Otra vez será

Willliams, rodeado de rivales..
Willliams, rodeado de rivales.. / EFE

El Athletic ni consigue ganar a un Getafe en inferioridad durante media hora ni demuestra un cambio respecto a la pasada temporada

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

El debut liguero ante el Getafe del Athletic de Ziganda debía servir no sólo para sumar tres puntos en plena Semana Grande sino para constatar la mano del nuevo técnico, tomar nota de sus conceptos, vislumbrar las pautas del cambio que se avecina. Esa era al menos la idea de la mayoría de los aficionados presentes en San Mamés. Pues bien, otra vez será. Habrá que esperar tanto para lograr la primera victoria como para conocer el nuevo proyecto en ciernes.

Porque lo visto este domingo fue algo ya de sobra conocido, algo viejo y hasta cierto punto familiar: un partido tedioso en el que el Athletic se atranca ante un rival muy disciplinado que se le mete en su campo y le provoca continuos dolores de cabeza. Es cierto que la mayoría de estos choques contra paredes han terminado con victoria rojiblanca. Sobre todo, la pasada temporada. A base insistir, casi siempre caía algún golito. El problema es que esta vez no fue posible. Ni siquiera jugando media hora contra diez.

0 Athletic

Kepa; De Marcos (Lekue, m.16), Núñez, Laporte, Balenziaga (Córdoba, m.88); Susaeta, San José, Beñat, Muniain; Raúl García (Aduriz, m.61) y Williams.

0 Getafe

Guaita; Damián Suárez, Djené, Cala, Molinero; Álvaro Jiménez, Bergara (Arambarri, m.88), Fajr, Ndiaye; Gaku Shibasaki (Sergio Mora, m.73) y Jorge Molina (Ángel, m.80).

Árbitro
Melero López (Comité andaluz). Expulsó a Álvaro Jimenez, en el minuto 66, por doble amonestación (m.40 y 66). Además, mostró tarjeta amarilla al local Núñez (m.68) y a los visitantes Bergara (m.18), Damián Suárez (m.58) y Molinero (m.63).
INCIDENCIAS
Partido correspondiente a la primera jornada de LaLiga Santander 2017-2018, disputado en San Mamés ante 37.884 espectadores, según datos oficiales. Se guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas del ataque terrorista del pasado jueves en Barcelona

La culpa estuvo repartida, como casi siempre. Aduriz entró tarde al campo y poco pudo hacer. Williams y Muniain lo dieron todo, pero estuvieron muy imprecisos en el remate, sobre todo el primero. Son muchos los que se consuelan pensando que, si tuviese un porcentaje de acierto normal, no estaría en el Athletic y en días como el de este domingo se les entiende.

El caso es que al equipo de Ziganda, lastrado también por el bajo perfil de Beñat y San José y la escasa profundidad de su bandas, le faltó gol y lo acabó pagando ante un Getafe meritorio. Los de Bordalás sudaron el puntito como caldereros y pueden decir, además, que el árbitro les dejó sin señalar un gol legal en la primera parte. Un buen debut en la Liga, por tanto, el de los madrileños. No parecieron un recién ascendido sino un equipo con muchas tablas en la guerra de trincheras.

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4-4-2 académico

El Athletic, con Núñez como nueva pareja de Laporte, sabía perfectamente lo que tenía que hacer. La puesta en escena de su rival estaba cantada: un 4-4-2 académico con las líneas muy juntas, solidaridad obrera y riesgos mínimos. Los equipos de Bordalás pueden ser duros de roer, pero no engañan a nadie. Aún así, ajenos a esa evidencia, los locales tardaron un cuarto de hora en aplicarse como es debido.

Demasiado lentos, sin juego entre líneas -se diría que esperando a que Muniain apareciese donde hace daño, aunque sea a costa de despoblar la banda izquierda-, su fútbol se fue espesando sin remedio. Los aficionados bostezaban recordando tantas otras tardes similares de años anteriores en las que el Athletic se atascaba sin remedio ante contrarios del mismo perfil. Son partidos tediosos en los que los rojiblancos juegan con fuego hasta que un susto, una reprimenda o un puyazo en su orgullo les hace reaccionar.

Ayer lo hicieron poco después de que el árbitro birlara un gol al Getafe en un cabezazo de Markel Bergara a saque de falta. Kepa sacó el balón cuando ya había traspasado la línea, pero el linier no lo vio y ya se sabe que en la Liga Santander el VAR es visto todavía como un artilugio del demonio. Aquí esas moderneces no tienen predicamento y se sigue como siempre, echando serrín al suelo del bar. El Athletic lo agradeció esta vez. Otro día lo lamentará.

Aduriz se lamenta de una oportunidad perdida. / MANU CECILIO

Más combustible a la caldera

El caso es que, tras el susto, la tropa de Ziganda echó un poco más de combustible a la caldera. Lekue dio más verticalidad al equipo tras sustituir a De Marcos, lesionado, y Williams y Muniain crearon varias ocasiones ante la portería de Guaita. Sus disparos, sin embargo, se marcharon desviados o fueron atajados por el portero valenciano.

La grada lo lamentó y miró al banquillo, donde Aduriz descansaba. Estaba allí por necesidad. Hay que dosificarle como un explorador dosifica el agua de su cantimplora en el desierto. Todo el mundo lo entiende, pero da lo mismo. Se le echa demasiado de menos.

El Athletic tuvo que resignarse a llegar al descanso a cero y a esperar a la segunda parte para intentar doblegar a un Getafe disciplinado y combativo. No le perdían la cara al partido los madrileños, que hasta se permitieron disfrutar del sabor de la aventura en un par de aproximaciones con peligro. Y no sólo eso.

Muniain, rodeado de contrarios. / MANU CECILIO

Demasiado previsibles

En la reanudación, continuaron manteniendo el pulso a los bilbaínos, demasiado previsibles, fiándolo todo a los desbordes de Muniain y Williams. Y a la categoría de Kepa, por supuesto. A la hora de juego, un paradón del ondarrés tras un remate a bocajarro de Cala salvó al Athletic del 0-1. San Mamés le felicitó a lo grande. No pidió a gritos su renovación de milagro.

A este segundo susto siguió la entrada al campo de Aduriz en lugar de Raúl García y una buena noticia para los rojiblancos: la segunda amarilla de Álvaro Jiménez por un derribo absurdo a Muniain. Llegó entonces, como no podía ser de otra manera, otro clásico de las producciones futbolísticas del Athletic en su campo: el abordaje.

La búsqueda furibunda del gol, y más ante un rival en inferioridad, puede ser un espectáculo bonito o, por el contrario, muy frustrante. Esta vez tocó la peor versión. No hubo manera de batir a Guaita. Es más, salvo un tiro cruzado de Williams en el minuto 75, tras recibir una gran asistencia de Aduriz, ni siquiera se creo demasiado peligro. El fútbol del Athletic siempre fue demasiado plano. Mucha voluntad y pocas luces. Todo se reducía a buscar un centro desde la banda -Córdoba debutó en lugar de Susaeta en los últimos minutos- o rascar una falta cerca del área o un córner. Y cuando los tuvieron, no los aprovecharon.

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