liberar al fútbol de los violentos

Tanta policía... tantas leyes han sido incapaces de conseguir que los partidos se celebren con pasión sí, en paz también

liberar al fútbol de los violentos
Javier Elzo
JAVIER ELZO

Que para mantener la seguridad y tranquilidad de la ciudadanía cuando hay un partido de futbol, de los de alto riesgo, se precise movilizar a 500 ertzainas, 200 vigilantes de seguridad y un centenar de policías municipales, es indicador evidente de que algo marcha mal. Añádase a ello la suspensión de las actividades extraescolares en dos colegios, que varios hosteleros decidieran cerrar sus establecimientos, y que las personas trataran de evitar acercarse a la zona de San Mamés. Imperdonable. Lo más grave es que los pronósticos se cumplieron. Quiero brevemente asomarme a la posible explicación de semejante despropósito y apuntar algunas respuestas de urgencia, a mi juicio como al de mucha gente, incuestionables.

En Sociología para abordar la violencia juvenil (y la de los no tan jóvenes) echamos mano, ‘grosso modo’, de tres grandes marcos teóricos. 1, la teoría del fallo del control social, del fallo de las instancias socializadoras (leyes, escuela, familia, entorno etc.,) luego fallo en la integración social de los violentos. 2, la teoría del aprendizaje, esto es, se delinque con violencia como imitación y reproducción de lo aprendido, en casa, en la sociedad, en los medios de comunicación, en Internet etc., En general en los grupos referenciales. Así, la ‘kale borroka’ vivida en Euskadi, el robo en determinados ámbitos donde se vive de robar, la violencia sexual en sociedades machistas, el suicidio terrorista en la yihad etc., etc. La tercera macro teoría se refiere a la vieja tesis del sociólogo americano Merton sobre ‘la disociación entre las aspiraciones culturalmente prescritas (lo que hay que hacer o conseguir para ser socialmente relevante) y las vías socialmente estructuradas (las permitidas) para alcanzarlas’, disociación que puede conducir a la violencia.

En realidad, estos tres macro modelos no son mutuamente excluyentes y a menudo, frecuentemente incluso, se solapan. Aunque, a tenor de unos u otros episodios de violencia, se aplica, cada uno de ellos, en mayor o menor grado. Es evidente, a mi juicio, que, en el caso de los altercados violentos vividos en los alrededores de San Mamés, el pasado jueves, con resultado de muerte de un ertzaina, aun sin descartar completamente ninguna de las tres macro teorías, es la segunda, la del aprendizaje e imitación, la que en mayor grado la explica.

En la batalla campal estaban parte de los rusos que, por lo que leo en El Correo, no aceptaron venir en grupo escoltados por la Ertzaintza, sino que lo hicieron en pequeños grupos provocando altercados. Según leo en los medios de ayer, los ultras del Spartak de Moscú parece que son, en estos momentos, los más violentos de los hooligans del fútbol europeo, descritos, además, como xenófobos, ultraderechistas y expertos en artes marciales y técnicas paramilitares acostumbrados a provocar el caos allá por dónde van. Tanto que no beben para estar más en forma y hacer el mayor daño posible. Los dos grupos más violentos de seguidores del Spartak se entrenan con sus propias batallas campales en los bosques de Moscú para promocionar a los más violentos. Comparten vídeos de sus citas en las redes sociales y disfrutan enseñando al mundo de lo que son capaces. Es evidente que estamos ante grupos que se autoalimentan, se imitan y emulan. Es posible, incluso, que la dimensión xenófoba no sea su dimensión esencial sino una mezcla de violencia gratuita, lúdica que les inserta en su grupo de referencia. Sería una violencia de inserción grupal. Incluso el fútbol puede ser secundario y más una excusa que un motivo.

Pero también estaban los violentos del Athletic «a quienes la policía les había incautado puños americanos, porras extensibles, capuchas y piedras», según El Correo. Leo también en La Vanguardia que «los Herri Norte Taldea, tildados por la consejera de Seguridad del Gobierno vasco como ‘energúmenos que se dicen aficionados del Athletic’, fueron los que presuntamente iniciaron los altercados ayer con los primeros lanzamientos».

Si mi percepción y mi análisis de la realidad es correcta, estamos ante grupos auto-referenciales, lo que exige un trabajo continuado de investigación policial y judicial a realizar. Quizá ya lo haya, como hay ciertamente investigaciones universitarias. No lo sé, pero, en todo caso, no se han sacado las consecuencias necesarias e imprescindibles. Para empezar, los violentos (no confundir con los hinchas), no son muchos. Se debería saber ya quiénes son, de donde proceden, qué hacen para ganarse la vida, quienes les protegen, que hacen los clubs y las federaciones de fútbol con ellos, más allá de lamentarse, como ahora cuando muere un ertzaina, y proferir buenas intenciones de que hay que acabar con la violencia en el fútbol, y fórmulas similares.

Tanta policía, tanta Interpol, tanta informática, tantas reuniones y congresos, tantas leyes (cada vez más duras) han sido incapaces, de conseguir que los partidos de futbol se celebren con pasión sí, en paz también. Es indefendible que los violentos del Spartak no solamente hayan podido entrar en Bilbao, sino que hayan podido salir de Moscú. Y es indefendible que los violentos del Talde Herri Norte se acerquen siquiera a los aledaños de San Mames.

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