El Athletic, como para hacérselo mirar

El Athletic, como para hacérselo mirar

El Athletic, de nuevo impecable en su papel de buen samaritano, deja que el Málaga le haga dos goles con uno menos y le arrebate un triunfo que ya era suyo

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Miedo daba el partido, claro que sí. Los malos augurios eran inevitables en el Athletic, siempre tan tradicional, tan aferrado a sus costumbres y viejos hábitos. Uno de ellos, como es bien sabido, ha sido la de ejercer de buen samaritano. Cada vez que por los caminos de la Liga se encuentra a un rival maltrecho, los rojiblancos nunca pasan de largo como el sacerdote o el levita. Se detienen y curan con vino y aceite las heridas del desgraciado. Pues bien, la tradición volvió a cumplirse ayer en Málaga y lo hizo de un modo extraño. Porque lo cierto es que los locales se empeñaron en no ser auxiliados -en realidad, hicieron todo lo posible por suicidarse- pero al final el Athletic les acabó bajando de la azotea concediéndoles un punto en un final del partido impropio de un equipo de Primera. Que los rojiblancos no se llevaran la victoria cuando ganaban por 1-3 a falta de diez minutos ante un rival medio muerto y con uno menos fue como para hacérselo mirar.

3 Málaga

Roberto; Rosales, Luis Hernández, Baysse, Ricca (Juanpi, m.68); Mula (Juan Carlos, m.60), Recio, Kuzmanovic, Adrián; Rolan, Borja Bastón (Rolón, m.86).

3 Athletic

Kepa; Lekue, Nuñez, Laporte, Balenziaga; Williams, Vesga, San José (Aketxe, m.87), Córdoba (Susaeta, m.69); Muniain, Aduriz (Raúl García, m.73).

Goles
0-1, M.3: Aduriz, de penalti. 1-1, M.34: Rolan. 1-2, M.50: Williams. 1-3, M.69: Williams. 2-3, M.80: Baysse. 3-3, M.83: Rolan.
árbitros
Carlos Del Cerro Grande (Comité Madrileño). Expulsó con roja directa al local Kuzmanovic (m.52). Además, amonestó con amarilla a los malaguistas Luis Hernández (m.2), Borja Bastón (m.48) y Recio (m.52), y a los visitantes Laporte (m.52) y Aketxe (m. 88).
incidencias
Partido correspondiente a la sexta jornada de LaLiga Santander, diputado en el estadio de La Rosaleda ante 28.000 espectadores.

La verdad es que pocos empates a domicilio habrán dejado un sabor de boca más amargo que el de ayer en La Rosaleda. Y es que pocos rivales también habrán dado más facilidades al Athletic. Un breve inventario de regalos del anfitrión: concedió un penalti tonto en el minuto 3, se quedó con uno menos de una forma estúpida en el minuto 52 tras encajar el 1-2 y, por último, concedió un tercer gol tras regalar el balón al Athletic en una falta.

A esas alturas, en el minuto 71, Michel ya se había rendido, consciente de que su suerte estaba echada y era un ‘dead man walking’. Incluso desde el bando enemigo, era inevitable compadecerle un poco. Toda la semana preparando a conciencia un partido vital tras cinco derrotas consecutivas, desvelado hasta la madrugada perfilando la estrategia, animando sus pupilos para que enciendan la mecha del público desde el pitido inicial y alertándoles del peligro de hacer regalos, y van sus jugadores y se pegan tres tiros de forma tan gratuita. Ahora bien, ni siquiera esta voluntad suicida del Málaga fue suficiente para que el Athletic se llevara los tres puntos. Los tiró con una mezcla letal de incompetencia, falta de concentración y saber estar, y errores individuales. Se habla en el baloncesto de los minutos de la basura. En el caso del Athletic, ayer se podría hablar de los minutos en los que dos puntos fueron tirados lamentablemente a la basura. Lo fácil es apuntar a Lekue, sobre todo en el 3-3, pero los problemas de seguridad, atención y posicionamiento defensivo fueron de todo el colectivo. De manera que mejor no buscar un cabeza de turco y reconocer que al Athletic le sigue faltando equilibrio en su balance defensa-ataque. Y, desde luego, inteligencia táctica.

Penalti tempranero

El partido no pudo empezar mejor. Luis Hernández, que tuvo una tarde negra, metió la pata hasta el zancarrón en la primera jugada derribando a Muniain en las mismas narices del árbitro. Aduriz no perdonó esta vez. Con ese toquecito picado por el centro que tan bien le sale y que no se atrevió a intentar con Oblak el miércoles, batió a Roberto. El 0-1 animó al Athletic en la misma medida que dejó al Málaga en ese estado paralizante de ansiedad que alcanzan los equipos cuando empiezan a creer en los fantasmas. De este modo, los rojiblancos pudieron firmar veinte primeros minutos notables. El equipo estaba bien puesto y dominaba con autoridad. Vesga y Muniain movían los hilos y daba gusto ver la simetría que aportaba y el desparpajo que mostraba el joven Córdoba por la izquierda. Aunque les faltaba profundidad, los de Ziganda daban un buen nivel, claramente superior al de su rival.

El partido de la Rosaleda no podía ser más prometedor. Lo lógico era pensar que, tarde o temprano, cayera el 0-2 y el Málaga firmase su rendición. La lógica, sin embargo, ya se sabe que no suele ser una compañera estrictamente fiel de los rojiblancos. Sin una razón que lo explicase, el equipo reculó y dio vida al Málaga. El resultado de esta decisión cobardona y temeraria fue que el equipo de Michel comenzó a entonarse. Borja Bastón obligó a lucirse a Kepa con un chutazo en el minuto 26. La jugada fue como un toque de corneta para los andaluces, que se lanzaron al abordaje y acabaron metiendo al Athletic en su área. De hecho, ya sólo pudo salir con peligro una vez más en la primera parte, poco antes de la media hora. Vesga, a pase de Lekue, tuvo en su cabeza el 0-2, pero remató al muñeco.

Lo fácil es culpar a Lekue, pero los errores defensivos en la recta final del partido fueron colectivos

En estas circunstancias, ocurrió lo que era previsible. El Málaga acabó empatando con un golazo de Rolán y el Athletic terminó la primera parte agarrado a Kepa, que salvó un gol cantado de Adrián en el minuto 45. No pintaba muy bien la cosa que se diga en el descanso para los rojiblancos. Había que dar por descontada la acometida rabiosa de los malagueños. Y con esas intenciones salieron antes de que a Kuzmanovic se le cruzaran los cables. Una pérdida suya en el centro del campo provocó el 1-2, obra de Williams a pase de Muniain, y el serbio no pudo reaccionar peor. Reanudado el juego, le pegó un golpe a Córdoba y, cuando fue amonestado por Del Cerro Grande, siguió protestando y se ganó la expulsión. Michel pidió un paquete de cerillas. Para comérselas. El golpe había sido tremendo. Cuando en el minuto 71, la conexión Muniain-Williams volvió a activarse gracias a un regalo de Hernández y el marcador se fue hasta el 1-3, todo lo interpretamos como algo definitivo. Podríamos decir que minusvaloramos el enorme potencial del Athletic como sanador de moribundos. ¡Qué manera de curar a un rival que ya agonizaba! ¡Qué manera de insuflarle oxígeno en los últimos veinte minutos y permitir que Rolán y Baysse empatasen! Siempre positivo, como es su obligación, Ziganda dijo en la sala de prensa que había que aprender de estas cosas. Puede que tenga razón. A muchos, sin embargo, nos quedó la duda de si unas nociones tan básicas del fútbol no deberían estar ya de sobra aprendidas.

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