Kepa: el tiempo apremia

El Athletic está obligado a llegar a un acuerdo, aunque no sea el deseado, con el portero de Ondarroa

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Me temo que, lejos de aclarar el panorama sobre la renovación de Kepa, las últimas declaraciones de Urrutia lo han ensombrecido. No digo que las cosas vayan a peor sino que la confusión ha aumentado. Volví a leer ayer algunas de las frases destacadas del presidente sobre esta cuestión y no consigo aclararme. «No tiene fecha de caducidad, pero no nos podemos alargar en este proceso». «Es muy bueno, pero lo que hemos conseguido los últimos años ha sido sin él». «Soy optimista, pero lo soy en todas las negociaciones que abordo en el club». Qué quieren que les diga. La dosis de ‘peros’ me resulta sospechosa. No sé si tanta adversativa puede augurar algo bueno.

Lo que sí podemos dar por descontado es que el tiempo apremia. Y es que en esta negociación, como en todas las que el Athletic aborda con futbolistas bien cotizados en el mercado, es decir, con aquellos muy contados que pueden manejar ofertas iguales o superiores a las que les llegan desde Ibaigane, es el jugador el que tiene la sartén por el mango. Algunos se resisten a aceptar esta cruda realidad, que no deja de ser una consecuencia inevitable de la filosofía del club, pero así son las cosas. Las prisas del presidente y de su junta directiva -ojalá las hubieran tenido hace un año y otro gallo nos cantaría- tienen que ver con que están obligados a cerrar un acuerdo antes del 1 de enero. De ninguna manera pueden dejar que el portero de Ondarroa quede libre y se vaya en junio como se fue Llorente: sin dejar un euro.

Esto no puede repetirse. Y no puede porque, a diferencia de lo que ocurrió con el riojano, por quien el Athletic no recibió ninguna oferta concreta, lo cual nos impidió calcular cuál fue la pérdida económica real que sufrimos y dejó el tema sumido en un mar de conjeturas, con Kepa sí que podemos hacer ese cálculo. ¿En base a qué? Pues a los 50 millones de euros, arriba o abajo, que el jugador, al parecer, está dispuesto a aceptar como cláusula de rescisión en su nuevo contrato. Sabemos que el Athletic quiere que sea mucho más alta y hace muy bien. Hay que luchar por ello todo lo que se pueda. ¿Hasta donde? Pues hasta ese punto límite en el que el dogmatismo les impida a algunos entender que un acuerdo regular es mucho mejor que ningún acuerdo. Digo yo.

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