El discurso alicorto de Gurpegi

Anestesia a los peñistas con el consejo de que deben celebrar la permanencia

El discurso alicorto de Gurpegi
JON AGIRIANO

Carlos Gurpegui se ha estrenado en un Congreso Internacional de Peñas del Athletic. Había alguna duda de cómo respondería el navarro en su nuevo cometido, pero ya ha quedado disipada. Ha demostrado ser un embajador fiel y aquiescente que jamás se saldrá una coma del discurso oficial. En Mérida, ante un montón de peñistas que llevan ocho meses con los ojos en blanco viendo los partidos deprimentes de su equipo, no se le ocurrió otra cosa que anestesiarles diciéndoles que la temporada no había sido la esperada pero que tampoco había que enfadarse, que todo seguía fenomenal y debían celebrar que continuábamos un año más enPrimera. Todo un ejercicio de autocrítica y ambición, vaya.

En descargo de Gurpegui, hay que decir dos cosas. Que en ese contexto tampoco se le podía exigir una catilinaria y que el suyo es un discurso viejo -pongamos treinta años-, y todavía con bastantes partidarios. Se lo he escuchado, por ejemplo, a algunos exjugadores y cada vez que lo he hecho he tenido la sensación de que arrastran un malentendido. Se presentan como defensores de una antigua tradición cuyo mantenimiento obliga al sacrificio de tener que conformarnos con la permanencia. Pero olvidan que la pura permanencia, sin más, no ha sido nunca un objetivo tradicional del Athletic, como lo es de tantos y tantos clubes modestos. En todo caso sería un objetivo nuevo que habría que imponer. Y no sería fácil porque la realidad es que la filosofía rojiblanca se impuso y triunfó porque el Athletic era capaz de ganar con ella y eso daba un doble valor a sus éxitos. A sus éxitos, insisto. Sin los títulos de los años treinta, cuarenta y cincuenta jamás se hubiera impuesto.

Cuidado, por tanto, con estos discursos alicortos que ponen al Athletic en el nivel de exigencia del Leganés. Y menos después de una temporada que nos está obligando a ir a clases de yoga para dejar de comer cerillas. Y menos después de conocer los contratos millonarios, propios de clubes de Champions, que han firmado jugadores a los que luego, por lo visto, sólo cabe pedirles la supervivencia en Primera. Resignarse a la mediocridad competitiva sería el fin del Athletic. Las nuevas generaciones no lo soportarían. Imagínense lo que serían cinco campañas seguidas como la actual. Pues eso.

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