no es fácil la propaganda

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Josu Urrutia es muy fiable y volvió a demostrarlo ayer en la sala de prensa de Ibaigane, donde cumplió al pie de la letra el guión previsto. Había tres grandes temas de interés -la renovación de Kepa, la expulsión de los niños riojanos del centro de tecnificación de Oion y la crisis del primer equipo-, y no dijo nada de ninguno de ellos. No se pueden imaginar nuestro mérito para acabar sacando cuatro páginas de semejante erial informativo. Las preguntas de los periodistas volvieron a chocar contra un frontón, que devolvía las pelotas con obviedades, subterfugios dialécticos y tautologías de baratillo. Lo de siempre, vaya. Después de seis años de entrenamiento, hay que reconocer que Urrutia es ya un maestro del escapismo. Su táctica es muy tosca, ciertamente, pero resulta efectiva. Vendría a ser como un balonazo en busca del delantero centro. Va usted y le pregunta si, después de tantos meses de negociaciones, cree que Kepa quiere seguir en el Athletic, y te contesta que se lo preguntes a él. O le pides su opinión sobre si considera que este caso podrá cerrarse antes del 1 de enero y te responde con un rotundo «no vamos a elucubrar». En fin, que no tenemos nada que hacer. ¡Pero si ni siquiera se atrevió a reconocer que el partido de mañana era muy importante y se salió por la tangente diciendo que todos los partidos del Athletic lo son!

Los periodistas, pese a todo, estamos acostumbrados. Aceptamos esta realidad como un gaje del oficio, uno más de los que debemos aceptar con esta directiva. Nos ocurre lo mismo con los comunicados en la web a horas intempestivas, las que más daño nos hacen en las redacciones, o con la prohibición de viajar con el primer equipo. Son cosas que molestan por lo que significan. A nadie le agrada imaginar que para los rectores de tu club sería un triunfo que alguno de nosotros acabe un día tirado en un aeropuerto de Siberia, a ser posible donde Miguel Strogoff perdió la virtud a manos de los tártaros, y no llegue a tiempo al partido. A esto hemos llegado. Pero insisto: lo hemos asumido y hasta intentamos verle la gracia, su evidente parte cómica.

Lo que ya es más difícil de asumir es que Urrutia se nos ponga a dar lecciones de periodismo y nos afee lo que decimos y escribimos cuando el Athletic sufre una crisis de juego como la actual. Ayer lo hizo y leyó algunos párrafos de crónicas y artículos que algunos -no pude dejar de sentirme aludido- redactamos en circunstancias muy complicadas del equipo que luego, por fortuna, se solucionaron. Fue algo surrealista. Al presidente le molesta mucho que critiquemos al Athletic cuando lo hace mal. Considera que nuestras valoraciones negativas, nuestras descripciones ancladas en el presente, contribuyen a crear «un caldo de cultivo» perjudicial para el Athletic. Dicho de otro modo: a Urrutia lo que le parecería bien, verdaderamente digno y coherente, es que siempre escribiéramos maravillas de los rojiblancos. Es decir, que fuéramos unos estrictos propagandistas. Lo cual no sólo nos da una idea clara de su talante sino que deja entrever una concepción religiosa del club que a algunos nos da bastante miedo.

Pero no va a ser fácil. Lo de dedicarnos a la propaganda, me refiero. Y no se trata de una cuestión de dignidad profesional o de compromiso deontológico. Es una cuestión de supervivencia profesional. Les explico. Ayer hice una prueba que dejaba patente mi propósito de enmienda tras escuchar al presidente. Cogí uno de los párrafos iniciales de mi crónica del partido contra el Östersunds. Decía así. «Los rojiblancos recibieron ayer un meneo futbolístico sangrante de manos del quinto clasificado de la Liga sueca. Podrán decir que siguen vivos porque Herrerín evitó varios goles y acabaron empatando de milagro en el minuto 89, pero la realidad es que debieron recibir una tunda. Fue la suya una noche aciaga que dejó a muchos jugadores retratados o directamente bajo sospecha».

La leí y probé con una versión urrutiana. Después de varios borradores, elegí la siguiente. «Los rojiblancos lograron ayer un meritorio empate en casa del líder de su grupo, uno de los equipos revelación de la Europa League. Hay que reconocer que el trabajo de Herrerín fue importante para detener las acometidas de los vikingos, tan temidas en Europa desde el saqueo a la abadía de Lindisfarne en 793, pero lo fue mucho más la acreditada personalidad del Athletic, su fe inquebrantable para superar todas las dificultades -incluidas un clima extremo y un césped artificial- y acabar empatando en el minuto 89. Fue una noche, en fin, para sentirnos orgullosos de lo que fuimos, somos y seremos: el mejor equipo del mundo».

No sé por qué, pero me vi en la cola del paro al día siguiente y repudiado por los colegas y los amigos. De manera que decidí seguir siendo malo.

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