El ejemplo del Eibar

Ojalá el Athletic pueda despegar tras haber caído en picado, como hizo el equipo armero

El ejemplo del Eibar
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

No podemos decir que el Eibar sea una sorpresa porque, de la mano de José Luis Mendilibar, no ha dejado de crecer. Lo ha hecho paso a paso, sin prisas, pisando siempre tierra firme, hasta convertirse, hoy por hoy, en todo un aspirante a puestos europeos. Que todavía no hayan reconocido en público este objetivo no significa nada. Bueno, sí. Significa que prefieren prevenirse ante la tentación, tan humana, de hincharse como un pavo y luego no dar la talla. No creo exagerar nada si digo que el trabajo de ‘Mendi’ en el Eibar, la manera de hacer crecer y asentar en la élite a un club tan modesto, es uno de los mejores que se ha visto en Europa en el último lustro. Podríamos compararlo con los que han realizado Julian Nagelsmann en el Hoffenheim y Eddie Howe en el Bournemouth.

Lo que sí sorprende del Eibar esta temporada es su trayectoria, propia de uno de esos pequeños aviones acrobáticos que son capaces de meterse por los ojos de las agujas. Durante las primeras once jornadas, protagonizó un picado en barrena demencial. Los más aprensivos, hasta nos preparamos para ver el castañazo inevitable. 8 puntos de 33 posibles. 6 goles a favor y 25 en contra. Decimoséptimo en la tabla. El Eibar agonizaba y los peñistas de Eskozia La Brava estaban tan tristes que parecían recién salidos de los funerales de Williams Wallace. Y entonces, el 20 de noviembre, llegó el Betis a Ipurua y le cayeron cinco. Y todo cambió. Del picado en barrena se pasó a un despegue propio de Cabo Cañaveral. 27 puntos de 36. 9 goles en contra y 26 a favor. Séptimo en la tabla a dos puntos del quinto. Y no sólo eso. El Eibar se ha convertido en el equipo de la Liga al que menos le disparan a puerta, algo que supongo tendrá encantado a Mendilibar después de tantos años buscando la piedra filosofal, es decir, que su presión alta no le haga vulnerable.

Digo estas cosas no sólo como elogio al club armero sino para recordarme a mí mismo las repentinas metamorfosis que, de manera inexplicable, sufren a veces los equipos. Y si las recuerdo es pensando en el Athletic. Quién sabe si mañana en Moscú, a diez bajo cero, todo empieza a cambiar. Me dirán que me estoy agarrando a un clavo ardiendo. Cierto. Pero a qué nos vamos a agarrar. ¿ A un carámbano ahora que hace tanto frío?

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