metamorfosis, paso a paso

Los jugadores del Athletic agradecieron el apoyo a los 300 hinchas desplazados a Lviv y les regalaron las camisetas con las que batieron al Zorya./Ignacio Pérez
Los jugadores del Athletic agradecieron el apoyo a los 300 hinchas desplazados a Lviv y les regalaron las camisetas con las que batieron al Zorya. / Ignacio Pérez
Andoni Ayarza
ANDONI AYARZA

Sería absurdo negar que el juego del equipo sigue lejos del que exhibía aquel Athletic relativamente cercano y altamente competitivo que, más allá de la mayor o menor inspiración puntual con el balón en los pies a lo largo de las muchos duelos que acoge una temporada con tres competiciones en liza, rara vez perdía la sensación de robustez y solvencia táctica colectivas.

Pero, del mismo modo, también sería injusto obviar que, tras el varapalo del inesperado y traumático adiós copero frente al modestísimo conjunto balear del Formentera, unido al pesaroso devenir liguero, las constantes vitales del equipo se habían colocado bajo mínimos y todo parecía apuntar al abismo.

Hoy, tan solo diez días después, entre la inyección de adrenalina en el corazón del meritorio y orgulloso empate frente al galáctico Real Madrid y el ilusionante pasaporte europeo sellado en territorio ucraniano con más oficio que juego, afortunadamente al menos cabe ya una mueca de optimismo de cara al futuro inmediato.

Y las caras de los protagonistas así lo expresaron tras el pitido final bajo el nublado cielo de Lviv, donde el eterno pichichi Aduriz invitó al alivio con su primer gol y otro viejo roquero como Raúl García selló la liberación con su segunda y definitiva diana.

Seguramente, como ratificó el propio técnico rojiblanco ‘Cuco’ Ziganda en sala de prensa, todos nos quitamos un peso de encima. Y más allá de los merecimientos acumulados hasta la fecha -que tampoco han sido muchos a lo largo de la aventura continental- el liderato del grupo nos deja un delicioso premio del que habrá que intentar disfrutar a partir del próximo mes de febrero, cuando regrese la competición con los apasionantes duelos de los dieciseisavos de final.

Toca aprovechar este período invernal para subir en la Liga antes de llegar a la cita europea

Pero esa posibilidad de gozo con mayúsculas solo será factible si la anhelada metamorfosis rojiblanca sigue dando pasos al frente en el campeonato doméstico. Porque con la soga al cuello en la Liga todos los sueños terminan marchitándose. Y sería una auténtica lástima teniendo en cuenta que el bombo de la Europa League bien podría regalarnos un pulso de interés mundial frente a algún rival de prestigio y renombre como el Celtic, el Olympique de Marsella, el Nápoles y el Borussia Dortmund, entre otros nombres.

Por lo tanto, toca aprovechar este período invernal, con desgaste competitivo de siete en siete días -además de unos días de asueto navideño de por medio-, para ascender hasta una zona de confort clasificatorio antes de llegar a esa trascendental cita europea. Y la primera batalla en ese empeño se librará mañana en el Ciutat de València frente a un Levante también necesitado de puntos. Sumar los tres puntos sería consumar el tercer paso al frente consecutivo. O lo que es lo mismo, un aperitivo en el camino de volver a creer.

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