Lezama: Un modelo obsoleto y sin rumbo

Ojalá les vaya bonito a los dos últimos fichajes para reforzar el Basconia y que no descienda. Pero, con su llegada, la incongruencia de Lezama ha llenado el vaso

Lezama: Un modelo obsoleto y sin rumbo
Andoni Ayarza
ANDONI AYARZA

La nostalgia no es sino ese sentimiento de pena o tristeza por el recuerdo de un bien perdido. Y quienes recalamos en Lezama a finales de los años 70 lo sentimos con mayúsculas cada vez que recordamos aquella figura que durante casi una década dirigió con rigor y maestría la factoría rojiblanca. «El jugador ni se improvisa ni se hace, sino que nace y se forma», fue alguna de las célebres frases que nos dejó Iñaki Sáez. Y en esa doble dirección exprimió siempre todo su empeño. Primero para descubrir en qué jóvenes futbolistas existía ese talento innato (proceso de captación); y después para ir sumando el talento adquirido, aplicando los numerosos contenidos del proceso de formación (aspectos técnicos, físicos, tácticos, emocionales,...) a lo largo de los años y en las diferentes etapas de forma progresiva.

Por supuesto que los tiempos han cambiado, que los jóvenes futbolistas acarrean muchas menos horas de calle -y de balón- que antaño, que las singularidades del ‘Fútbol Siglo XXI’ poco tienen que ver con las de hace 40 años,..., pero hay necesidades que no permutan. Y mucho menos en un club como el nuestro. Y la respuesta de la dirección deportiva de Lezama desde hace seis años a esta parte, con José Mari Amorrortu al frente ¿o no?, es la radiografía de un modelo obsoleto y sin rumbo alguno a todos los niveles.

En artículos precedentes -desde hace muchos años- he manifestado no solo mi preocupación por la ausencia absoluta de armonía y consenso en Lezama para remar en la misma dirección; sino también mi discrepancia sobre un modelo de formación -a mi modo de ver contraproducente- que olvidaba que la mejora en el aprendizaje, más allá del obligado esmero, la innegociable disciplina y la exigencia en su grado máximo, también puede apoyarse en el cariño, el respeto y el reconocimiento en función de las necesidades individuales de cada niño. Porque los catecismos colectivos no funcionan.

Pero hoy prefiero dedicar mis últimas líneas a determinadas decisiones en materia de captación. Y paso de soslayo por los resultados (visibles sobre el césped) del proceso de captación en algunas de las escuelas que han representado al Athletic en los recientes torneos navideños. Omitiendo nombres para no herir fundamentalmente a los niños que han formado parte de esos equipos, no puedo ocultar que la realidad competitiva es para sentirse muy preocupado.

Me centro en los dos últimos fichajes de urgencia realizados por el Athletic para reforzar al Basconia de Tercera División: Thaylor Lubazanbio, de 23 años, procedente del Caudal de Mieres (colista del grupo II de 2ªB, donde está incluido el Bilbao Athletic) e Iker Amorrortu, de 22, del CD Vitoria (15º clasificado en este mismo grupo). Nada tiene que ver con ellos. Es más, ojalá les vaya bonito y aporten en beneficio del colectivo. Pero la incongruencia ha llenado el vaso. Habrá que suponer que en esta ocasión no frenan la proyección de nadie. Habrá que imaginar que en este caso resulta vital preservar la categoría. ¿Se acuerdan del Bilbao Athletic de hace dos temporadas? Sin refuerzos, con futbolistas cedidos a la competencia y con una plantilla inferior a la de 2ªB -Williams, Lekue y Sabin Merino ascendieron al primer equipo- tuvo que competir bajo mínimos en 2ªA por obra y capricho de la dirección deportiva. Y así se volvió a perder un eslabón de oro para nuestro club sin responsabilidad alguna. El olor a pasado y a ineficacia debe abandonar Lezama. Porque solo con una metamorfosis profunda será posible un Athletic romántico -como siempre- pero también competitivo que nos haga sentir en el actual planeta fútbol.

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