crispación bética, ansiedad rojiblanca

Al Athletic le tocó el gordo que suele tocar en el fútbol: ganar un partido que parece torcido. A veces pasa

De Marcos e Iturraspe se abrazan felices por la victoria./
De Marcos e Iturraspe se abrazan felices por la victoria.
JON RIVAS

A veces toca. La lotería, digo. Y lo supongo, por lo que veo en la televisión y leo en los periódicos. Seguro que un premio gordo permite que la Navidad sea más alegre. El año que viene probaremos otra vez. El Athletic también lo hizo, jugó y le tocó el gordo que suele tocar en el fútbol: ganar un partido que parece torcido. A veces pasa, ya digo, aunque parecía que ayer no iba a ser, porque las primeras bolas que salieron del bombo caían siempre del lado del Betis.

Durante casi media hora fue el mundo al revés. El equipo de Quique jugaba con más intensidad que el de Ziganda, y eso ya es noticia, porque por tradición, las cosas suelen ocurrir al contrario en un duelo que se repite desde hace décadas. Los balones disputados, los saltos de cabeza, los despejes, siempre eran verdiblancos.

En el colmo de los despropósitos del Athletic, que perdió todas las pelotas en el medio campo, un córner del Betis lo remató Iturraspe hacia su puerta y el rebote en De Marcos acabó medio dentro -o medio fuera-, de la portería de Herrerín, que metió una mano salvadora, como ya había hecho un rato antes. Los béticos pedían el VAR y entre los athleticzales hubo muchos que meditaron irse a tomar algo. Pero los bares con ‘b’ también tienen enchufado el partido, así que no hay escapatoria.

A partir de ese momento, con fortuna para el Athletic, el Villamarín entró en un estado de crispación. En las gradas y en el césped. El público pidió media docena de manos y los jugadores béticos hicieron lo mismo. La habitualmente risueña familia verdiblanca llegó al unísono a la conclusión de que el árbitro tenía la culpa de todo, y eso suele ser un mal síntoma.

Así que el Athletic pescó en un Guadalquivir muy revuelto, cuando en el colmo de la crispación, Amat decidió pegarle una patada a Laporte en el peor sitio y en el peor momento, dentro del área, con el balón en juego y el árbitro a dos metros. Penalti, expulsión y gol de Raúl García. Un estropicio para el Betis, una bendición para el Athletic, que sin embargo, siguió sin creérselo del todo, al menos hasta el comienzo de la segunda parte, cuando a alguien se le ocurrió contar y se dio cuenta de que el Betis jugaba con diez.

El Villamarín seguía en ebullición. Sólo Herrerín conservaba la cordura. El portero del Athletic completó un partido impecable. Cuando a sus compañeros les flojeaban las piernas a él se le endurecían las manos. Si la defensa encogía el estómago, él sacaba pecho hasta partírselo. No está Kepa, pero no hay debate. Iago cumple con su trabajo, que está siendo perfecto, hasta en la salida al contragolpe.

Al Athletic le tocó la lotería cuando el Betis se ofuscó, y a De Marcos le cayó la pedrea en el segundo gol. Feddal se quedó pidiendo otro fuera de juego que no era, como había protestado antes penalties y faltas inexistentes, y cuando llegó a cerrar el pase sólo pudo meter la cabeza al toque del jugador rojiblanco, para marcar en su portería y aliviar la ansiedad del Athletic, que era ya considerable a esas alturas del partido.

Entre la ansiedad rojiblanca y la crispación bética se jugaron 90 minutos que beneficiaron a los hombres de Ziganda. Las vacaciones de Navidad, con el gordo del Villamarín son más felices.

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