Un trabajo bien hecho del Athletic

Un trabajo bien hecho del Athletic

Un conjunto rojiblanco concienzudo y trabajador gana con justicia el derbi de Ipurua y suma tres puntos de gran importancia antes del parón liguero

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Puede estar contento Ziganda con el comportamiento de sus jugadores en el derbi de Ipurua, el primero que afronta como entrenador rojiblanco. Serio y trabajador, con el empaque de los equipos que saben competir, el Athletic se llevó tres puntos de oro con toda justicia. Si la pasada temporada la victoria en Eibar llegó a última hora y por casualidad, esta vez fue el premio a un trabajo concienzudo. No es que el partido fuera para echar cohetes ni que a uno le entrasen ganas de volver a verlo en vídeo al llegar a casa. No. Fue uno de esos triunfos que se logran picando piedra, a base de orden, solidaridad y carácter. Los tuvo el Athletic, donde volvieron a funcionar las rotaciones -Cuco cree en ellas de verdad- y Aduriz demostró, una vez más, su importancia trascendental. Los goles, sencillamente, siguen siendo cosa suya y no parece que esto vaya a cambiar en lo que resta de temporada.

0 Eibar

Dmitrovic; Capa, Oliveira, Ramis, Cote; Dani García (Rivera, m. 82), Jordán; Rubén Peña (Bebé, m- 46), Kike, Inui (Enrich, m. 62); Charles.

1 Athletic

Kepa; Bóveda Laporte, Núñez, Saborit; San José, Vesga, Córdoba (Muniain, m. 65), Williams (Lekue, m. 79), Raúl García, Aduriz.

Goles:
0-1 Aduriz (minuto 38)
Árbitro:
Sánchez Martínez. Expoulsó a Jordán por doble amarilla en el minuto 91, y amonestó a Kike García, por parte del Eibar, y a Bóveda por el Athletic.
Incidencias:
Buen ambiente y 5939 espectadores en el primer partido de Liga en Ipurúa.

Ziganda propuso centímetros y músculo para el duelo en la villa armera y a nadie le extrañó. A Eibar se va a luchar, a fajarse en cada disputa, en muchos casos a sobrevivir a la asfixia de partidos disputados en espacios reducidos donde falta el aire, las ideas se nublan y sólo queda pelear, batirse el cobre. El equipo de Mendilibar se empeñó en ello en el arranque del derbi. Su ímpetu inicial le sirvió para dominar y llegar un par de veces, sin demasiado peligro también es cierto, a la portería de Kepa. El partido comenzó a coger un tinte peligroso para el Athletic, que no carburaba, perdía la mayoría de los balones divididos y, lo que es peor, dejaba que el Eibar se creciera. Por fortuna, los rojiblancos reaccionaron a tiempo. Apretaron el paso, aumentaron la intensidad y lograron lo que podemos considerar el objetivo inicial: igualar el combate.

Noticias relacionadas

Que los dos equipos vayan y vengan sin hacerse daño y sostengan un pulso igualado mientras los minutos van pasando es una buena noticia para el Athletic ante rivales como el Eibar, a los que supera en calidad individual. Siempre hay más posibilidades de que sea a alguno de tus buenos jugadores al que se le encienda de repente la lucecita que a otro del equipo contrario. Esto, que podría considerarse una teoría muy básica del fútbol, tuvo su prueba empírica en el minuto 39. El partido estaba atascado. Todo era muy serio y voluntarioso. Como suele ocurrir en estos casos, con alumnos tan firmes y aplicados, tan atentos a las consignas del profesor, sólo la incertidumbre del 0-0 impedía que el aburrimiento tuviera efectos narcóticos sobre los seis mil espectadores que casi llenaban Ipurua. Y entonces, en medio de este paisaje industrial, un balón le llegó a Williams por la derecha y su centro, impecable, lo convirtió Aduriz, quién si no, en el 0-1. Dmitrovic no acertó a reaccionar a tiempo y dejó que el donostiarra le rematara a bocajarro.

Mantener el plan

Ziganda mantuvo su plan en la reanudación. Ora et labora. No quedaba otro remedio para intentar sumar una victoria de un gran valor moral antes del parón liguero. Mendilibar, en cambio, prefirió probar nuevas alternativas. Comenzó sacando a Bebé en lugar de Peña, lo que obligó a Inui a irse a la derecha. Al cabo de un rato, tras comprobar que el japonés no tenía el día ni para hacer sudokus, le sustituyó por Enrich, cuya salida aumentó las vibraciones de la hinchada eibarresa. Hay jugadores que contagian electricidad y el menorquín es uno de ellos. El Athletic, sin embargo, supo bajar los ánimos de la parroquia local. Bien puesto, con la defensa muy atenta a las anticipaciones, el equipo del Cuco se fue imponiendo en el centro del campo y mostrándose superior a un Eibar muy plano que vivía de las ocurrencias de Bebe, concretamente del cañón de su pierna derecha.

El delantero y el portero fueron piezas vitales para regresar a Bilbao con los tres puntos Aduriz y Kepa

Los rojiblancos pudieron hacer el 0-2 de la tranquilidad. Ramis y Paulo eran vulnerables, pero para aprovechar esa debilidad se necesitaba puntería. Palabras mayores. No la tuvo Williams, al que marcar un gol le cuesta un riñón, en el minuto 68, solo desde el punto de penalti. Ni tampoco Muniain, poco después de salir en lugar de un Córdoba fundido por el trote de la batalla. En realidad, lo del navarro más que falta de puntería fue falta de estilo. Le pegó a la remanguillé.

Estas ocasiones fallidas obligaron a apretar los dientes hasta el pitido final. Y no sólo eso. También obligaron a Kepa a demostrar de nuevo su clase imperial. Dos paradas casi seguidas a Kike, sobre todo la primera a bocajarro en el minuto 70, salvaron al Athletic de un empate que, tal y como se desarrolló el encuentro, hubiera supuesto un jarro de agua fría. En la grada se escucharon gritos de Kepa, Kepa, como ocurrió también ante el Getafe, por parte de los hinchas del Athletic presentes. Ojalá continúen escuchádose durante mucho tiempo. Sería una magnífica noticia. Porteros que ganen partidos con regularidad aparecen muy pocos y Kepa es uno de ellos.

Fotos

Vídeos