Athletic: juego, luego existo

Al equipo de Ziganda siempre le ha faltado algo esencial: fútbol

Athletic: juego, luego existo
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Todo indica que mañana, ante la UD Las Palmas, el Athletic regresará a su esquema habitual. Habida cuenta del clamoroso éxito del experimento en Montilivi, que todavía no sabemos si fue responsabilidad exclusiva de Ziganda, de los jugadores en comandita con su técnico, o del profesor Bacterio, era algo que dábamos por descontado. Tras una experiencia traumática, uno siempre busca refugio. Este regreso a lo conocido, sin embargo, no garantiza nada. Nada bueno, quiero decir. Pensemos que, entre otras cosas, podría significar que el Athletic se dispone a repetir lo visto ante el Eibar, que a mi juicio fue todavía más grave que lo sucedido en Girona. Y es que una cosa es que, en tu intento por mejorar, te hagas un lío y te pegues un castañazo, y otra mucho peor asumir que eres un mediocre y resignarte a ello.

El problema del Athletic de Ziganda es que no puede regresar a ningún sitio bueno porque nunca ha salido de él. Futbolísticamente, es un equipo que todavía no ha nacido y quién sabe si lo hará. ¿Dónde está? Pues yo diría que en ese lugar imaginario, una especie de limbo, que los padres utilizamos para responder a nuestros hijos pequeños cuando nos preguntan dónde estaban ellos cuando sus hermanos mayores ya habían nacido y él no estaba aún en la tripa de su madre.

El estado del Athletic me hizo recordar ayer lo que decía Josep Pla en ‘El cuaderno gris’ a propósito de los jugadores de casino. Contaba el escritor ampurdanés que si esas personas sentían la pulsión irrefrenable de jugárselo todo, incluso a riesgo de su ruina, era porque ese ejercicio extremo de libertad era el que les hacía sentirse vivos. «Juego, luego existo», decía Pla que debería ser la divisa de los ludópatas. Puede que tuviera razón. De lo que estoy convencido es de que debería ser la divisa de los equipos de fútbol. Y es que es el juego lo que acaba sosteniendo a unos y haciendo tambalearse y derrumbarse a otros. Tarde o temprano, por mucho que a veces el azar imponga sus leyes incluso con una reiteración desconcertante, los resultados siempre acaban siendo el fruto del juego. Y el Athletic lleva toda la temporada sin saber lo que es eso. No ha habido un solo momento en estos seis meses en los que el fútbol de los rojiblancos nos haya permitido ilusionarnos. Y me temo que ya es demasiado tarde para que lo haga. Aunque quién sabe. También es verdad que en el fútbol todo es posible.

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