Iñigo Martínez: «No ha sido fácil cambiar de aires, pero era lo que me pedía el cuerpo»

Iñigo Martínez ya se ha vestido de rojiblanco. / Luis Ángel Gómez

El central defiende en su presentación que viene a un «grandísimo club» y reconoce sentirse «en parte culpable» por dejar a la Real en un momento muy delicado

ROBERT BASIC

Ocho minutos por encima de las siete de la tarde del martes, hora fijada para su presentación, Iñigo Martínez apareció en la sala de prensa de San Mamés acompañado por el presidente Josu Urrutia. Vestía un chándal negro con el escudo del Athletic cosido en el pecho y zapatillas de mismo color, con una botella de agua rosa que sostenía su mano buena, la izquierda. Las primeras filas estaban ocupadas por los miembros de la junta directiva -no faltó ningún peso pesado- y en las últimas se habían acomodado los familiares y amigos del vizcaíno, aproximadamente una veintena de personas sonrientes y emocionadas. El central esperó que el deustoarra pronunciara su alocución inicial y luego tomó la palabra. Lo primero que hizo fue dar las gracias a Ibaigane «por todo lo que ha hecho en estos días» y valoró su apuesta por él, que calificó como una «barbaridad». Y añadió a modo de explicación: «No ha sido fácil tomar la decisión y tampoco cambiar de aires, pero me lo pedía el cuerpo. Vengo a un grandísimo club», remató el defensa, quien deslizó que su etapa en la Real Sociedad había «terminado».

El fichaje más caro en la historia del Athletic sonrió cuando se le puso sobre la mesa esta cuestión y se aludió a los 32 millones del blindaje. «Es un orgullo. Tal cual», dijo envalentonado. «Ahora quiero devolver la confianza depositada en mí y darlo todo en cada momento. Quiero ganar y no me gusta perder ni a las cartas. Ahí están mis amigos y lo saben», señaló hacia el fondo de la sala. Ellos rieron. Iñigo también aclaró que nunca aceptó una cláusula ‘antiAthletic’ y que jamás ha sido partidario de su implantación. «Cada uno decide lo que pone en su contrato. Hay etapas en el fútbol...», expuso, dando a entender que no quería cerrar puertas y sí ser dueño de su destino. «Tuve que dar el paso porque lo sentía así y el momento era idóneo». Evidentemente, admitió que su marcha sentaría muy mal en el conjunto txuriurdin y en la afición que le ha visto crecer desde que entró a Zubieta con 13 años. Es más, reconoció sentirse «en parte culpable» por dejar a los donostiarras cuando atraviesan por una delicada situación en la Liga. «Había que tomar una decisión y cada uno tomar su camino y ver su futuro».

El central repitió en más de una ocasión que dispuso de muy «poco tiempo» para dar el paso y deslizó que le hubiera gustado que todo se hubiese desarrollado en «otras circunstancias», aunque defendió su movimiento y se mostró orgulloso de recalar en un «gran club. La decisión es adecuada para mí». En este sentido, desveló que le llegó la oferta después del partido contra el Villarreal y «la recibí bien. Soy ambicioso y veo que el Athletic también lo es. Apostó fuerte por mí. Apostó tanto que es una barbaridad», admitió, además de reconocer que los rojiblancos le había hecho una propuesta «muy importante». Eso sí, se cuidó de no centrarlo todo en el aspecto económico y de ahí que afirmara que ya tenía «resuelta la vida en la Real», por lo que enmarcó su fichaje en el terreno de la ambición y por pelear por estar en la «parte alta de la tabla». Como no podía ser de otra manera, se le recordaron declaraciones suyas de hace unos años en las que daba por imposible su fichaje por los bilbaínos. «Nunca me pasaría a otro bando», dijo por aquel entonces. Ahora ha rectificado y alegado que pasó hace muchos años. «Eran otros tiempos, otra época, era joven. Pensaba así, pero todos cambiamos de opinión. Soy un profesional del fútbol».

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