Los derbis, partidos que revitalizan

Buceando es posible encontrar joyas inesperadas, como el relato del derbi de 1951. Un 7-1 al final

Viñeta del 7-1 de K-Toño. ‘Mira qué paliza’, ‘Para Benito, el mal rato, y el bueno para el Chato’... ‘¡Arriba los corazones!, ya rugen los leones’. /
Viñeta del 7-1 de K-Toño. ‘Mira qué paliza’, ‘Para Benito, el mal rato, y el bueno para el Chato’... ‘¡Arriba los corazones!, ya rugen los leones’.
Jon Rivas
JON RIVAS

Se han escrito tantas cosas sobre los derbis que es difícil no caer en el tópico, recordar los mismos partidos una y otra vez, siempre que caigan del lado de uno, claro, y olvidar los días nefastos en los que el rival indeseado te humilló. A veces los derbis no sirven para nada salvo para la polémica o el chascarrillo, en ocasiones hunden a un equipo en la depresión pero también sirven para revitalizar. Recuerdo algunos de estos, y algunos no los recuerdo porque quedan muy lejos, pero siguen ahí, en la historia y las hemerotecas. Buceando un poco es posible encontrar joyas inesperadas, como el relato del derbi de 1951. Dirán algunos: en esos tiempos, el Athletic aplastaba a la Real muy a menudo, y es casi cierto, pero no siempre.

Ese año, después del memorable Mundial de Brasil, al que acudieron cuatro jugadores rojiblancos -Nando, Panizo, Gainza y Zarra-, las cosas iban regular en la Liga. El Athletic era capaz de marcar muchos goles y acabó el campeonato con 88, después de meterle diez al Lleida, nueve al Celta, que respondió con cuatro, ocho al Alcoyano, o seis al Murcia a domicilio. Pero esa alegría en ataque se correspondía con una defensa irregular y un bajón considerable cuando los hombres que dirigía Josetxo Irarragorri, el Chato de Galdakao, jugaban lejos de San Mamés.

Así que a principios de marzo, a falta de ocho jornadas, el Athletic ocupaba plaza en el furgón de cola, con 22 puntos, a cinco de la Real Sociedad, que marchaba en cuarta posición. Una victoria en San Mamés hubiera puesto a los donostiarras, a los que dirigía Benito Díaz, el seleccionador en el Mundial brasileño, a sólo un punto de la cabeza.

Llegaban eufóricos y en San Mamés se anunciaba el ‘lleno más lleno’ de su historia. Se habían vendido todas las entradas y los periódicos daban instrucciones al público para evitar incidentes en las puertas de acceso, y eso que no existían los tornos. El campo del Athletic se estaba quedando pequeño y ese mismo día se publicaba en la prensa un anuncio del club para iniciar el concurso de ideas para su ampliación. ‘El gran San Mamés’, decían los medios. Desde luego, el rimbombante estreno de ‘Almas en lucha’, en el cine Trueba, «la historia del sacerdote que venció al diablo que le tentaba», no restaba expectación al derbi.

Por muchas razones, la Real era favorita, pero a los noventa segundos de partido, Zarra ya había marcado el primer gol para el Athletic. Ese día, Irarragorri pudo alinear a la delantera fetiche del Athletic, que entonces era Atlético de Bilbao.

Fue la gran tarde del delantero centro bilbaíno. Marcó cuatro más, mientras que Canito y Panizo completaban el festival. Un 7-1 al final. Epi consiguió el único gol de la Real, cuando sólo les quedaba a los donostiarras maquillar un poco el marcador. «¿Fútbol del bueno?», le preguntaba al acabar un reportero a Benito Díaz. «Del bueno», respondía el entrenador realista, resignado a la suerte de su equipo. Eran otros tiempos; los periodistas entraban al vestuario, o salían de él para buscar las entrevistas que se habían escapado. A Iraragorri le pillaron por la Gran Vía, camino del hotel Carlton, donde tenía una tertulia junto a otros antiguos exiliados en México durante la Guerra Civil. También le persiguió un jugador de la Real, Igoa, para pedirle un autógrafo: «Es para mi hijo». «Hemos jugado muy bien», decía ‘el Chato’, aunque luego matizaba: «Bueno, muy bien... En la segunda parte, Nando se iba demasiado hacia delante». Insatisfecho pese al marcador contundente.

Pero el protagonista era Zarra. Hasta Eizaguirre, que sufrió su avalancha de goles, lo reconocía. «Ha mejorado muchísimo con el balón en los pies. Como que he tenido que hacerle penalti. Había driblado a dos e iba a driblarme a mí».

Los realistas perdieron su oportunidad de alcanzar la cabeza, ya no tendrían ninguna más. El Athletic siguió con su irregularidad aunque fueron a mejor y acabaron con 33 puntos, a dos de la Real, pero el descenso, que marcó el Málaga con 29 puntos, no quedó demasiado lejos. Claro que peor lo tuvo el Real Madrid, que acabó con 31.

Aquel derbi revitalizó a los rojiblancos y desinfló a la Real, pero ¿quieren saber cuántos vehículos aparcaron ese 4 de marzo de 1951 alrededor de San Mamés? Fueron 829 automóviles, 45 autobuses, seis camionetas, 15 furgonetas y 9 motocicletas. Los contó José María Mateos, que además de haber ejercido durante bastantes años de seleccionador español, aquel día tuvo tiempo y humor para escribir una crónica kilométrica y dedicarse a la estadística.

Athletic - Real Sociedad

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