Athletic

Remy llegó con la rebaja

Las Palmas - Athletic en la Liga 2017-18./
Las Palmas - Athletic en la Liga 2017-18.

Un golazo del francés en el minuto 87 acaba con la imbatibilidad del Athletic y provoca la primera derrota del 'Cuco'

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Cuando ya celebraba el puntito de rigor y un partido más con la portería a cero, y cuando los cronistas ya nos preparábamos para ponderar de nuevo la capacidad de sacrificio y la fiabilidad defensiva de los rojiblancos, al Athletic le vino Paco con la rebaja. Concretamente, le vino Loic Remy, que saltó al campo en el minuto 64 en lugar de Vitolo y fue como una inyección de adrenalina en el pecho para su equipo.a tres minutos del final decidió un partido de ida y vuelta que pudo caer de cualquier lado y acabó cayendo para los locales. Son cosas que pasan cuando se lanzan monedas al aire. ¿Que lo más justo hubiera sido un empate? Bien. Pero eso tampoco significa nada. Lo cierto es que la Unión Deportiva Las Palmas acabó el duelo mejor que el Athletic, al que los cambios en la segunda parte -las entradas de Aduriz y Muniain por Sabin Merino y Susaeta- no le dieron el vuelo que le dieron a su rival. Ni de lejos.

1 Las Palmas

Chichizola; Míchel Macedo, Ximo Navarro, Lemos, Dani Castellano; Aquilani, Javi Castellano (Vicente Gómez, min. 84); Halilovic (Tannane, min. 37), Jonathan Viera, Vitolo (Rémy, min. 64); y Calleri.

0 Athletic

Kepa; Bóveda, Unai Núñez, Laporte, Saborit; Iturraspe (Beñat, min. 86), Vesga; Susaeta (Muniain, min. 63), Raúl García, Sabin Merino (Aduriz, min. 63); y Williams.

Gol
1-0, min. 87: Rémy.
Árbitro
Pablo González Fuertes (Comité Asturiano). Mostró tarjeta amarilla al jugador local Calleri (min. 58), y a los visitantes Laporte (min. 60), Aduriz (min. 64) y Vesga (min. 77).
Incidencias
partido disputado en el Estadio de Gran Canaria ante 19.213 espectadores. Realizó el saque de honor el Rocasa Gran Canaria, campeón de la Supercopa de España de balonmano femenino.

La derrota, pese a todo, no cambia nada en lo que se refiere al . Más allá del disgusto por el mal resultado, se entiende. Y lo mismo diríamos si Laporte hubiese embocado el cabezazo franco que tuvo en el minuto 71 y se hubiese ganado. En ese caso, a estas horas se estaría viviendo la alegría de la victoria, pero la lectura profunda del equipo y la valoración de su rendimiento, de sus virtudes y defectos, debería ser exactamente la misma. El Athletic continúa siendo un grupo laborioso y entregado, áspero como la lija y duro de pelar para cualquiera, pero también muy plano y manifiestamente aburrido. Y cada partido que pasa se acrecienta la sospecha de que va a seguir en esta línea, de que su estilo va a ser este metalúrgico que se está viendo y no otro que llegará con el tiempo, a medida que vayan encajando las piezas y afinándose los automatismos. Ziganda, en fin, parece haber apostado por un Athletic recio de carácter y fuerte de armadura, basado en unos valores que le permitan, como ayer, hacer ocho rotaciones en la cadena de montaje sin que, en lo sustancial del juego, se note demasiado. Lo cual, me temo, puede acabar provocando una cierta frustración. Más que nada porque a la gente se le vendió otra cosa.

Prometedor

El partido tuvo un comienzo prometedor. No es que el fútbol fuese bueno, pero sí lo era la actitud de los dos equipos, decididos a intercambiar golpes y a no dejarse amedrentar por el rival. La Unión Deportiva creó las dos primeras ocasiones de peligro, una de Halihovic y otra de Calleri, al que un mal control le privó de plantarse solo delante de Kepa tras una magnífica asistencia de Jonatan Viera. El Athletic, sin embargo, respondió rápido y asustó a la parroquia local con dos llegadas peligrosas de Susaeta y Williams. No habían pasado ni diez minutos y el partido, con su oleaje en ambas direcciones, obligó a aferrarse al sillón. En el Insular pasaban muchas cosas. En el fondo, era algo lógico, propio de la naturaleza opuesta de los dos equipos. Los canarios son caóticos y talentosos. Flojean en defensa pero pueden brillar en ataque. Los bilbaínos son formales y trabajadores. Y son capaces de golpear muy duro.

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La promesa de diversión, sin embargo, se fue diluyendo poco a poco. El toma y daca continuó, es cierto, pero convertido en un correcalles bastante indigesto. La realidad es que los dos equipos tenían un problema común: la incomparecencia de algunos de sus futbolistas importantes, los que llevan en el sueldo la obligación de marcar la diferencia. Vitolo y Viera aparecían poco, muchos menos de lo que sus compañeros necesitaban. El exsevillista sólo aguantó una hora y su equipo lo agradeció. En la Unión Deportiva, cuyo barroquismo en el saque de los córners resultó llamativa, sólo Halilovic estaba enchufado de verdad. El chaval, sin embargo, tuvo que retirarse en el minuto 37 tras recibir un pisotón de Raúl García, que volvió a tener un papel anecdótico. Muy bajo de forma, de no tener su caché no estaría jugando. El navarro, pese a todo, no desentonaba con sus compañeros que, básicamente, se dedicaban a apretar y a correr. Lo habitual. Arriba, los rojiblancos sólo volvieron a acercarse con peligro a los dominios de Chichizola en una floja volea de Sabin Merino, cuya intrascendencia resulta cada vez más hiriente, y en un disparo de Susaeta ya en el descuento de la primera parte.

La segunda parte continuó bajo los mismos patrones. La igualdad era máxima. Sabin Merino tuvo cerca el 1-0 en el minuto 48, como lo tuvo Calleri en el 55. El juego iba por rachas. El Athletic dominaba en fases intermitentes, con Vesga como hombre más preclaro, y la Unión Deportiva daba réplica cuando se iluminaban algunos de sus talentos. El partido, en fin, era un interrogante que, desde cada bando, se veía de manera diferente. Ziganda estaba convencido de que lo tenía bajo control. El problema es que Márquez tenía ese mismo convencimiento. Las ocasiones se repartían, escasas, en medio de un barullo considerable. Si Laporte pudo marcar en el minuto 71, Oussama sacó virutas del poste con un chutazo magnífico en el 82. La jugada la había fabricado Remy , que si ya fue revulsivo para su equipo en Málaga ayer se ganó a gritos la titularidad. El francés entró y fue como si lo hiciera con una antorcha en un polvorín. El Athletic no acertó a sujetarle y Ziganda tampoco reaccionó para tapar esa vía de agua por la izquierda, que en realidad era la única que había y la única que podía haber. Por ella se fue el partido y llegó la primera derrota del 'Cuco'.

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