol. ¿Comodidad? La misma que un minero picando boca abajo en una galería con su martillo mecánico.

Viendo cómo se desarrolló el derbi y, en general, la marcha del Athletic, creo que lo mejor, desde luego lo más inteligente y saludable, va a ser acostumbrarnos a las incomodidades de aquí a final de temporada. Me gustaría pensar que el equipo va a despegar, que Iturraspe y Beñat sanarán y darán otra dimensión al equipo a partir de enero, que se podrá hacer una gran segunda vuelta, pero sinceramente no lo acabo de ver. Mucho me temo que la mala clasificación y la pobreza sangrante de su juego van a condenar al Athletic a hacer a partir de ahora una apuesta estrictamente pragmática y cortoplacista.

Aquí la obsesión va a ser salvar los muebles amarrando puntos de la manera que sea, sin pensar en otra cosa. Resultado, amigo. En fin, que no me extrañaría que termine la temporada y todavía no sepa a qué atenerme con Ziganda. Porque si las cosas marchan como hasta ahora seguro que no deja de reconocer, tras los partidos, que su equipo no ha funcionado y no ha estado cómodo.

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