Gracias, Zinedine

Al Athletic le ha hecho un gran favor, y San Mamés debería premiárselo con una ovación en su próxima visita

Zidane saluda a Ziganda en San Mamés. /Manu Cecilio
Zidane saluda a Ziganda en San Mamés. / Manu Cecilio
Jon Rivas
JON RIVAS

Si han viajado por los Países Bajos se habrán encontrado a menudo con un nombre, Hans Brinker, que probablemente, no les sonaba de nada. Sin embargo, allí es una celebridad nacional. Tiene calles y parques dedicados a su memoria y varias estatuas. Todo parte de una leyenda. Dicen que Hans, que tenía diez años, era hijo de un obrero que trabajaba en los diques de contención que mantienen al país a salvo de las inundaciones. Andaba de paseo por entre los grandes muros que sujetan al imprevisible Mar del Norte cuando vio que por un agujerito salía un chorro de agua y que aquella pared se podía agrietar. Metió el dedo y así lo dejó hasta que, a la mañana siguiente, lo encontraron muerto, pero después de haber salvado a sus vecinos de una catástrofe.

Pues bien: el entrenador del Real Madrid, Zinedine Zidane, es nuestro Hans Brinker particular. Los diques de contención de Kepa Arrizabalaga estaban a punto de agrietarse por el agujero que los de Bahía, haciendo muy bien su trabajo, habían horadado para que el agua fluyera sin control hacia el Santiago Bernabéu. Y de repente pasó por allí Zinedine y metió el dedo. Y poco a poco, el agua dejó de manar.

Afortunadamente, nuestro héroe Zidane no ha muerto en ese acto heroico. Ni siquiera ha perdido su trabajo, pero después de negar tres veces a Kepa, como San Pedro a Jesús ha conseguido lo que las promesas de Josu Urrutia de felicidad eterna en el Athletic no habían logrado.

No se conocen los motivos reales por los que nuestro Hans madridista metió el dedo en el agujero para que la grieta no se abriera. Será difícil saber si son nobles o espurios; si trataba de conservar la armonía en su vestuario y el equilibrio entre Keylor Navas y Kiko Casilla, sus porteros actuales, que son en definitiva, los hombres que le llevaron a ganar dos copas de Europa, o mientras tapaba el agujero con el dedo le estaba abriendo una puerta de futuro a su hijo Luca, portero titular del Castilla.

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Sólo Zinedine Zidane sabe los motivos reales de su decisión, que tanto ha importunado a quienes ya habían anunciado a Kepa primero como regalo de Reyes y después como premio fin de curso, pero lo cierto es que al Athletic le ha hecho un gran favor, y que San Mamés debería premiárselo con una ovación en su próxima visita.

Zidane ha tapado el agujero que nadie supo cerrar en Ibaigane. Como es lógico, Kepa se ha cerciorado no una, ni dos, sino tres veces que, por ahora, no era bien recibido allí donde le habían prometido la gloria europea y los oropeles del calificado como mejor equipo del mundo, y que si empezaba la cosa así nadie sabe cómo podía acabar.

Habrá pensado también que lo que Urrutia prometía tampoco era una limosna, sino unas cantidades que pueden resolverle muy bien el futuro. Puede ser, también, que le pique el gusanillo de convertirse dentro de unos años, en lo que Iribar ha sido y todavía es para los aficionados del Athletic, un Dios hecho carne mortal. Parte, eso sí, con el estigma de haber pecado dejándose seducir por el 'glamour' madridista, pero eso es algo que se remedia con cuatro paradas salvadoras de las suyas; nada que no se pueda arreglar. Así que, tras la confirmación de la renovación de Kepa, no hay más remedio que reconocerle a nuestro Hans Brinker particular sus servicios. Gracias, Zinedine.

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