Los meses perdidos del Athletic

Lo del gafe sólo era una milonga, quedó demostrado ayer: cuando se juega al fútbol mejor que el contrario, lo más lógico es ganar el partido

Los meses perdidos del Athletic
JON RIVAS

Estuve hace unas semanas en el estadio de La Cerámica, no me pregunten por qué, ya que no había partido. Me saqué una foto en el vestuario local, -que es bastante pequeñito-, y otra en el banquillo visitante. Donde anoche se sentaba Muniain, concretamente. No era la primera vez, y como en las anteriores, no me pareció que allí pudiera haber gafe alguno. Por si no lo conocen, el campo está en medio de la ciudad. Si el antiguo San Mamés dicen que no cumplía las normativas de seguridad por la escasa distancia con los edificios de Luis Briñas, qué decir del antes llamado Madrigal.

Pero por dentro es como todos los campos antiguos: está hecho a trozos, según iba creciendo el club, pero el terreno de juego está impecable y tiene las mismas medidas que San Mamés: 105x68, por mucho que el tiro de la cámara de televisión, más bajo que en la Catedral, de otra impresión.

Así que lo del gafe sólo era una milonga. Es cierto que el Athletic había hecho algunos buenos partidos sin premio en Villarreal, pero si echan la vista atrás, recordarán que la mayoría fueron truños infumables en los que ni gafe ni demás tonterías. Quedó demostrado ayer: cuando se juega al fútbol mejor que el contrario, lo más lógico es ganar el partido, aunque se pueda perder; cuando un equipo presiona y es más intenso que el rival, casi todos los balones caen de su lado. Si se dispara a portería con intención diez veces, casi siempre entra alguna.

El Villarreal no pudo con el Athletic porque se encontró un equipo mejor que el suyo, con las pilas puestas por segunda jornada consecutiva; haciendo cosas que no le habíamos visto hacer desde hace muchos meses, y cuando ocurre algo así ante un buen equipo como el submarino amarillo, las sensaciones son contrapuestas: porque los aficionados están orgullosos de su equipo y satisfechos con la victoria, pero a la vez, enfadados por un montón de partidos tirados a la basura, en los que ni el entrenador ni los jugadores estuvieron a su nivel.

¿Qué ha pasado desde septiembre hasta ahora para que en dos semanas en el Athletic se haya dado una transformación estética tan impresionante? Porque si este equipo es capaz de jugar, combinar, presionar y marcar como en el estadio de La Cerámica, ¿por qué no lo hizo antes? En fin, son palabras que se lleva el viento porque lo que sucedió hasta ayer ya no tiene remedio, y el Athletic, pese al optimismo y la euforia que invade a sus aficionados cuando ven cosas así, lo tiene muy complicado para meterse en Europa.

Eso sí, ya lo hemos visto todos: este equipo es capaz, así que habrá que exigírselo cada semana, empezando por el próximo partido contra el Deportivo. Si hasta ahora no lo han hecho, que prolonguen la racha hasta final de temporada, y que Muniain pueda seguir disfrutando de minutos, y emocionándonos con sus goles. El del Madrigal fue el premio al esfuerzo de todos estos meses en los que sufrió y trabajó para regresar de su lesión.

Y por cierto, por mi querencia al ciclismo, no puedo sacarme de la cabeza una reflexión al hilo de lo que sucedió anoche sobre el terreno de juego del Villarreal, y esto no es una acusación sino la constatación de que no todos los deportes son tratados de la misma manera: ¿qué hubiera sucedido si en una carrera ciclista se tienen que retirar dos corredores del mismo equipo por culpa de desvanecimientos y mareos? El domingo murió un ciclista de un paro cardíaco en la París-Roubaix, y ya se empezó a hablar de cosas raras. Pues eso.

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