Creer

Los rojiblancos son un equipo que lucha y tiene fe en que todo es posible

Guerrero, Andrinua y Ziganda celebran la remontada ante el Anorthosis en 1994./e. c.
Guerrero, Andrinua y Ziganda celebran la remontada ante el Anorthosis en 1994. / e. c.
JULEN GUERRERO

Creer: considerar una cosa como posible o probable, sin llegar a tener una certeza absoluta de ello. Esto lo que necesitamos todos para que esta tarde se pueda dar la vuelta a la eliminatoria. Lamentablemente, esta temporada la remontada parece más probable que posible. Pero puede que hoy toque caminar por el sendero de la incertidumbre y realizar, cual Indiana Jones, un salto de FE. Y todos y todas debemos comulgar de ese salto. El ambiente de optimismo será necesario aún a sabiendas de lo complicado de la empresa y que el Marsella tiene un resultado muy favorable.

Pero ni sería la primera ni será la última vez, si es que se supera, que se consigue dar la vuelta a una eliminatoria con un 3-1 en el partido de ida o con dos goles en contra. La primera eliminatoria que jugué en Europa fue frente al Anorthosis, en septiembre de 1994, y remontamos un 2-0 en contra. En Chipre no hicimos un buen partido, pero en la vuelta salimos convencidos de poder darle la vuelta a la eliminatoria, y eso que había que hacer tres goles sin encajar ninguno. Y lo conseguimos. La convicción es un poderoso elemento. Condición necesaria aunque no suficiente.

Fue un partido con mucha pasión, basado en un acoso constante desde el pitido inicial. Para el minuto 17 conseguimos el primer gol, cuando rematé con la izquierda un balón cruzado dentro del área. El segundo llegó en el minuto 24, con un autogol. Para el tercero hubo que esperar hasta el último minuto, cuando Genar Andrinua marcó con la cabeza e hizo justicia a los méritos de uno y otro equipo. Teníamos claro que iba a ser complicado y para muchos era nuestra primera eliminatoria en Europa, pero sabíamos que íbamos a tener nuestras posibilidades y afortunadamente salió bien.

Hoy toca intentarlo contra el Olympique, un equipo que baja mucho su rendimiento fuera de casa. Esta temporada, de los seis partidos que ha disputado en Europa fuera de Marsella no ha ganado ninguno, con tres derrotas y tres empates. Su línea más débil es la defensiva, lo cual da esperanzas de que si se consigue llegar a su portería se les puede hacer mucho daño.

Es cierto que cuando te roban el balón, sobre todo si consiguen conectar con Payet -el cerebro, el que piensa, el que asiste-, tienen jugadores rápidos, verticales y que en estos momentos están pasando por un buen momento, y generan ocasiones sin tener que elaborar demasiado las jugadas. Aprovechan muy bien los errores del rival, sobre todo en zonas comprometidas del centro del campo, y el Athletic, esta temporada, sufre mucho en el retorno, en el balance ataque-defensa, cada vez que pierde el balón. El mismo partido de ida, en Marsella, es un ejemplo claro.

El partido dura 90 minutos. Dos goles se pueden conseguir en cualquier momento, y el Athletic -cuerpo técnico, jugadores, afición-, históricamente, es un equipo de luchar, de perseguir, de no dar un resultado por perdido y de creer y tener fe en que todo es posible. Hasta el pitido final.

Athletic - Marsella

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