A rebufo de De Marcos

A rebufo de De Marcos

Dos meses después de su última victoria en Liga, el Athletic alivia sus penas ganando al Levante con el jugador alavés como protagonista

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Era inevitable observar el partido del Athletic de este domingo con inquietud. Vistos los resultados de la jornada, la disyuntiva era brutal. O ganabas y salías huyendo de la quema o perdías y empezabas a chamuscarte en las calderas del fondo de la tabla. La victoria ante el Levante, en fin, era una obligación para un equipo en crisis y para un proyecto, el de Ziganda, al que ya le quedaban muy pocos comodines. Desde esta perspectiva, el 1-2 ante el Levante en el Ciutat de Valencia hay que celebrarlo por todo lo alto. Es justo lo que necesitaban los rojiblancos, que llevaban dos meses sin ganar en la Liga y no podían continuar con esa inercia suicida. Que el partido fuera malo es lo de menos. En las actuales circunstancias de frío e inanición futbolística no hay que ponerse puntilloso, de la misma manera que un hambriento no se pone a discutir porque la carne está más o menos hecha o porque el pil-pil no haya quedado bien ligado.

Lo que hay que valorar es que el Athletic dio un gran paso adelante. Bien puesto en la primera mitad, aprovechando la energía explosiva que desprendía Óscar De Marcos y la debilidad extrema de un Levante que tiene toda la pinta de ser carne de cañón en esta Liga, los pupilos de Ziganda empezaron a encarrilar muy pronto un partido que nunca debió estar comprometido. Si lo estuvo durante seis minutos eternos, entre el 73 y el 79, fue por su mala cabeza. Y es que, en la reanudación, los bilbaínos cometieron el viejo error de siempre. Se echaron atrás para especular con el resultado, dejaron que el Levante asomara la cabeza a través de su único futbolista desequilibrante, Morales, y la liaron de mala manera. 'Cuco' justificó esa actitud absurda aludiendo al cansancio acumulado por el partido del jueves en Ucrania. No es extraño, por tanto, que luego no supiera explicar cómo después de que Laporte marcara en propia puerta el 1-1, sus jugadores se fueran hacia arriba, volvieran a dominar con claridad y Postigo se acabara haciendo el 1-2.

1 Levante

Oier; Shaq Moore (Ivi, m.46), Postigo, Chema, Toño; Bardhi, Campaña; Jason, Hacen (Boateng, m.37), Morales; y Enes Ünal.

2 Athletic

Kepa; Lekue, Unai Núñez, Laporte, Balenziaga; Mikel Rico, Vesga; Susaeta (Saborit, m.81), De Marcos (Sabin Merino, m.89), Raúl García; y Aduriz (Iñaki Williams, m.70).

Goles
0-1, m.5: Aduriz, de penalti. 1-1, m.73: Laporte, en propia puerta. 1-2, m.79: Postigo, en propia puerta.
Árbitro
Estrada Fernández. Mostró tarjeta amarilla a los locales Toño, y a los visitantes Raúl García, Rico, Vesga
Incidencias
partido de la decimoquinta jornada de LaLiga Santander disputado ante 18.005 espectadores

Escenario ideal

El arranque del partido fue ideal para el Athletic, que se encontró con el mejor escenario posible. Y no sólo porque consiguió adelantarse en el marcador en el minuto 4, tras un regalo de la defensa local que terminó en un penalti sobre De Marcos que Aduriz transformó con su solvencia habitual. Lo mejor, aparte de ese gol tranquilizador, fue que el Levante no sabía por donde le daba el aire. Era un equipo al garete, con un medio centro, El Hacen, que no dejaba de pegar tiros a sus propios compañeros. Era el suyo un caso demoledor de fuego amigo y su técnico lo acabó comprendiendo y le sustituyó en el minuto 36. El Athletic, en fin, no tuvo ningún problema para imponer su superioridad durante los primeros 45 minutos. Para ello, ni siquiera necesitó realizar un fútbol preciso y contundente, aunque hay que reconocer que la primera media hora fue bastante potable teniendo en cuenta los actuales estándares rojiblancos. Realmente, al equipo le bastó con jugar con sentido y ambición y, desde luego, con aprovechar el rebufo de Óscar De Marcos, siempre veloz y afilado, indetectable para los radares del Levante. Él solito desquició a toda la tropa de Muñiz. Mereció marcar el 0-2 en el minuto 24, tras una soberbia llegada al área.

La importancia del 'Expreso de Laguardia' en el juego del Athletic no deja de ser sintomático. Como lo es también la presencia ya consolidada de Mikel Rico en el once titular. O el protagonismo que está adquiriendo Susaeta. No hace falta ser Hércules Poirot para comprender que Ziganda, en una situación casi dramática, ha optado por un tipo de futbolistas que, mas allá de sus diferencias, comparte una virtud esencial: son jugadores inagotables, hipohuracanados y mineralizados, de largo recorrido, ejemplares en su actitud. Son gente madura que sabe lo que valen los peines y contagia compromiso. Y de eso se trata en estos momentos. El 'Cuco' no quiere otra cosa. Al menos hasta que escampe y el equipo levante el vuelo.

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Esto último quedará constatado el día que el Athletic haga justo lo contrario de lo que hizo en la reanudación. Es cierto que el Levante mejoró con la entrada de Boateng en lugar del terrible El Hacen. Como también lo es que Morales cayó a al derecha y empezó a hacer mucho daño por ese costado. Entre otros perjuicios, obligó a De Marcos a olvidarse de sus aventuras en ataque y a desgastarse acudiendo al rescate de Balenziaga, que lanzó un SOS tras la primera cabalgada comanche del capitán granota. Ahora bien, ninguna de estas dos cuestiones justifica el paso atrás de los rojiblancos, de quienes no hubo noticias hasta que el Levante, a base de ganas y de vergüenza torera, superando su calamitosa capacidad de circulación, acabó empatando de chiripa. Presionado por el turco Unal, Laporte despejó hacia dentro un disparo cruzado de Ivi.

Hubo que temer lo peor. Algunos hasta comenzamos a flagelarnos pensando en que los tres puntos, ese oro en paño, podían escaparse de esa manera tan tonta. Sin embargo, el Athletic demostró carácter. No se miró la herida del 1-1 y tiró hacia arriba. Williams, que había salido por Aduriz, hizo daño con su velocidad, aunque le faltara puntería. El Levante se hundió con el 1-2. Por cierto, el pase que Postigo dirigió hacia su portería para desesperación de Oier lo dio Óscar De Marcos. Seguía corriendo.

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