¿Qué hará urrutia con ‘Cuco’?

A la espera. Urrutia, el domingo en el palco de Montilivi./M. CECILIO
A la espera. Urrutia, el domingo en el palco de Montilivi. / M. CECILIO
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Uno de los deseos que no deja de rondarme a lo largo de la temporada es escuchar a Josu Urrutia diciendo lo que piensa sobre el juego del Athletic y la labor de ‘Cuco’ Ziganda. Me refiero a lo que piensa de verdad, no a lo que pueda decir en las ruedas de prensa, donde como todo el mundo sabe presidentes, técnicos y jugadores utilizan casi siempre un discurso vacío y superficial, tan hueco que hasta las mentiras más obvias son aceptadas como una obligación. Pienso, por ejemplo, en Zidane, que todavía va por ahí el hombre diciendo, con gesto serio, que la liga no está perdida. Mi deseo es lógico. Creo conocer bastante bien los gustos futbolísticos del presidente -es más, yo diría que los compartimos en gran medida-, y sé que es un hombre con mucho criterio a la hora de valorar la situación deportiva de un equipo. Y como lo sé, puedo sospechar, con toda propiedad, que Urrutia comparte un porcentaje altísimo de las críticas que ayer recibieron el Athletic y Ziganda por su lamentable partido en Girona. Y gran parte de las que han venido recibiendo a lo largo de la temporada. Otra cosa es que en público diga lo contrario y, además, nos acuse de desestabilizadores a quienes decimos lo que también él piensa.

Como tengo esta sospecha tan cimentada, me pregunto hasta cuándo va a aguantar Urrutia a Ziganda, cuál es el crédito que le da a su excompañero. Porque estoy seguro de que hay algo que preocupa al presidente mucho más que la clasificación y los malos resultados. Al fin y al cabo, el Athletic ha vivido otras situaciones similares e incluso peores durante su presidencia, en líneas generales muy exitosa en el plano deportivo. Recordemos, por ejemplo, la segunda campaña de Bielsa. El equipo tenía en la jornada 22 los mismos puntos que ahora: 26. Y recordemos una más próxima y de la que no se habla tanto, la segunda temporada de Valverde. El Athletic tenía tres puntos menos: 23. Ahora bien, había una gran diferencia. Bielsa y Valverde eran técnicos de prestigio, de largo recorrido, con proyectos muy claros y una autoridad indiscutible sobre el vestuario. Con ‘Cuco’ esto no sucede. Es evidente que las dudas del técnico, su bandazos, su incapacidad para dar con la tecla e implantar un estilo de juego que haga crecer al equipo, han hecho mella en sus jugadores. Salta a la vista.

Ziganda fue un riesgo desde el principio. Por cierto, un riesgo que muchos pensamos que el club hacía bien en asumir. No sólo bien. ‘Cuco’ se había ganado el puesto con su trabajo en el filial durante seis temporadas y algunos anacrónicos todavía consideramos la recompensa de los méritos como una parte de la filosofía del Athletic. Lo digo ahora que tantos se apuntan al «ya decía yo» para crujir al técnico navarro y pedir la hoguera para todos aquellos que confiaron en él. ¿Cuál era el riesgo de Ziganda? Pues el de todo nuevo entrenador sin mucha experiencia: que se ganara al vestuario, que en unas pocas semanas lograra el necesario ascendente sobre la plantilla. Y esto es justo lo que no ha podido conseguir. Lo visto en los dos últimos partidos, ante el Eibar y el Girona, dos despropósitos mayúsculos, tremendos por lo que significan de declaración de ruina en un proyecto que lleva desarrollándose seis meses, lo ha ratificado de manera definitiva. La plantilla no cree en ‘Cuco’ y está empezando a pensar que ya no sabe ni en lo que creer. El desconcierto brilla por su presencia.

Esto no significa que el Athletic se vaya a hundir y acabemos pasándolas canutas. Hay futbolistas como para que, por pura inercia, a base de apretar un poco las tuercas, los rojiblancos se asienten en una zona más o menos tranquila. Las dinámicas de los equipos, además, cambian a veces de forma radical, sin que se sepa muy bien por qué. Lo que no veo posible -sinceramente, me parecería un milagro- es que este proyecto remonte y llegue a ser lo que quisimos que fuera el pasado verano, cuando Ziganda accedió al cargo con un discurso al que daban ganas de aplaudir, sumarse, pedir un bolígrafo y convertirse en uno de los ‘abajofirmantes’.

La duda, por tanto, es saber si Josu Urrutia se conformará con ir tirando hasta final de temporada, enrocado en el apoyo al técnico por el que apostó, o se decantará por sacrificarle, con el componente de aceptación del fracaso que ello supone, e impulsar un nuevo proyecto. No lo sé. Supongo que dependerá de muchos factores. De lo que le digan los jugadores -él lo fue y seguro que estará sondeando a los pesos pesados-; de los resultados de los dos o tres próximos partidos; del grado de hastío que demuestre el público de San Mamés; de los cálculos de daños colaterales pensando en unas nuevas elecciones y en una candidatura que surja de la propia junta; de la confianza que inspire el relevo elegido... De muchas cosas. Si enero ha sido frenético, también febrero puede ser muy movido.

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